El trabajo más difícil del mundo

madre guayasamin

Oswaldo Guayasamin – «Madre y niño», 1989.

[dc]D[/dc]esde hace varias semanas circula en Internet (con matices virales) un video en el que se simula una entrevista de trabajo para un supuesto “Director de Operaciones”. Los candidatos quedan atónitos, estupefactos y hasta “estupi-anonadados”, cuando el entrevistador enumera las características del puesto: constantemente de pie y en movilidad permanente, alto nivel de aguante, 135 horas a la semana (rectificado después por un 24/7), ambiente caótico, sin vacaciones, ni siquiera en Acción de Gracias, Navidad y Año nuevo (fechas en que el trabajo es mucho mayor) y cero salario, o sea trabajo completamente gratuito.

Cuando los candidatos llegan al clímax de la incredulidad y el cuestionamiento, el entrevistador cierra con broche de oro planteando que el puesto actualmente está ocupado y que además hay billones de personas en el mundo que lo ejercen y aclara que se trata de: las madres. El final muestra a los ingenuos candidatos reaccionando emocionados (y hasta varias lágrimas se derraman) ante la contundencia de lo que hacen las titulares de ese puesto de trabajo.

A continuación narro, tomando como ejemplo a una persona, algunas anécdotas de las muchas (¡cientos-miles-millones!) que se pudieran compilar y compartir sobre ese tema y particularmente sobre esas “Directoras de Operaciones”.

Conozco a una señora de 81 años que dedicó su vida a la familia, que cuidó con esmero y total devoción en hospitales y lechos de enfermo/muerte a su madre, a varios de sus hermanos, a su esposo y a varias amistades, que viajaba cada semana en transporte público, desde la ciudad hasta el campo, por más de 40 millas (de ellas dos ó tres caminando) y limpiaba baños voluntariamente en una escuela secundaria, para poder compartir por 10-15 minutos con su hijo que allí estudiaba de manera interna.

Durante varios años esa señora pocas veces se sentaba a almorzar o cenar con la familia, pues como la comida en muchas ocasiones no era suficiente, ella esperaba a que sus hijos saciaran su hambre de jóvenes adolescentes y “si quedaba algo” entonces se servía.

La misma señora, habiendo cursado en la década del 40 del siglo XX solamente hasta el octavo grado de la enseñanza formal, se las arregló para adquirir una excelente ortografía, que trasmitió a sus hijos en intensas jornadas diarias de estudio y que cimentaron las bases de esa importante herramienta de comunicación para el futuro. Además, con más de 70 años, y en una magistral lección de perseverancia y ejemplo para sus hijos y nietos, asistió a cursos universitarios para la tercera edad, de los cuales egresó satisfactoriamente.

Su sabiduría ha sido tal que muchas personas de la familia, de la vecindad y otras conocidas, la han buscado durante años para contarles sus problemas, pedirle consejos o simplemente nutrirse de esa savia que humildemente y sin pretensiones de ninguna índole, comparte con quienes se le acercan. Su trabajo familiar y con las amistades en temas como honestidad, ética, religión, espiritualidad, perdón, disciplina, compromiso, perseverancia, entre muchos otros, ha sido intenso y permanente predicando, primero que todo, con el ejemplo personal.

Vayan, desde estas anotaciones y anécdotas, mi más sentido homenaje, felicitación y agradecimiento a todas esas “Directoras de Operaciones”, fundamentalmente de nuestras operaciones personales, nuestro crecimiento, nuestro bienestar, nuestra felicidad, a: NUESTRAS MADRES, en el mes en que se celebra lo que se materializa durante los 365 días del año: el trabajo más completo, desinteresado y gratificante del mundo.

Sirva además de pretexto, para mi primer mes de mayo sin la presencia física de mi madre quien desde el pasado 16 de marzo me acompaña, sin que todavía yo lo pueda asimilar completamente, desde la dimensión espiritual que ella misma me inculcó, mostró y practicó, con los ejemplos mencionados en los párrafos anteriores y muchos otros, lo cual me permite seguir adelante rindiéndole, junto a los millones de otras madres, homenajes diarios y algunos especiales, como este…

Víctor Manuel García Suárez
Doctor en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de La Habana, homologado como Ph.D. en Estados Unidos. Ha sido profesor en 18 universidades de Ecuador, Estados Unidos, Cuba, México y Puerto Rico; autor de una docena de artículos científicos y un libro; así como de más de 210 ensayos publicados en Ecuador, Cuba y Puerto Rico. Ponente en más de 35 eventos internacionales. Fue Decano de la Facultad de Comunicación de la Universidad Espíritu Santo, en Ecuador, Vicerrector de Desarrollo de Profesores y Director del Departamento de Comunicaciones de la Universidad del Turabo, en Puerto Rico, donde es Catedrático Asociado. Ha recibido reconocimientos profesionales en varios países. Nunca trabaja porque se dedica a lo que ama: la universidad y las comunicaciones.