Dark Waters: “que tomen agua contaminada”

[dropcap]A[/dropcap]unque ya debiéramos estar pasmados por las barbaridades que comenten contra el pueblo las industrias, uno vuelve a quedar boquiabierto por la protección que les brindan sus enormes riquezas y políticos y abogados inescrupulosos. Desde Alaska hasta Nueva York, hay pozos y ríos contaminados. La lista de químicos, metales, bacterias y viruses en las aguas de EE.UU. es impresionantemente horrenda, y sus consecuencias, horripilantes. En el caso que ha sido más notable recientemente, el de Flint, Michigan, cuyas aguas se contaminaron con plomo de las viejas tuberías por las que corría el agua, el problema fue, en parte, un accidente. Sin embargo, el gobierno se tardó demasiado en tratar de arreglar la situación.

En el caso del filme que nos ocupa, la situación fue causada directamente por una compañía, cuya avaricia y desfachatez, han contaminado las aguas de Parkersburg, West Virgina y, de ahí, al mundo. La Dupont, un conglomerado industrial que ha existido desde 1802, está situada en ese condado que yace a orillas del río Ohio y el Kanawha. La compañía es uno de los personajes en este buen thriller que destapa sus maniobras deleznables contra las comunidades de la región.

Unos ganaderos se presentan a las oficinas de Taft, Stettinus & Hollister en Cincinnati, Ohio, referidos allí por la abuela del abogado corporativo, Robert Billot (Mark Ruffalo). Le traen una serie de videos que ilustran los casos de muertes (personas y animales) que, sin explicación, han sucedido en la ciudad. Existe el problema que Billot, defiende corporaciones, pero, por cortesía, va y visita al ganadero Wilbur Tennant  (Bill Camp), y lo que ve lo impresiona. Se le han muerto 190 cabezas de ganado y se ha encontrado que tienen tumores, órganos agigantados, y dientes negros.

Las muertes se han precipitado en los últimos tres años y, a pesar de que se ha quejado de que las aguas están contaminadas, veterinarios de la Dupont han achacado las muertes a “pobre nutrición, mal cuido y heno con bacterias”. Al principio, Tom Terp (Tim Robbins) el jefe de Billot solo le permite que lleve un caso de alcance limitado contra Dupont, para que investigue y, si puede, determine si algún químico regulado se ha estado lanzando a los ríos o al aire.

Uno de los abogados de la compañía, Phil Donnelly (Victor Garber), le dice que no sabe nada específico, pero que habrá de colaborar y ayudar, con mucho gusto. Pronto, según Billot comienza a investigar y a encontrase en callejones sin salida, la situación se torna escabrosa y contenciosa. Inevitablemente, involucra a su bufete, donde hay resistencia a hacerle frente al gigante industrial, y visiones encontradas entre algunos de los abogados. Además, Sarah (Anne Hathaway) la esposa de Billot, una abogada que ha decidido dejar la profesión para cuidar a sus hijos, tiene sentimientos encontrados sobre el tema y, en un momento, piensa que, en atacar a Dupont, su marido ha de perder la batalla y tal vez su empleo. Las gentes de Parkersburg, ya la tiene contra él y contra el ganadero Tennant; después de todo, la compañía es el mayor empleador de ese y otros pueblos en West Virginia. Pero se descubre que estos empleados han sucumbido al cáncer, a tumores del riñón, a defectos congénitos, y se han enfermado con una larga lista de condiciones incapacitantes. El culpable parece ser el compuesto PFOA (perfluorooctanoic acid) que Dupont usa en la manufactura de Teflon y que, desde 1961 sabía que era tóxico. Peor, desde 1984, sabía que estaba en los cuerpos de agua de los alrededores que suplían la ciudad.

El filme se va desarrollando teñido de suspenso gracias a la dirección de Todd Haynes y a la edición de Alfonso Gonçalvez, quien usa los flashbacks para enfatizar la capacidad de observación de nuestro héroe abogado, su tenacidad, y la humildad que le permite soportar insultos soslayados o directos de personas que se sienten más poderosas que él.

Esta no es una gran película, pero es una importante. Hay que verla como un recordatorio del desdén que tienen las industrias con el público. Sus eslóganes, que intentan hacerlos ver como movedores del progreso y ayudantes del público que consume o compra sus productos, son una farsa detrás de la cual se esconde su avaricia. El producto de Dupont ha envenenado el mundo entero con su componente más tóxico, que circula por nuestra sangre (lo tiene el ¡99.5% de todos los humanos!).

Es evidente el profundo mensaje que quiere trasmitir el filme. Sabían de sus efectos carcinogénicos y de su capacidad de producir enfermedades, pero entre 1951 y 2003, Dupont descargó a las aguas o al aire 1.7 millones de libras de este tóxico. María Antonieta decía “let then eat cake”. Dupont, los “dumpers “, decían, “que tomen agua contaminada”. Al lado de estos, Monsanto es un bebé travieso. No dejen de ver esta cinta.

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Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).