Hotel Mumbai: el terror, el terror…

[dropcap]E[/dropcap]n 2008, una banda de terroristas islámicos organizaron y perpetraron una serie de ataques en la ciudad de Mumbai, que tuvieron la ciudad aterrorizada por cuatro días. La célula de Lashkar-e-Taiba estaba basada en Pakistán y formada por diez miembros; concentraron sus ataques en la parte sur de la ciudad. Este filme usa los ataques, principalmente el que se concentró en el Hotel Taj (el hotel en la película), como materia para su trama.

Desde el principio de la cinta sabemos, que los diez hombres, que traen consigo un arsenal, son fanáticos religiosos. Sus audífonos resuenan con los mandatos de su manejador, que les recuerda con insistencia, que van a matar infieles. Estos son todos los que encuentren a su paso. Se menciona que les “quitaron” a los asaltantes su tierra, y los lanzaron a la pobreza. Hay que suponer que se refiere a la separación de Pakistán (musulmanes) del resto de la India (hindi). Para los asaltantes, que saben que han de morir, la misión les asegura una lugar con Alá en el paraíso. Son jóvenes y están sometidos a un adoctrinamiento intenso y efectivo que los ha convertido en máquinas de matar. Además de pistolas y rifles AK-47, tienen granadas y explosivos.

Como en todas las películas de “desastres”, hay una serie de pequeñas historias enmarcadas en la trama principal, si así se puede llamar la recreación de un ataque descabellado, cuyo único propósito es “que el mundo lo vea” (en TV, por supuesto) y que se sepa que se está vengando, no solo la partición de India, sino también la invasión de Afganistán por el soviet y la existencia de los Estados Unidos.

Arjun (Dev Patel) es uno de los empleados del hotel. Tiene una hija y su esposa está embarazada. Zahra (Nazanin Boniadi) es hija de una familia rica y viene a pasar un tiempo en la ciudad con su parejo, el americano David (Armie Hammer), quien, por su comportamiento al ver el lujo del hotel, tal parece que solo se queda en Comfort Inns. La pareja tiene un bebé que cuida la niñera inglesa, Sally (Tilda Cobham-Hervey). El rico y corrupto ruso Vasili (Jason Isaacs) es un mandón que está planificando orgías en el cuarto de su hotel y le tiene un ojo echado a Zahra. Hemant Oberoi (el estupendo Anupam Kher) es el puntilloso chef del hotel, que comanda a sus subalternos como si fuera la reencarnación de un maharajá en la época del imperio. Bree (Natasha Liu Bordizzo) y Eddie (Angus McLaren) son unos novios que están de mochila en la India, en el sitio que no es cuando no deben.

El guión de John Colee y Anthony Maras (quien también dirigió) produce una tensión que acelera el pulso y nos convida a tratar de descifrar quién ha de sobrevivir y quién no, pero se extiende más de lo debido. Hay un vacío económico entre los asesinos terroristas y las víctimas casuales que es obvio. Los asaltantes son pobres y los que están en el hotel son ricos, pero los que mueren en la estación del tren y en otros lugares, son gente como ellos. También lo son los que trabajan en el hotel. De modo que, el único móvil es la diferencia en religión. Para mí, que esa intransigencia de estos fanáticos religiosos debió de haber recibido más atención, porque algunos podrían interpretar que a los asaltantes los movía un motivo moral válido.

Como película-thriller de acción, la cinta es tolerable, pero, como ya he dicho, pudo haber sido más corta sin perder nada. Después de todo, ¿cuál es el mensaje? ¿Que hay musulmanes yihadistas extremos? A estas alturas, después de 9-11 y el ataque en Atocha (Madrid), y un larguísimo etcétera, eso está claro. Además, para tener una perspectiva del papel de los grupos islámicos extremistas, hay que saber que, en 2015, cuatro grupos fueron responsables de tres cuartas partes de todos los ataques terroristas en el mundo. En el ataque verídico en Mumbai murieron 174 personas (incluyendo nueve de los terroristas) y más de 300 personas resultaron heridas, pero no teníamos que verlos a todos.

Hay una serie de clichés en estas películas de tiros que se les deben quitar a los guionistas. Cuando alguien recibe un tiro en el pecho, la hemorragia no se detiene haciendo presión en el punto de entrada de la bala. Eso no es como cuando a uno le sacan sangre en el laboratorio o se corta un dedo en la cocina. Tampoco mejora la sobrevivencia estar diciéndole a la víctima que lo mire y no cierre los ojos. Stay with me!!, no funciona.

Sentí el derroche de vidas que se perdieron en estos ataques y la pena que debe haber invadido a sus familiares y seres queridos. La forma aleatoria de escoger las víctimas añade al terror de saber que uno puede estar expuesto a una balacera indiscriminada como resultado de las creencias religiosas de otro. Si hay un mensaje en la película es que la religión, llevada a los extremos, puede ser mortal y terrorífica.

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Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).