
Su historia refiere a paisajes físicos y sobre todo a paisajes sociales que transformaron los perfiles urbanos de las ciudades más importantes de Puerto Rico. En la década de 1880 en la capital (que retenía su carácter militar primario) escaseaban los lugares de ocio y los ciudadanos estaban ávidos de distracción en una ciudad triste y gris, como describían a San Juan los ponceños. Ya no bastaban las retretas, los recorridos por el Paseo de Puerta de Tierra o los bailes en tiempos de carnaval. Pero no sólo eran los capitalinos los que ansiaban ampliar sus opciones de diversión y -digámoslo francamente- de inversión y especulación. También otras ciudades del país aspiraban a lo mismo.
Arrancan los hipódromos en Puerto Rico
Sabemos que las carreras de caballos fueron un entretenimiento ancestral en la isla desde inicios de la colonización española pero el concepto de hipódromo de fines del siglo 19 es un proceso cualitativamente distinto. Los contextos de modernización, la circulación de revistas ilustradas y los reclamos por actividades de ocio en las ciudades, entre otros, convergieron en 1882 cuando se inauguraron oficialmente tres hipódromos: el primero en Ponce en el mes de junio, el siguiente en San Germán (también en junio) y el tercero en Mayagüez en agosto o septiembre. Sus respectivas inauguraciones fueron reseñadas profusamente por la prensa. Todos antecedieron al primero en San Juan.
Hipódromo de Ponce (1882)
El Boletín Mercantil del 17 de mayo de 1882 publicó la siguiente noticia: Hemos recibido el reglamento del Hipódromo y los programas de las corridas de caballos que tendrán lugar en los días 2, 9 y 16 de junio venidero. En la nota se menciona que habría orquesta y se venderían fotografías del evento.
Ponce sin fiesta, no era Ponce. Sin embargo, no encontré las fotografías anunciadas. Espero que alguien las haya guardado y que las pongan a disposición de todos; son importantes para la historia del hipismo en el país y para la historia de una ciudad que se preciaba de cosmopolita. En la edición del 23 de junio el mismo periódico reseñó las segundas corridas del hipódromo de Ponce.
No hay duda, el primer hipódromo de Puerto Rico estuvo en Ponce. Estuvo localizado en el camino a la Marina (hoy avenida Hostos) que conducía al puerto, por donde se embarcaba el café y el azúcar y se recibían las mercancías de Europa y Estados Unidos.
Gran Feria Exposición de Ponce
Ese primer hipódromo fue uno de los lugares más frecuentados en la Gran Feria Exposición de Ponce celebrada entre los días 1 al 16 de julio de 1882. En el día octavo de la feria a las ocho de la noche hubo fuegos artificiales amenizados por una orquesta y cuya entrada al establecimiento [hipódromo] fue gratis para el público.[2] Al próximo día a las 4:30 de la tarde hubo concursos y carreras en el hipódromo. El día 15 se usó el hipódromo para un concurso de ganados. En ese momento el hipódromo y sus instalaciones proveyeron un espacio apropiado para mostrar al público el mejoramiento de las razas del ganado caballar en Puerto Rico.
Las corridas de caballos, en el espacioso hipódromo, que una sociedad particular construyó en el camino a la Marina, atraían una concurrencia extraordinaria, de suerte que ni por un momento, decayó en general el entusiasmo con que forasteros y vecinos se empeñaron en animar estas fiestas.[3]
Diez años más tarde, en 1892, se concretó un nuevo proyecto y se inauguró la segunda versión del hipódromo ponceño. Incluyo el plano del nuevo hipódromo que encontré en el Archivo Municipal de Ponce. Allí está el expediente completo del proyecto firmado por el ingeniero Francisco Valls en octubre de 1892. Si miran con atención la imagen –que mejoré digitalmente– el ingeniero ilustra secciones de las gradas y palcos y, desde luego, la pista. También se delinea el río Portugués y la carretera.

En su edición del 8 de noviembre del 1892, el periódico La Democracia publicó una crónica de la inauguración del segundo hipódromo ponceño. Describe con detalle el ambiente de fiesta y narra cada una de las carreras.

Dos meses después se reseñan carreras de distancia y el trote en coche en el hipódromo ponceño.

Hipódromo de San Germán (1882)
Otro hipódromo vio la luz ese mismo año: Se ha construido en San Germán un hipódromo, y hay en la culta ciudad mucha animación a consecuencia de este acontecimiento. Que dure mucho el hipódromo es nuestro deseo.[4] ¿Qué quiso decir ese periodista con este comentario?
Caben señalar que en las reseñas de la época abundan los adjetivos de cultos, aristocráticos o distinguidos para describir los hipódromos y sus asistentes. En ese mismo mes de julio de 1882 el Boletín Mercantil, reseñó sus reglamentos, los programas de carreras en los que figuran caballos de Ponce, Mayagüez, Sabana Grande, Yauco y Cabo Rojo. Queda claro que el de San Germán servía a un público regional.
Durante varios días de julio de 1882 el Boletín Mercantil publicó el anuncio de la inauguración del hipódromo sangermeño. Se inauguró con tres días de carreras 25, 28 y 30 de julio de 1882. Me gustan mucho los apelativos a las categorías de carreras incluidas: andadura y escape, bellas formas y paso fino. No solo de velocidad trataban los hipódromos. Ya estaban definidos los términos paso fino y bellas formas Eran categorías de competencia.

Aurelio Tió publicó en el Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Historia (1985) que ese hipódromo estaba localizado en el extremo este de la calle Luna de San Germán a Sabana Grande, cerca de donde hoy está el edificio de correo. Este hipódromo operó hasta el año 1885…Otro hipódromo se inauguró a principios de 1908 y operó hasta el 1914. En el barrio Guamá, en terrenos de la hacienda Buena Unión de Pedro Acosta Forés a unos tres kilómetros y medio al sudeste de San Germán.[5]
La prensa reseñó la inauguración de este segundo hipódromo cuyo presidente era Ulises López como una crónica de viajes. El Grand Stand se llenó con más de 3,000 personas provenientes de todas partes de la isla, incluido el gobernador Regis H. Post y desde luego el alcalde Ulises Gregory. Mucho público llegó de todas partes en trenes especiales. Hubo discursos, fiestas y en la noche un gran baile en el Casino donde un divino ramillete de señoritas estuvo presente. Las modas – como no podía faltar- también salieron a relucir. El hotel Francés de San Germán de la señora viuda de Álvarez alojó muchos de los visitantes.
El hipódromo está situado a la salida sur de la población y dirección a la carretera de Sabana Grande. La pista tiene 750 metros y las gradas, palcos y cuerpo principal del edificio está muy bien construido… El palco estaba coocurrido por bellísimas damas y sportsmen…[6] En la quinta carrera, la más esperada, corrió el famoso ejemplar Perla Fina de Ponce y rompió su récord de velocidad.
La fotografía panorámica, hecha y anotada por el teniente William Armstrong en 1910 en su extraordinario trabajo cartográfico de Puerto Rico, muestra el hipódromo de San Germán con lujo de detalles. Se trata del hipódromo inaugurado en febrero de 1908.
En esta foto se ve claramente la pista de media milla de largo, y sus elegantes gradas. Estaba localizado entre el río Guanajibo al fondo, y la carretera y la vía del tren a Sábana Grande. Para los historiadores del hipismo, y para los que estudiamos las historias del paisaje, esta foto es un tesoro. Muestra el valle inundable del río sembrado de caña y pastos. Armstrong nos legó ese paisaje de ensueño que muchos teóricos catalogarían como un paisaje pintoresco.

Hipódromo de Mayagüez (1882)
El mismo año (1882) de la inauguración de los hipódromos de Ponce y San Germán se inauguró el tercero de la isla en Mayagüez. De este hipódromo he encontrado poca información documental. Pero sí una foto tomada por el mismo teniente William Armstrong fechada en 1910.
Hasta ahora solo tengo noticias de que en agosto de 1882 hubo dos propuestas o proyectos para el hipódromo de la ciudad. Se nombró una comisión para entender en la construcción del hipódromo.[7] Una semana más tarde el mismo periódico anunció (con una acotación interesante en inglés): El hipódromo empezará a construirse pronto, pues la comisión y subcomisiones nombradas saben que “time is money” y que las hormigas se preparan con tiempo en el verano para estar listas en invierno.[8] Los hipódromos eran también, como hoy, un asunto de dinero y de imaginarios culturales capitalistas.

Hipismo sanjuanero
La capital tardó cinco años más en tener un hipódromo. Pienso que una historia del urbanismo de San Juan con enfoque alternativo podría narrarse siguiendo el traslado de sus hipódromos desde Miramar hasta Canóvanas. Acá entre nosotros, yo me quedo con los tres hipódromos de Hato Rey.
El primer hipódromo de la Capital se ubicó en 1887 en lo alto de la loma llamada El Olimpo en Miramar. El hipódromo de la Capital se construye en el sitio denominado el “Olimpo” sobre un plano inclinado, siendo su pista… de doce metros de ancho por ochocientos a mil de largo, su forma elíptica… las tribunas estarán colocadas en la parte alta…[9]

Ese mismo día se subastaron las concesiones para las cantinas del establecimiento. Yo he escudriñado la historia de la capital por muchos años, y sin embargo desconocía la ubicación de ese primer hipódromo. No se quién lo diseñó, tampoco aparece en ningún mapa de la época. Tampoco he encontrado fotografías de este primer hipódromo.
Había llegado un nuevo siglo y un nuevo dominio colonial. Los públicos puertorriqueños seguían lo que ocurría en los hipódromos de los Estados Unidos, la metrópolis desde 1898. Dos hipódromos están ligados a mi historia: Belmont en Nueva York, y Saratoga en Nueva Jersey.
El hipódromo de Saratoga en Nueva Jersey se ubicaba en el famoso balneario de aguas termales al que la prensa puertorriqueña ponía especial atención entre noticias del corazón y chismes de juegos ilícitos. Por su parte, el periódico La Correspondencia publicó en mayo de 1905 la reapertura del nuevo hipódromo de Belmont en Nueva York.

No es casualidad que ese mismo año se discutió en la casa de Federico Calaf, uno de los más acaudalados miembros de la sacarocracia del norte de Puerto Rico, la creación de un nuevo hipódromo en San Juan. En octubre de 1905, La Correspondencia reseñó la constitución de una sociedad con capital suficiente para la construcción de un hipódromo sanjuanero. Entre los accionistas estaban Federico Calaf, Luis Toro, Mr. Duval, Mr. Denton, hermanos Noble, el ingeniero del Valle Zeno, señor Escudero, Álvarez Torres y Mr. Cosie. Un sport de esa naturaleza tenía que haber encontrado entre las personas cultas una acogida entusiasta.[10]
El asunto se manejó entre gente pudiente. La inversión para una iniciativa de esa naturaleza requería adquirir una gran finca y mucho dinero para diseñar, construir y mantener unas instalaciones complejas. Además, se requería garantizar un acceso seguro y eficiente para un gran público en momentos cuando arribaban los primeros automóviles a la isla y pocos contaban con la novedad.
La burguesía cañera entendía para dónde corrían los vientos y diversificaba su cartera de bienes. Se aseguraron de que el nuevo hipódromo tuviese acceso asequible en trolley.

Se trataba de un negocio moderno en donde los socios invertían en una sociedad anónima para recaudar el capital. De la reunión en casa del potentado Federico Calaf surgió la idea de que el nuevo hipódromo se construyera en Hato Rey. Allí había fincas disponibles y accesos garantizados. Frente a la parada 33 de Hato Rey, se construirá el hipódromo, a la izquierda de la carretera. Algunas personas creen que hubiera sido más conveniente para el público, que asiste a dicho espectáculo, el haber hecho la pista en Santurce, pues así costaría el viaje la mitad de precio, que costará hoy. El presupuesto de las obras monta a $8,000 dollars y se cree que en enero tendrá efecto la inauguración.[11]

El debate estaba servido. Otros intereses habían entrado al ruedo.
Por el mismo periódico supe que el proyecto escogido al fin y a la postre fue el de la parada 20 en Santurce en los terrenos del terrateniente Avelino Vicente. Este señor donó el terreno, las instalaciones y el acceso desde una improvisada estación de tren. El hipódromo lo diseñó el ingeniero Rafael del Valle Zeno, renombrado ingeniero afrancesado. Se inauguró en febrero de 1906. El hipódromo en Hato Rey tuvo que esperar hasta 1922 para comenzar a construirse en el sector denominado Quintana. Sus directores fueron: Deogracias Viera, un acaudalado agricultor de Río Piedras (más tarde residente en Floral Park), dueño de la gran finca Quintana, y el abogado Adolfo Nones Padró. La corporación se llamó Hato Rey Racing and Jockey Club.
El establecimiento del segundo hipódromo capitalino en la parada 20 de Santurce fue mucho más renombrado y reseñado en los periódicos que el primero de 1887. Se inauguró el domingo 6 de mayo de 1906. La Democracia, que se editaba en Ponce, resaltó el evento como un gran triunfo para Ponce y La Correspondencia, que se editaba en San Juan, no tuvo más remedio que resaltar el desempeño ponceño. Y es que los caballos de la ciudad del sur ganaron la mayor parte de las carreras. Está claro que, una vez establecido el hipódromo en San Juan, los eventos que enfrentaran a caballos de Ponce y la Capital serían los que atraerían las mayores audiencias y las apuestas más robustas. La rivalidad ancestral entre ambas ciudades se reproducía en las pistas, especialmente cuando participaba el legendario ejemplar Perla Fina cuya foto aparece en la edición inaugural de La Democracia.


Las reseñas periodísticas no dejan lugar a dudas: Los hipódromos de Ponce y San Juan rivalizaron siempre como ocurría en política, economía y cultura urbana. Ambos monopolizaban la atención de las apuestas, las controversias y los fanáticos.

http://archimages.uprrp.edu/items/show/212.
/ Hipódromo de San Juan 1913, UPR.
Los domingos, al hipódromo
Asistir los domingos a las carreras era un asunto de prestigio. Los hipódromos eran lugares simbólicos de imagen que acogían eventos y experiencias sociales que luego formaban parte de la crónica social de periódicos y revistas.
No hay más que ver los atuendos de las personas a la entrada del hipódromo de San Juan publicado en la portada de las revistas Puerto Rico Ilustrado u 8 de junio de 1911 o de El Gráfico del 25 de enero de 1912. Parecería que se trataba del hipódromo Longchamps en París. Con una diferencia, los hombres no lucían chisteras negras sino sombreros pra-prá, más adecuados al trópico.
Mujeres, hombres y niños vestidos a la última moda eran miembros conspicuos de la aristocracia criolla. La popularización de los hipódromos vendría mucho más tarde como ha expresado Walter R. Bonilla Carlo. Las personas de la foto que les incluyo eran representantes de la clase dominante capitalina. En el 1912, año de la foto, una epidemia de peste bubónica azotaba a San Juan, pero a ellos parecía importarles poco.

Puestas en escena: carreras de caballos y de modas
Si se examina la prensa de los comienzos de los hipódromos en la isla, tal pareciera que eran las hermosas damitas las que iban los domingos para competir. Y es que también fue así. Dejando por un rato los interiores domésticos, las mujeres reclamaban lugares donde mirar y ser vistas. En el mundo de la mujer, –y también de los hombres–, durante el cambio de los siglos 19 al 20 los hipódromos se convirtieron en lugares para lucir lo último en la moda que reproducían revistas ilustradas como La Ilustración Española, en especial los indispensables sombreros de damas (una pieza que formó parte del ajuar femenino hasta bien entrado el siglo 20).
Ya en un artículo en Puerto Rico Ilustrado (en su primera época) escrito por M. Molins en 1887 revela un ángulo femenino en el proyecto de construcción del primer hipódromo para San Juan. Tal acontece actualmente en Puerto Rico [San Juan], con la construcción de un hipódromo que sea el sitio destinado para lucir sus galas y hermosura las bellas puertorriqueñas a la par que el punto de partida para la mejora y regeneración del caballo, ser de mucha estima y suma utilidad… Que el hipódromo es el punto de reunión, y el sitio de sport para la sociedad elegante en todos los pueblos, todos lo saben… El autor terminaba su artículo afirmando: El camino está trazado… Ayuden todos para que pronto podamos admirar la belleza de las puertorriqueñas en las tribunas del gran circo del siglo 19.[12]
Salvando las diferencias, los puertorriqueños, y sobre todo las puertorriqueñas con medios económicos y exposición a la cultura internacional, no estaban tan ajenas a lo que ocurría en Nueva York, Paris, Londres, Madrid, o Buenos Aires. Además de mejorar la raza caballar, los hipódromos eran escaparates para ostentar. Hubo tiendas como el Paris Bazar que hacían disponibles lo último en trajes, zapatos, y sombreros para damas, traídos directamente de París. Su dueño era un corso llamado Pedro Giusti y residía en Hato Rey.
Se vivía un afrancesamiento en los gustos. París era la ciudad que dictaba los estilos y los hipódromos eran epicentros de la modernidad burguesa. Les muestro las puestas en escena en el famoso hipódromo de Longchaps en Paris. Asistir a las carreras estaba de moda y lucir lo último en las carreras también.
Los modistos y modistas parisinos habían descubierto un artilugio de promoción infalible, mezclaban modelos profesionales con el público general que asistía a las carreras. El hipódromo era un escaparate muy particular. Querían que las modelos lucieran lo más natural posible y así las fotografiaban. Luego, esas fotos se publicaban en revistas prestigiosas y eran del agrado de públicos que perseguía las novedades. En nuestro país, Puerto Rico Ilustrado, Gráfico, El Carnaval, entre otras cumplían esa función.

https://fiveminutehistory.com/the-longchamp-racecourse-and-fashion-promenade/
/ Puerto Rico Ilustrado, 8 de junio de 1911, UPR.

https://fiveminutehistory.com/the-longchamp-racecourse-and-fashion-promenade/
/ París Bazar, El Imparcial, 6 de agosto de 1919.
En Madrid, Londres o Buenos Aires ocurría lo mismo.

https://elarcondelahistoria.com/wp-content/uploads/2016/05/as.jpg
Continuará en la próxima edición
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[1] Walter R. Bonilla Carlo; La práctica de los deportes en Puerto Rico (1882-1915) en Walter R. Bonilla Carlo y Carlos Mendoza Acevedo, editores. La Patria Deportiva: Ensayos sobre historia y cultura atlética en Puerro Rico, Editorial Arco de Plata, Aguadilla: 2018.
[2] Abad, José Ramón; Puerto Rico en la Feria-Exposición de Ponce en 1882, Memoria, Ed. El Comercio, Ponce: 1885. UPR.
[3] Abad, José Ramón; Puerto Rico en la Feria-Exposición de Ponce en 1882, Memoria, Ed. El Comercio, Ponce: 1885. UPR subrayado mío.
[4] Boletín Mercantil, 28 de julio de 1882, UPR.
[5] Tió, Aurelio; Hipódromos de San Germán, Boletín de la Academia Puertorriqueña de la Historia, Vol. IX, 1 de enero de 1985, Núm. 33, página 220. Gracias al amigo Carlos Rivera por esta referencia.
[6] La Correspondencia, 24 de febrero de 1908, UPR.
[7] Boletín Mercantil, 18 de agosto de 1882, UPR.
[8] Boletín Mercantil, 25 de agosto de 1882, UPR.
[9] Boletín Mercantil, 22 de junio de 1887, UPR.
[10] La Correspondencia, 19 de octubre de 1905.
[11] La Correspondencia, 28 de octubre de 1905.
[12] M. Molins, Puerto Rico Ilustrado, 5 de junio de 1887, UPR.
