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Frances Ha

4 de octubre de 2013 by Manuel Martínez Maldonado Leave a Comment

frances-ha05[dc]E[/dc]s refrescante ver una película distinta de las otras en la oferta cinemática que cerró el verano y ha abierto la del otoño.  Es una cinta íntima y sensible como un cuento corto de Joyce Carol Oates y vive en la cinematografía de Sam Levy, que semeja las tomas del gran Gordon Willis para Woody Allen. Aunque hay en ella ese vínculo y ese tono elegíaco de “Manhattan”, uno de los grandes logros de Allen, no veo en “Frances Ha” mucho más de ese cineasta. De hecho, el filme oscila entre algunos aspectos visuales de Godard y Truffaut sin perder su originalidad de tono y composición.

Aunque Allen es el supremo enamorado de la ciudad, Nueva York es uno de los personajes de esta película e interfiere con la vida de los personajes, imponiéndose con sus distancias insalvables entre vecindarios: no es lo mismo Queens, que Brooklyn, que Tribeca, particularmente en cuanto al costo de alquiler se refiere. La ciudad es lugar mítico y dios, al mismo tiempo que se dedica a influir en la vida de los mortales que hacen amistades en bares y se encuentran a tomar café en los bordes de Central Park. Es también escenario de sucesos triviales que nadie comenta ni interfiere con ellos y que son la alegría de ser residente de la Gran Manzana. Uno se regocija cuando Frances (Greta Gerwig) va haciendo piruetas por la acera y va cruzando las esquinas mientras desata su deseo de ser una bailarina con el abandono de una ninfa en un campo de Arcadia. Es un sitio en que uno puede ser moderadamente miserable o absolutamente feliz. Frances es un péndulo entre esos dos estados emocionales.

Lo es en un plano distinto al de su edad. Frances sufre de adolescencia tardía. A los 27 años, cuando ya es tarde para ser una bailarina de verdad, su indecisión de qué es lo que quiere hacer se derrama en su vida privada que está anclada en su amistad con Sophie (Mickey Sumner, en la vida real hija de Sting). Por esa incapacidad de ver que el tiempo de los “pajama parties” y fiestas de sororidad en la universidad se ha terminado, no se da cuenta hasta de que es tarde, de que Sophie ha tomado otras decisiones: ha dirigido su carrera a ser escritora y trabajar en una editorial. Sophie se muda del apartamento que comparte con Frances a un vecindario más caro que el que ella puede sufragar.

La crisis cuando se encuentra sola lleva a Frances a mudarse con unos amigos, Benji (Michael Zegen) y Lev (Adam Driver), con quienes tiene una relación asexual, a visitar a sus padres en Sacramento, California, a vivir en Brooklyn y, en una de las secuencias más graciosas de la película, a un viaje impromptu a Paris. Esta aventura sirve en la película para que el director Noah Baumbach y su coguionista (la propia Gerwig) enlacen a Nueva York con Paris, la costa oeste de los Estados Unidos con el epítome de la liberalidad neoyorkina y nos preparen para algunas de las sorpresas del filme. Además, nos alerta a la capacidad del norteamericano de hacer cosas excéntricas como resultado de sus debilidades de carácter.

Greta Gerwig hace del papel de Frances una creación que tal vez adquiera propiedad de adjetivo (como Annie Hall en el siglo pasado) y se me ocurre que se diga sobre alguien: “Es un chica Frances Ha”, por lo menos entre el grupo selecto que ha apreciado este filme. Esto para referirse a alguien bueno, educado, optimista e inmaduro (podría, por supuesto, ser también un chico) que está tratando de encontrar la entrada a la adultez y no consigue dar con la puerta correcta. Gerwig es encantadora y tiene gran talento para la comedia liviana. Es capaz también de hacer cosas locas como el ballet espontáneo por la acera, un zapateo en Central Park o pasos de danza moderna como si fuera una Zelda Fitzgerald resucitada, en otras palabras, un poco torpe. La torpeza es algo que Gerwig hace a propósito ya que estudió baile y solo hay que ver algunos de sus movimientos para darse cuenta.

El resto del elenco es tan apreciable como Gerwig y representan personajes muy creíbles y cómicos. Hay varias escenas entre Gerwig y Summer (Sophie) y entre Gerwig, Driver y Zegen, que son estupendas. Vale la pena señalar que Gerwig constituye otra relación de esta película con la obra de Woody Allen, ya que trabajó en “To Rome with Love” (2012) en la que tuvo escenas jocosas con Ellen Page, Jesse Eisenberg y Alec Baldwin.

De las películas previas de Baumbach una de las que más me gustan, a pesar de sus imperfecciones, es “Greenberg” (2010) en la que también participó Gerwig.  No había forma que yo fuera a ver (ya llegará el tiempo) una versión del “Arthur” de Dudley Moore y John Guielgud pero, con esta, me convence de que debo esperar mejores cosas de él en el futuro.MV5BOTY0NDQ2NzQ2N15BMl5BanBnXkFtZTcwMTU0OTkwOQ@@._V1._SX640_SY1004_

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Manuel Martínez Maldonado
Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).
Posted in: Cine Tagged: Baumbach, Frances Ha

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