Mr. Jones: La importancia de la buena prensa

[dc]“C[/dc]omo Saturno, la revolución se come a sus hijos”, dijo Jacques Mallet du Pan a raíz de la francesa. Desde entonces para acá las revoluciones no lo han contradicho. Poco después de la de los bolcheviques en Rusia, estos asesinaron al zar y a su familia, presumo que con la intención de acabar con el totalitarismo real. Lo que en realidad hicieron, primero, fue crear una guerra civil que duró hasta unos años antes de la gran depresión de 1929. Sobreimpuesta a la desastrosa participación del imperio en la Gran Guerra, la muerte de Lenin y la subida al poder de Stalin, fueron el golpe de gracia a la situación económica del país. Intentando sacar el país de la ruina, Stalin implantó “planes de 5 años” en los que se pretendía cambiar a una política de colectivismo agrícola y rápida industrialización. Lo que sucedió fue que indujeron una disrupción en la distribución de alimentos que resultó en la infame hambruna de los años 1932-33.

La directora polaca Agnieszka Holland, con un guion de Andrea Chalupa nos presenta la historia verídica del periodista gales Gareth Jones (James Norton) quien, interesado en descubrir cómo el gobierno de Stalin estaba financiando la industrialización del país fue a averiguar. Jones, quien había trabajado para David Lloyd George, ex primer ministro de Inglaterra, se había distinguido cuando, gracias a esa conexión, pudo entrevistar a Hitler. De igual forma consiguió poder ir a la Union Soviética para tratar de entrevistar a Stalin. Se encontró con una pared burocrática y oficialista; no querían que descubriera lo que estaba sucediendo.

Una vez en Moscow se amiga, hasta donde es posible, con Walter Duranty (Peter Sarsgaard) un periodista de origen inglés, que trabaja como jefe de la oficina del New York Times en la capital rusa. Tiene una pierna de madera, es extraño, y sus fiestas son orgías de sexo y drogas. Tiene buena reputación como periodista, pero Jones no está convencido que lo que le comunica es verdad. Un suceso lo pone en vilo: un amigo periodista le da datos sobre la hambruna en Ucrania y poco después es asesinado. La periodista Ada Brooks (Vanessa Kirby) le advierte que no continúe con su obsesión de investigar qué está sucediendo con los programas estalinistas. Que va a terminar como su amigo.

Jones no hace caso y, sin permiso, se va en tren a ver por sí mismo a averiguar lo que está sucediendo. El filme se convierte en un thriller siniestro en el que la cinematografía de Tomasz Naumiuk nos presenta el invierno cruento como un depredador de gente oprimida y aniquilada por la revolución. Las escenas de las aldeas abandonadas, de los niños y adultos sometidos a un nuevo totalitarismo cuyos líderes en vez de coronas llevan quepis militares son impresionantes. Sorprende que esa parte, la más deprimente, es también la más bella por su enfoque en las emociones de los campesinos y la crueldad de la naturaleza. Hay que recordar que esta hazaña de Stalin resultó en la muerte de más de 3 millones de personas. Peor aún indujo a muchos al canibalismo. Literalmente, hubo quienes, como uno de los resultados de la revolución, se comieron a sus hijos.

La cinta es a veces lenta, pero lo más que me gustó es su denuncia de la mala prensa y de la corrupción de algunos que pierden sus escrúpulos por el dinero. Cuando Jones volvió a Inglaterra y publicó lo que había visto, se desató contra él una campaña de descrédito. No solo lo hizo el gobierno inglés que en ese momento temía que las relaciones germano-rusas los fueran a poner en más peligro de lo que estaban, sino otros periodistas, particularmente Duranty, desmintieron sus reportajes. Este, además, publicó en el NY Times mentiras laudatorias a los programas de cinco años de Stalin y ocultó la hambruna. También lo hizo Eugene Lyons (Edward Wolstenholme), quien era comunista y trabajaba para Prensa Unida y, peor aún, George Orwell (Joseph Mawle) puso los reportajes de Jones en entredicho. Digo peor porque, aunque aún no era un hombre muy famoso, como periodista, bajo su nombre de pila, Eric Arthur Blair, había escrito y denunciado la pobreza y la opresión, pero estaba ciego al simbolismo de la revolución detrás del cual se escondió Stalin para mentir.

El filme cubre cómo, después de muchas dificultades, Jones puedo acercarse a Willam Randolph Hearst y convencerlo de que volviera a publicar sus experiencias. Se deduce de la cinta que la ideología no puede interferir con el reportaje. Una cosa es dar opiniones, otra es informar al público lo que se puede confirmar. No solo es una falta grave del periodista no decir lo que vio y lo que se sabe, sino, también lo es, dejar de decir lo que se ha visto y se sabe. Es una forma de mentir. Por supuesto decir mentiras e inventarse cosas es un crimen de marca mayor. En el siglo XXI hemos descubierto que lo hace una estación de televisión americana constantemente. Peor aún, es repetir como ciertas las mentiras que dice el gobierno y el presidente de los EE. UU. ¡Vergüenza!

No tenemos que llegar al final de la película para enterarnos de que Jones es desconocido.  Admito que yo no sabía de su existencia. En cambio, el mentiroso y corrupto Duranty, se ganó un Pulitzer por sus mentiras. ¡Más vergüenza!

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Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).