Desde hace décadas, unas facilidades almacenan desperdicios tóxicos en el sector Sabanetas del Barrio El Maní en Mayagüez, ubicadas a 120 pies de distancia del cauce principal del Río Grande de Añasco en Mayagüez, una zona de densidad poblacional calificada por FEMA como altamente inundable. Las instalaciones antes pertenecieron a la compañía Lilly del Caribe pero desde mediados del 2009 pasaron a manos de la empresa Heritage Environmental Services (HES) que ahora se encarga de mantener los desechos de todas las dependencias de la farmacéutica en la Isla.
El llamado de alerta entre los vecinos del sector surgió porque mientras en el pasado la industria farmacéutica sólo disponía de un espacio para el manejo de sus propios desechos, HES planifica hacer del almacenamiento de sustancias tóxicas su negocio. De hecho, según informaron los líderes comunitarios y ambientales interesados en este asunto, HES está en comunicaciones con la Environmental Protection Agency (EPA) -en sus oficinas en Estados Unidos- donde ha solicitado permisos para recibir más material tóxico proveniente de otros rincones del Caribe. El caso, que la EPA refirió a la filial en San Juan, despertó la preocupación en las comunidades del oeste. Este plan de expansión es conocido por el gobierno, pues la actual administración le concedió un 90 por ciento de exención contributiva a HES. De acuerdo con los vecinos, el plan ya entró en vigor.
“Si permitimos que le otorguen permisos para comenzar a traer (desperdicios) por mar desde países del Caribe se añaden otros riesgos a nuestras aguas y costas y definitivamente convierte a Puerto Rico en un zafacón de tóxicos peligrosos,” dijo Luis Silva, portavoz de Mayagüezanos por la Salud y el Ambiente (MAS). Además, según un análisis de sustancias de la EPA, muchas de las sustancias tratadas son cancerígenas, otras afectan el sistema nervioso y se les asocia con enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer y la hiperactividad, enfermedades cardiovasculares, respiratorias y de la piel entre otras.
La preocupación de las comunidades no es infundada. En su memoria está muy presente el peligro que vivieron cuando las inundaciones causadas por el paso del huracán Georges por la Isla arrastraron hasta la costa 50 drones con contenido tóxico pertenecientes a Lilly. La farmacéutica, que fue multada por la EPA debido a su negligencia, no pudo recuperar todos los drones perdidos.
Por otra parte, los residentes se querellan porque al parecer HES tampoco cuenta con un plan de desalojo de emergencia en caso de un derrame, fuego, explosión o cualquier eventualidad que ponga en riesgo la vida y seguridad de los cientos de personas que habitan las comunidades aledañas y de la periferia.
En su página de internet, HES publicas que el área, conocida como la Finca de Tanques de Almacenaje de Desperdicios Peligrosos, comprende seis tanques con una capacidad de 12,000 galones cada uno y cuatro tanques con una capacidad de 50,000 galones cada uno; y que otra área de Contenedor de Almacenaje de Desperdicios Peligrosos tiene la capacidad de almacenar 50,000 galones.
Recientemente, el conflicto se recrudeció por señalamientos de la comunidad relacionados con tecnicismos en la ley que regula el manejo de materiales nocivos que le permiten a HES almacenar más desperdicios tóxicos sin necesidad de permisos siempre que disponga de ellos en un periodo no mayor de 10 días.
“Si yo tengo un almacén de gandules y habichuelas y llega una inundación y se lo lleva todo lo más que puede pasar es que crezca un arbolito en la costa en el futuro, pero aprobar permisos allí que atentan contra la salud y la vida humana, contra los recursos naturales que le permiten a los ciudadanos tener calidad de vida, eso no”, demandó Julia Mignucci, del MSA. Añadió que: “Toda sustancia que se clasifique tóxica y se movilice en cantidades industriales sin duda es de gran preocupación especialmente si están ubicados en un área de alto riesgo”.
Con motivo de la inquietud que provoca en las comunidades del oeste el creciente almacenamiento de tóxicos y los múltiples riesgos a los que queda expuesta la gente, el pasado jueves, 3 de febrero se dieron cita personal de HES y miembros de la comunidad en una “reunión pública”. Pero según cuenta Mignucci, no se atendió el asunto que los llevó hasta allí. Por el contrario, HES comenzó su participación mostrando material visual sobre logros de la compañía y concluyó con una charla sobre los desperdicios tóxicos e inflamables caseros.
No es la primera vez que HES acude ante los ciudadanos para alegadamente orientarlos sobre este particular. Incluso, esta práctica fue reseñada por la prensa comercial como una campaña ambiental de la corporación entre las comunidades aledañas. Pero lo cierto, según explican los líderes, es que HES está encubriendo el problema potencial de contaminación por aire, tierra y agua que conlleva su industria y “comprando las conciencias” de los habitantes de las comunidades más cercanas a sus facilidades, que son vecindarios de bajos recursos económicos.

