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Ecopsicología: una ciencia en ciernes

10 de diciembre de 2010 by Dalila Rodríguez Saavedra 91 Comments

(Primera parte)

Imágen de siendo-humanos.blogspot.com

El estrés encoge el cerebro. Si bien es cierto que estudios de avanzada realizados durante el siglo pasado revelan que la experiencia humana puede esculpir la estructura anatómica cerebral, que la plasticidad del cerebro es un hecho y que podemos regenerar nuestras neuronas con el paso de los años -según refieren los experimentos neuropsicológicos de Kolb y Whishaw, 1998-, estudios en esta primera década del nuevo siglo refieren al factor estrés como determinante para que estos cambios importantes en la organización del cerebro se logren. Es decir, que nuestro cerebro no es un sistema de cables rígidos, tipo computadora, sino que los circuitos muestran facilidad y ayudan al organismo a adaptarse a su ambiente.

La tesis de que la depresión crónica achica el cerebro, incapacitándolo de ejercer en máxima potencia sus labores se encuentra ganando aceptación al tiempo que avanzan los estudios en esa dirección. La escritora y profesora estadounidense Priscilla Long, en su escrito «My Brain On My Mind», publicado por la revista The American Scholar (otoño, 2010), que la ansiedad y la depresión -aliados del estrés crónico- reducen la cantidad de dendritas -partes de la neurona que se especializan en recibir la información- y en ocasiones aniquilan las neuronas ubicadas en el hipocampo -parte del sistema límbico que interviene en el aprendizaje y la memoria.

En momentos de estrés el hipotálamo -sistema que controla gran parte del sistema nervioso y endocrino- envía señales a las glándulas suprarrenales (o adrenales) y éstas a su vez activan el transporte de los glucocorticoides, como el cortisol, conocido como la hormona del estrés cuyas funciones anabólicas descargan la adrenalina,  preparándote para ser un superhéroe y patear traseros por momentos o salir huyendo por tu vida. Cuando la emergencia cesa el cortisol disminuye, un proceso bastante mecanizado y natural. En cambio cuando se padece de estrés crónico ese fluido de cortisol no amaina y ahoga paulatinamente el hipocampo, matando las neuronas.

"...la ansiedad y la depresión -aliados del estrés crónico- reducen la cantidad de dendritas -partes de la neurona que se especializan en recibir la información"

Pero hay más. El cerebro produce una proteína conocida como BDNF que protege las neuronas de los embates antes mencionados. La BDNF descubierta en 1951 por Rita Levi-Montalcini son moléculas que modulan los procesos del desarrollo neuronal, y que también son asociadas a la depresión, la epilepsia, el alzheimer y otras enfermedades neurodegenerativas. Por eso se piensa que vivir con estrés crónico puede reprimir el gen que potencia la segregación del BDNF, con lo cual las neuronas del hipocampo sedientas y necesitadas del nutriente se van resistiendo a sus funciones, se encogen y en muchos casos mueren.

De acuerdo con las bases neurocientíficas reseñadas en Psicofarmacología esencial, de Stephen Stahl (2010) que detalla los avances clínicos en la terapia antipsicótica y antidepresiva, concluye que los experimentos realizados con animales sometidos a estrés, los cuales producen alteraciones físicas o psíquicas degeneran el BDNF. Lo que prueba que sí ocurre pérdida de sinapsis y de neuronas, además de un listado extenso de síntomas físicos y cambios de comportamiento.

Pero que esto no te angustie porque es posible revertir los efectos negativos del estrés. Se ha probado que el ejercicio físico, además de liberarte del estrés, estimula el crecimiento de las moléculas de BDNF, según demostró el biólogo molecular John Medina, autor de Brain Rules (2008). Así que no postergues la salida a pasear, a caminar en lugares al aire libre. No te pongas tenso/a por cada tontería y deja de imaginarte lo peor.

La Ecopsicología como alternativa para estrés y mucho más.

"La ecopsicología pretende despertar en la persona la noción de que es parte de su hábitat y lograr de esta manera que asuma responsabilidad por lo que sucede a su alrededor."

Desde el periodo de la Ilustración la civilización tecnológica asumió la clara división entre lo que ocurre en el ‘exterior’, en la naturaleza material de las cosas, y lo relacionado al ‘interior’, el mundo que llevamos dentro de nuestra cabeza, que está dirigido principalmente por procesos mentales y emocionales. Tanto en Europa como en Norteamérica se ha vivido con este paradigma, con esta premisa binaria por varios siglos. De hecho, ha sido el postulado estrella del pensamiento occidental. Es muy conocido que la ciencia ecológica estudia el reino externo de las cosas, mientras que la psicología pondera lo que sucede en el reino interior de nuestra psiquis.

La ecopsicología, como sugiere su nombre, es la novel disciplina que enlaza las ecología con la psicología. Es la simbiosis de la mente y la materia; de lo que está afuera en el medioambiente natural y el conjunto de actos y funciones de la mente. A través de este junte se han explorado resultados que si bien son recogidos en el acervo cultural y filosófico de civilizaciones pretéritas, recién comienzan a impactar la incrédula y testaruda convención científica.

Además de proponer una formulación teórica, la ecopsicología pretende despertar en la persona la noción de que es parte de su hábitat y lograr de esta manera que asuma responsabilidad por lo que sucede a su alrededor. Los principios básicos de la psicología y la ecología ofrecen una innovadora alternativa de análisis y entendimiento de la dinámica actual entre el ser humano y el planeta.

La depresión y su relación con la inmersión tecnológica

Al hablar de la dinámica contemporánea global es innegable remitirnos al estrecho vínculo entre la tecnología o al conjunto total del media y los seres humanos.

Algunos científicos de la Universidad de California sostuvieron que el estadounidense promedio consume 34 gigabytes de información por día. Otro estudio presentado por la la fundación sin fines de lucro Familia Keiser -dedicada al estudio de políticas de salud pública- recoge conclusiones similares: personas entre 8 a 18 años consumen un promedio de siete horas y media en el media. Ese mismo estudio reveló, además, que los consumidores mediatizados son más propensos a sentirse tristes o infelices.

Micah White uno de los editores de la revista canadiense Adbusters: Journal of the Mental Environment,( mayo-junio, 2010) entrevistó a “luminarias de la era digital, ecopsicólogos y filósofos”. Algunas de sus preguntas fueron: ¿de qué manera la inmersión en la tecnología digital ha cambiado a los seres humanos individual y culturalmente? ¿existe alguna conexión entre la veloz desolación del medioambiente físico y el atracción acrecentada constantemente por el mundo artificial y mediatizado en que vivimos? ¿cuáles serán las consecuencias del desprecio de nuestra especie por la naturaleza a favor de vivir mediatizados?

Como observamos, las interrogantes de White parten de una visión sistémica del mundo actual y se basan en planteamientos que la ecopsicología también se propone resolver para restaurar el bienestar integral del ser humano a través de la reconexión con la naturaleza. Son cuestiones que han sido tradicionalmente atendidas por la filosofía, economía, biología, teología e historia.

Sven Birkerts, autor de The Gutenberg Elegies: The Fate of Reading in an Electronic Age (1994), argumenta que la iniciativa de los individuos como colectivo va a disminuir. Él vislumbra la potencia del intercambio simbólico en un mayor grado; lo que antes se conocía como el conocimiento basado en hechos será suplantado por “modos virtuales y recursos prostéticos”. El subjetivismo individual, estandarte de grandes ideales aclamados décadas atrás se debilitará y poco a poco se extinguirá, según dicta Birkerts. Los seres humanos seremos, cada vez más, parte de un colectivo electrónico y nuestra identidad se verá enaltecida sólo en el complejo y desparramado plano virtual.

El autor de Radical Ecopsychology: Psychology in the Service of Life (2002), Andy Fisher considera que existe una ineludible conexión entre el desarrollo del niño -más adelante el adulto- saludable que juega con y en la naturaleza. A contrapelo con los niños cuyo sustento psicológico está marcado por los videojuegos. “En esencia, el cuerpo teórico de la ecopsicología expresa que cuando un niño es alimentado con una dieta de videojuegos en vez de con insectos y sapos de verdad se le está privando de nutrientes esenciales para su desarrollo psicológico y espiritual”. Según Fisher la inadaptabilidad social y las depresiones recurrentes serán algunos de los problemas que estos niños tenderán a sufrir.

“Nos volveremos más predecibles, numéricos y con el riesgo de que nuestra comunicación se torne pobre. Seremos pensadores superficiales, incapaces de crear o contemplar los sentidos más profundos de la vida”. De esa manera, Maggie Jackson resume el resultado de la inmersión tecnológica y su relación operante en nuestra cultura, “preocupa el hecho de que se secarán nuestra vida interior, la habilidad para imaginar, soñar despiertos, luchar con un problema e intuir”, lamenta la autora de Distracted: The Erosion of Attention and the Coming Dark Age (2008).

El afamado autor de Fantasy Freaks and Gaming Geeks: An Epic Quest for Reality Among Role Players, Online Gamers and Other Dwellers of Imaginary Realms, Ethan Gilsdorf, problematiza la relación entre la destrucción medioambiental y la creación de mundos artificiales preguntándose qué precede a cuál. ¿Acaso la destrucción de la naturaleza fue determinante para que los desarrolladores de juegos y genios de efectos especiales desearan crear nuevos y fantásticos mundos? O ¿el aumento y sofisticación del imaginario visual de la realidad virtual y el aumento de tal realidad ha sido la causa del menosprecio por la naturaleza y la palpable destrucción de ella?

La ironía de todo el asunto es que la más nítida y avanzada tecnología está siendo utilizada para crear mediombientes pastorales y bucólicos como el shire donde vivían los hobbits en El señor de los anillos. Tanto la bucólica aldea de Avatar como los proyectos de Peter Jackson parecen no haber sido tocado por las “sucias manos de la humanidad”, indicó Gildsford.

Nature VS. Technology, por Paskoff

¿Cuáles serán las consecuencias de suplantar lo natural por lo virtual? Tal vez correr el riesgo de devaluar la experiencia interactiva auténtica de nuestro cuerpo en contacto con el suelo, el viento, la tierra y la gravedad por la falsa seguridad y placer de estar tecleando en solitario frente a nuestra computadora.

Otra consecuencia de la inmersión tecnológica es la dependencia que genera y la consecuente ansiedad que nos llevará al estrés crónico. Una ansiedad, que según Birkerts, crea un círculo vicioso porque “el único consuelo para retomar la independencia del ser (además de las píldoras para dormir y sesiones de terapia intensiva) será lanzarse con mayor entrega a la distracción que constituye la raíz de nuestra angustia”.

Por su parte Fisher opina que es irreal pensar que podremos abandonar la vida en la naturaleza. “Prefiero prestar atención a los pensadores de las disciplinas de educación ambiental, ecopsicología y ecología social que están tratando de hacer un llamado proactivo hacia la sanidad de la Tierra”.

"The world is mine" por Patrycjanna

Hay varios esfuerzos y modalidades en esa dirección. Es necesario admitir y entender  que nuestras enfermedades físicas, espirituales y ecológicas tienen una relación directa con nuestro actual momento histórico. En ese sentido los movimientos a favor de la alimentación local y la orgánica frente a la agricultura industrial es una buena señal de que algo esperanzador se aproxima.

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Dalila Rodríguez Saavedra
Dalila Rodríguez Saavedra
Egresada de la UPRRP y la Universidad de Barcelona, programa BCNY. La mayor parte de su trayectoria ha ejercido como periodista autónoma y columnista para diversos medios noticiosos nacionales e internacionales. Publicó con Terranova Editores la crónica Turquía (2014).
Posted in: Columnas Tagged: ciencia, ecopsicologia, estrés, mente

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