
Portada del libro Ilusión y Ruinas, de Carlos Pabón Ortega, publicado por Ediciones Laberinto
[dropcap]S[/dropcap]iempre es un placer leer los libros del historiador puertorriqueño Carlos Pabón Ortega, y su más reciente monográfico Ilusión y ruinas. Imaginarios de izquierda en Puerto Rico desde los sesenta (San Juan: Ediciones Laberinto, 2025) no es la excepción. Es además muy sugerente poder dialogar con sus reflexiones políticas desde ese lugar de lo contemporáneo que él mismo expresó en otro libro retomando a Agamben y al poeta ruso Osip Maldelstam. Se agradece esa contemporaneidad dialogante entre la historia –la disciplina de Pabón Ortega– y lo estudios culturales desde donde yo misma voy siguiendo su trabajo.
Comienzo con la pregunta obvia: ¿Qué sentido tiene leer este libro de Carlos ahora que el contexto actual no hace otra cosa que repetirnos que vivimos en tiempos de radicalismos de derecha y de extrema derecha? ¿Qué sentido tendría mirar hacia atrás y hacia las experiencias del otro lado de la orilla ideológica, es decir de la izquierda? Pues bien, para estar donde estamos llegamos a través de varios vericuetos, decisiones, caminos que dábamos por necesarios o por correctos, sendas que pasamos por alto o no supimos leer, ¡en fin! Hay toda una historia política recorrida detrás de nuestro presente que este libro nos revela en relación a las últimas cinco décadas de Puerto Rico.
Creo que este texto es oportunísimo precisamente por todos los cambios geopolíticos que están ocurriendo: este fin de una era, sin que el futuro próximo parezca conducirnos a un mundo mejor; sin que parezca llevarnos a esas ilusiones que se anuncian en la portada de este libro antes de la ruina. Siendo así, paso a señalar tres puntos que hacen que esta historia intelectual de la nueva izquierda puertorriqueña sea tremendamente actual, por lo que recomiendo leerla:
El primero punto es la desencialización: Considero que no podríamos entender el éxito que están teniendo las derechas hoy en día, si no entendemos cuáles han sido las prácticas intelectuales y de poder que diversos partidos, movimientos y sindicatos que se identificaron y se identifican con la izquierda, han llevado a cabo a lo largo de varias décadas. ¿Por qué la izquierda ha dejado de ser una opción atractiva o viable para la gente incluso frente al desastre actual plagado de corrupción, de ecocidios, de desigualdad social, de autoritarismos, de colapso de servicios públicos, de violencia social, de violación de derechos fundamentales como la educación y la salud gratuitas? ¿Cómo es posible que ante este panorama apocalíptico las opciones de izquierda no estén en el radar de la gente como posibilidad de avizorar horizontes democráticos alternativos? Frente a estas preguntas, Carlos pone el dedo en la llaga y muestra que partidos como el Partido Independentista Puertorriqueño (PIP) y el Partido Socialista Puertorriqueño (PSP) nunca tuvieron una base popular o siquiera obrera sólida, y que el nacionalismo identitario terminó por tragarse cualquier aspiración emancipatoria social y económica para los sectores más desfavorecidos.
Desde luego que esta afirmación no es nueva en la discusión política puertorriqueña, pero creo que sí lo es en términos de anclar estos problemas de manera rigurosa, apelando a un archivo impresionante de documentos, de artículos de prensa, de declaraciones partidistas, de libros, de testimonios, de manifiestos, para dotar de historicidad estos problemas en relación con la desconexión con lo popular y el mantra fallido del independentismo. Esto es relevante porque justamente uno de los problemas que se revelan a lo largo del libro de Pabón Ortega es el de la asunción de algunos dogmas y ortodoxias marxistas, leninistas, maoístas y foquistas divorciadas del tejido social puertorriqueño. Entonces, este primer punto, resalto que el libro de Carlos desesencializa una cantidad de conceptos y de presunciones como los mismos términos de socialismo, de imperialismo, y de independencia en el discurso público.
El segundo punto es la complejización de las contradicciones. Desencializar las bitácoras de las izquierdas desde finales de los años sesenta en la isla, nos prepara también para el análisis de complejidades, a menudo invisibilizadas o reducidas. También nos ayuda a evitar teorías conspirativas tan comunes cuando la realidad resulta demasiado compleja y se necesitan explicaciones simples y poco introspectivas para no asumir responsabilidades.
Una cuestión que se percibe cuando se lee este libro es que incluso los términos dicotómicos que se establecieron durante la Guerra Fría, no alcanzan para evaluar de manera más o menos asertiva las dinámicas de poder, sobre todo los que se dieron a nivel de la vida cotidiana, del día a día de los ciudadanos de a pie. Entonces nos vamos topando con un montón de contradicciones en la historia de la izquierda que no fueron abordadas por la alta militancia y que parecen finalmente estar conllevando a diversas crisis, obligándonos a cambiar nuestros esquemas de pensamiento político. Quizás las complejidades intelectuales mayores que muestra Pabón Ortega son las de la concepción del imperialismo y de la independencia.
En el caso del imperialismo, para la izquierda éste terminó por ser prácticamente un cascarón cuyo significado se redujo al referente de Estados Unidos, entendido de una forma esencialista y no como un país también con sus propias contradicciones. La visión del Estado como un ente meramente coercitivo e instrumental llevó a la izquierda a un punto ciego de incomprensión, al no advertir cómo la modernidad estadounidense representó un conjunto de imaginarios y de valores positivos para la mayoría de los puertorriqueños de los sectores más bajos. En esta visión política, no hubo un desplazamiento del lugar de enunciación de una clase alta y media profesionalizada, a una popular, aun cuando se era consciente de la necesidad de alcanzar una ancha base social para conseguir la independencia y el socialismo. Fueron justo estas dos metas, que a menudo parecían estar a la par, las que Pabón Ortega señala como realmente separadas en la lógica política.
El reflejo de la ceguera sobre Estados Unidos puede verse en la meta independentista. La pregunta que recorre este libro es precisamente, ¿independencia para qué? Entonces si en el primer punto decíamos que el libro acometía la labor de desencializar, este segundo punto tiene que ver con una apertura interpretativa hacia la complejidad, las contradicciones, las múltiples aristas de los posicionamientos políticos, las paradojas, las coyunturas fugaces; todo esto que hace de la práctica política un universo extremadamente complejo que contradice lógicas puristas repitiendo pugas, o formulando teorías simplificadoras conspirativas.
El tercer punto que traigo a colación es el del horizonte de expectativa, para usar el término de Gadamer. Es decir, poder considerar toda la complejidad de la política puertorriqueña ya no sólo nos sirve para reinterpretar el pasado, sino también para entender las contradicciones actuales y por venir. Por ejemplo, para interpretar hoy la alianza entre Rusia y los Estados Unidos, o el apoyo de varias izquierdas a la invasión de Ucrania, o a regímenes violadores de Derechos Humanos como Nicaragua; o también para intentar explicar las políticas proteccionistas de un millonario de derecha como Trump.
En el libro se nos ofrece el ejemplo de la paradoja que muestra Carlos al desarrollar las coincidencias entre los independentistas y el discurso estadounidense, adoptando los independentistas de forma invertida, la retórica racista e idiosincrática colonial. Y es sobre estas contradicciones que me gustaría traer a colación la reflexión que elabora Carlos sobre el éxito populista del Partido Nuevo Progresista (PNP), un aspecto que incluso se aproximó al populismo muñocista en su arraigo popular. Me vienen a la mente las políticas asistencialistas que él menciona. Me preguntaba, más allá del contexto puertorriqueño, si los populismos de derecha que estamos viendo hoy en día no han sido más bien deudores de una tradición progresista que prefirió apostar por alcanzar la hegemonía, antes que por un cambio social realmente inclusivo y estructural; un populismo que prefirió el verticalismo, la arrogancia, el triunfalismo, el machismo, el rechazo a la pluralidad y al disenso, y el desprecio por las democracias «burguesas» con todos sus derechos sociales duramente alcanzados. Me pregunto, ¿Cómo podemos ver aquí continuidades y no tanto oposiciones entre la izquierda y la derecha en las prácticas de poder? Y, ¿cómo se proyectarían estas continuidades hacia el futuro? Estas preguntas me surgen pensando justamente en que al menos mi horizonte de expectativa no es muy alentador.
Además de estos tres puntos que dan cuenta de la actualidad de Ilusión y ruinas. Imaginarios de izquierda en Puerto Rico desde los sesenta, también destaco el tono en el que está escrita esta historia intelectual. El modo en que Carlos conjuga el rigor historiográfico con cierto matiz autoetnográfico. Lo que resalto es que no sentí aquí ninguna afectividad melancólica, como sí sentí, por ejemplo, en el libro, paradójicamente, Melancolía de izquierda de Enzo Traverso. Lo que quiero decir es que Pabón Ortega asume plenamente una responsabilidad ética que se hace cargo intelectualmente del fracaso de la izquierda en Puerto Rico. Sin esta autoconsciencia, creo que el libro hubiera sido uno más de tantos que se han escrito sobre la izquierda desde puntos de vista nostálgicos y victimistas o en la orilla contraria, moralizantes y aleccionadores.
Por último, me surgen interrogantes relacionadas con la discusión al final del libro sobre la posibilidad paradójica de un “anexionismo descolonizador.” Aquí es donde entra otra vez, el horizonte de expectativa. ¿Cómo situar esta discusión sobre la posible descolonización de Puerto Rico a través de la anexión, tomando en cuenta el contexto actual en el que el gobierno trumpista y sus allegados han manifestado abierto desprecio hacia Puerto Rico, e incluso han insinuado la eventualidad de desprenderse de la isla? ¿Está la izquierda puertorriqueña preparada para eso? ¿Cómo podríamos ver la coincidencia entre el pensamiento antianexionista de la izquierda y la actual retórica trumpista en relación a dejar Puerto Rico?
Son estas y otras contradicciones complejas las que este libro nos invita a recorrer para intentar situar un horizonte de expectativa que evite la clausura dogmática y la repetición irreflexiva de las mismas experiencias políticas de la izquierda en estos tiempos de incertidumbre.
