Memoria

Love is lifeforce.
–June Jordan

I know how black it looks today, for you. It looked bad that day, too, yes, we were trembling. We have not stopped trembling yet, but if we had not loved each other none of us would have survived. And now you must survive because we love you, and for the sake of your children and your children’s children.
–James Baldwin

La luz de dos palabras me descolgó la sombra;
animal triste.
–Ángela María Dávila

wanguechi mutu-memoria

wanguechi mutu

[dc]L[/dc]o que deseaba realmente era escribirles una carta. Una carta de amor dirigida a la multitud de mujeres que me puebla. Y luego de varios intentos, otra vez regreso a la memoria de mi abuela porque tanto de mi memoria es ella. Porque de hecho, hablándole de ella a una de ustedes descubrí que la carta de amor más hermosa y terrible que he recibido me la dejó ella. Así que volveré a hacer un intento hablándoles de ella y con ella a cada una de ustedes, la multitud de mujeres que me puebla. Desde niña, hay un recuerdo de mi abuela que me acompaña. Ella siempre me contaba sobre el día que estando en la escuela en Puerto Rico a los diez años, en el chequeo rutinario biopolítico hecho a lxs niñxs, mi abuela una niña pobre y negra pesó lo mismo que la niña más rica, rubia y blanca de la escuela. Ante la concordancia del peso de ambas, la maestra, sorprendida, volvió a pesar a mi abuela en más de tres ocasiones y su peso seguía siendo el mismo que el de la otra niña. Entonces -y este era el momento en que la narración de mi abuela tomaba lugar por completo- la maestra, todavía sorprendida, le dijo: Josefina, es que no puede ser posible que peses lo mismo que ella. Y mi abuela mirándola le respondió: Increíble, ¿no? Porque ella come comida y yo como hierba. La maestra no dijo más, bajo la cabeza y apuntó el peso. Y recuerdo la manera en que los ojos de mi abuela se iluminaban cuando contaba esa historia; recuerdo el orgullo que incendiaba su mirada y su sonrisa cuando lo contaba, porque le daba fuerzas y me las daba a mí. Y tanto ella como su recuerdo a los diez años me acompañan y con irreverencia me recuerdan que hay que saber verse a una misma aún cuando lxs otrxs no estén dispuestxs a ver a una. Y así mucho antes de que lo aprendiera de Fanon, mi abuela ya me había enseñado que mi libertad se me ha dado para modificar el mundo del Tú. Y yo, te escribo, porque una y otra vez se negarán a verte como ya lo han hecho; una y otra vez, te dejarán saber que vales menos, o nada, o menos que nada; y harán de todo desde muy temprano para irte llenando de miedos para mantenerte calladita y quietecita; para convencerte de que así como no mereces ser vista tampoco mereces ser querida y que si es que alguien se atreve a hacerlo solo debe hacerlo a medias o a cuartas como dice Ángela, y a mi lo único que me interesa es que sepas que yo sí te veo y prometo recordarte la que eres en esos días en que el mundo y sus instituciones distraen nuestra vista dejándonas saber que el mundo no es otra cosa que lo que somos mientras estamos colocando diminutos paquetitos repletos de inseguridades en el pecho del otro como dice Yara, pero nosotras no queremas ser de este mundo, queremas ser otra cosa en el mundo y haremos todo lo posible para que el mundo deje de ser esta cosa en que no nos podemos ver.

Josefina Santana Ramos, mi abuela, murió el 5 de septiembre de 2010, luego de más de diez años luchando con Alzheimer’s. En esos años de tanto dolor y olvido, fuimos testigas de lo que el olvido no podía quitarle. Cuando menos lo esperábamos, ella misma nos recordaba quién era. Y es que cuando mi mamá o mis tías le preguntaban si quería comer, mi abuela con mucha claridad respondía en tercera persona: Ella quiere/no quiere comer. Y nos recordaba lo que el dolor nos había hecho olvidar a nosotras, que quien era y quien es, no se reducía a ese momento, que esos últimos años no tenían por qué ser el recuerdo que nos quedara. Con aquello nos decía que era mucho más que la cuerpa postrada en la cama.

Luego de su partida, recogiendo sus cosas, mi madre encontró tres pedazos de papel unidos que hoy reconozco como la carta de amor más terrible y hermosa que he recibido. El primer pedazo contenía una lista de las fechas de nacimiento de todxs sus nietxs; el segundo pedazo mostraba las mismas fechas pero distorcionadas puesto que los años y días estaban intercambiados; y el tercer pedazo de papel solo tenía una línea llena de signos de interrogación. Mi mamá y yo nunca hablamos de esto pero el silencio que se interpuso entre las dos habla mucho de lo significativo del hallazgo. Aunque llevo años pensando en esto, nunca había podido escribirlo. En esos tres pedazo de papel hay un registro latente de resistencia; juntos, como fueron guardados y encontrados, son evidencia de la pérdida de la memoria; las fechas de nuestros cumpleaños y su distorción marcan la distancia que se iba anteponiendo, lo que se le iba yendo de nosotros junto al tiempo. Y entonces los signos de interrogación, esa marca terrible de la concreción de la pérdida haciéndose pregunta y a la vez resistencia, porque comprueba que la memoria es frágil y fragmentada, y es en esa misma fragilidad y vulnerabilidad de la memoria que radica su fuerza puesto que implica que si bien hay algo irrecuperable en ella, también se abre a la posibilidad de intervenirla y reimaginarla.

Retomo el registro de lo más íntimo de mi memoria como un ejercicio ante la imposición de tanto olvido. Y prometo recordarte ante todo, recordarte, porque es imposible pensar una vida sin ti, sin Laura, sin Mara, sin Ángela, sin Audre, sin tantas de ustedes que están aquí y siguen aquí; sobreviviremas juntas no porque seamos infinitas o inmortales sino todo lo contrario. Sobreviviremas porque vivas nos queremos. Porque nos atrevemas a vivir aún con tanto miedo. Y porque aunque traten de hacernos olvidar a toda costa, sabemos que we are the ones we have been waiting for. ((June Jordan))

Katsí Yarí Rodríguez Velázquez
Obtuvo su grado de bachillerato en Estudios Hispánicos y una Maestría en Gestión y Administración Cultural en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Sus trabajos en torno a la interdependencia del género y la raza han sido publicados en Contracorrientes. Apuntes sobre igualdad, diferencia y derechos, antología publicada por la Universidad de Girona y la Cátedra Unesco de Desarrollo Humano Sostenible y en la antología Feminisimos y Poscolonialidad. Descolonizando el feminismo desde y en América latina de Ediciones Godot, Argentina. Actualmente, realiza estudios doctorales en el Programa de Africana Studies de Brown University.