Emma: intrigas amorosas

[dropcap]H[/dropcap]ay pocas dudas de que Jane Austen es una de las grandes novelistas de la historia. Sus seis novelas retratan la vida de los terratenientes ricos de finales del siglo XVIII y principios del XIX, y existen como notas antropológicas –muchas veces cómicas– de las vicisitudes de la mujer joven rica o de la alta burguesía de la época. Es curioso que los modales de esas clases eran parte de unas idiosincrasias sociales que determinaban con quién se casaban las mujeres jóvenes. Emma (Anya Taylor-Joy), de descendencia impecable, rica, inteligente y bonita, a los 21 años es una intrigante amorosa de altos quilates. Sus intrigas han resultado en matrimonios en el que destaca la de su institutriz, quien se ha llevado a Mr. Weston (Rupert Graves), uno de los ricos del vecindario. ¿Qué hacer?, se pregunta la joven. Y se lanza a una tarea que incluye a varios jóvenes que son buenos partidos y a su nueva amistad, Harriet (Mia Goth).

Emma vive con su padre, Mr. Woodhouse (el incomparable, Bill Nighy), en una mansión que tiene de vecina la de George Knightley (John Flynn), quien es cuñado de Emma (su hermana está casada con el hermano de él). La mansión de Knightley es más suntuosa que la de los Woodhouse, pero él no hace mucho alarde de sus riquezas y –horror para sus vecinos– ¡va a pie a las funciones sociales en vez de ir en uno de sus carruajes! Pasa mucho tiempo en la casa de su cuñada y es el único que le rebate posiciones y argumentos y critica las intrigas de Emma. Es evidente que el padre de Emma lo aprecia, no solo porque es de su clase y es “familia”, sino porque es mayor que Emma y capaz de hacerle frente.

De todos modos, Emma se da a sus inclinaciones de Celestina. Su influencia sobre los vecinos es evidente, pues piensan que sus habilidades casamenteras son visionarias. Pero, como suele suceder con cosas del amor, estas se complican cuando aparece Frank Churchill (Callum Turner), el hijo de Mr. Weston, de quien mucho se habla y poco se sabe. Es apuesto y se espera que herede una fortuna. Las intrigas y los secretos comienzan a enmarañar la trama y tal parece que vamos a entrar en un misterio de Agatha Christie.

Autumn de Wilde hace su debut directoral con este filme hermoso, promedio pero, en muchas partes, divertido. Es esa primera característica lo que cautiva. Junto al camarógrafo Christopher Blauvelt, la cineasta recrea los destalles de la vida de esa clase ociosa con una precisión y una belleza que asombra. Llama la atención, como es el caso en las novelas, que todos en la familia Woodhouse leen. Lo hacen a la luz de (por supuesto) de velas (enfatiza el esfuerzo), pero el detalle revela la inquietud intelectual de personas que vivían de la producción de sus tierras y posesiones y que, básicamente, eran explotadores que casi rayaban en ser esclavistas. ¿Leerían a Thomas Paine o a Rousseau? De Wilde (y Austen) nos hace ver que tal vez sí, pues Knightley reconoce que el hombre trabajador que se ha levantado tiene tanto mérito o más que el heredero a quien todo se lo han dado y su lugar social es adquirido sin ningún esfuerzo.

La guionista Eleanor Catton ha logrado una adaptación estupenda de la novela, pero, a veces, le falta la chispa para que nos sumerjamos en las intrigas amorosas. Creo que un poco más de agilidad en el desarrollo de la historia, aunque distanciara un tanto el guion de la novela, hubiera, señalado más intensamente la frivolidad y la presunción de Emma en sus reclamos de conocedora del corazón de las gentes, sin serle infiel a la intención crítica de Austen. Sí hay una escena maravillosa en la que Emma humilla a Miss Bates (Miranda Hart) en la que las dos actrices y los que la rodean logran ese fenómeno de los actores ingleses de ser parte integral del momento, aunque ni tan siquiera emitan una palabra.

Haber escogido a Anya Taylor-Joy para interpretar a Emma es un logro. La actriz parece haber emergido de uno de los cuadros de la época, digamos de George Romney, y lleva los vestidos del periodo de la Regencia como si su personaje hubiese lanzado la moda del corpiño ajustado y la cintura alta. Su presencia le da un sello de autenticidad a la película.

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Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).