Late Night: repeticiones

[dropcap]H[/dropcap]ablemos primero de Emma Thompson quien en esta película hace el papel de Katherine Newbury. Esta es la estrella de un programa televisivo nocturno como los es The Late Show o el de Johnny Carson. Ha establecido un récord pues es la única mujer (ficticia, por supuesto) que ha tenido un programa de larga duración y gran circulación en “la historia de la TV nocturna”. Se ha ganado tantos Emmy que alguien dice que recogerlos de su oficina tomará por lo menos un mes. Es una figura nacional que muchos adoran y veneran. Con el pelo corto, con colores que van desde un rojizo color fuego a un platino más allá de Jean Harlow, Thompson está espectacular. Su figura a los 60 no tiene nada que envidiarle a ninguna mujer y, de hecho, a veces parece estar diciendo: “échate a un lado Charlize Theron”. Charlize no tiene que preocuparse pues Emma no hace el tipo de película en la que ella luce. De todos modos, la actriz interpreta su papel con una combinación de gestos de Ellen Degeneres y Joan Rivers, salpicados de salidas tipo Carson y Colbert. Además, la Newbury es una mala leche de cinco vueltas y maligna por diseño y deseo, y Thompson se relame haciendo de la bruja de la estación. Pero hay un pero. Aunque tiene mucha adulación, su programa está en decadencia. Uno de los problemas es que la estrella se repite y es predecible, otro es que los escritores del programa son todos hombres y, casi inevitablemente, el programa se está percibiendo como machista y poco sensible a los cambios sociales del momento. Con su imperiosidad alzada, le ordena al director del programa (Dennis O’Hare) que reclute una mujer para el equipo de escritores.

Conocemos entonces a Molly (Mindy Kaling). Kailing escribió el guion y fue una de las productoras de la cinta, y ha ganado puntos en Hollywood y en la televisión por su trabajo multifacético en The Office y The Mindy Project. Es una de esas personas a las que uno rápidamente se acerca por su simpatía y naturalidad. Como actriz es pasable. Como guionista es parte del problema de la película. El primer chiste en el que participa es una payasada de mal gusto y, según el filme progresa, insiste en repetir uno en que figura su lugar de trabajo que no funciona. Cuando está con sus compañeros nada de lo que ocurre es muy original ni particularmente gracioso. De hecho, la película es totalmente predecible. Los chistes que tienen que ver con reconocer a las mujeres en el trabajo son rutinarios y los que rondan lo políticamente correcto también. Aunque Molly muestra sus buenas intenciones, sabemos que Katherine, que al principio no es muy receptiva, las aceptará en un momento cumbre.

Por suerte, el equipo de escritores está compuesto por un grupo de actores jóvenes agradables, aunque como grupo son un cliché. Un gay, un gordito simpático, un viejo que no quiere desarrollar demasiada pasión por el lugar de trabajo, un picaflor seductor, etcétera. Sin embargo, sus interacciones con Molly y Katherine son simpáticas y llevaderas.

Me imagino que intuyen que si no fuera por Emma Thompson esto sería un desastre. Más o menos. Como comedia liviana se puede pasar el tiempo viéndola. Pero son los momentos en que Thompson es el centro de acción dramática los que valen la entrada. En una escena con su marido (John Lithgow) que comienza a tener síntomas de Parkinson, le declara su amor y su arrepentimiento por algo que ha hecho con una naturalidad y control de expresión que nos hace perdonar la razón por la que está pidiendo absolución. En otra, en que se reúne por primera vez en mucho tiempo con sus equipo de escritores, su arrogancia nos convence de por qué la detestan y le temen al mismo tiempo que la quieren. Sus escenas con la jefa del estudio (Amy Adams) son las mejores porque ambas actrices están interpretando lo que resulta ser el móvil de toda la trama. Es aquí que la guionista muestra su promesa.

La repetición situacional en la comedia liviana no funciona bien en una película que dura más de una hora y media. Eso trabaja en TV porque el tiempo es limitado y la audiencia tiene un capacidad de atención disminuida, pero no logra traspasar más allá de un momento en un filme. Este sobrevive porque los actores son carismáticos y porque Emma Thompson es un lujo cinemático de altos quilates.

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Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).