Para decir que sí,
incline el corazón a 80 grados
y exhale el rumor de la cabeza,
infle los tacones de aire
que todo talón trae integrados,
haga balance en el blanco de las uñas
y extienda sus ramas horizonte afuera:
como el árbol que se mece y se remece,
tense las raíces de la fe para acceder al vuelco,
cierre los ojos con los párpados del beso y
empinando la garganta y el dolor y el mal recuerdo
tórnese serpiente sibilante que sesea,
despliegue la quijada resonante,
acceda a que la i se inaugure con estruendo,
bata las escápulas, convulse de hombros,
sacúdase esa estola de hierro
que le echaron encima quién sabe cuándo
y arriba, vamos, arriba,
a pedalear por las hormas del viento
hasta alcanzar la cúspide del sí,
que ya era hora.
Para decir que sí
tense las raíces de la fe para acceder al vuelco, / cierre los ojos con los párpados del beso y / empinando la garganta y…
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