Los años cincuenta y sesenta del pasado siglo fueron marcados por una serie de circunstancias que agudizaron la tirantez entre las personas de color y los prejuiciados y el gobierno de los Estados Unidos. La Guerra Fría desató otro motivo para que la xenofobia estadounidense afilara sus cañones a cualquier cosa que oliera a socialismo/comunismo, sin que se distinguiera una cosa de la otra. Como enemigos de las posturas inaceptables contra ellos, los negros cayeron en la categoría de “izquierdistas”, clasificación (incluía a los homosexuales) reservada para cualquiera que no fuera “igual” o fuera “diferente” al patrón ideado por la sociedad que temía que “el sueño americano (blanco, por supuesto)” fuera a descarrilarse por los que eran “inferiores”.

Ante la segregación, las infamias del Klu Klux Klan, los linchamientos y la privación de derechos, surge la figura de Martin Luther King Jr., quien rápidamente se convirtió en blanco en la mirilla de J. Edgar Hoover y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). El documental MLK/FBI (Netflix) sobre los abusos y el acoso del líder negro usa imágenes de archivo de MLK en el periodo entre 1955 y 1968, los años de su trabajo como activista por los derechos civiles. Culmina con su asesinato en 1968. Dirigido por Sam Pollard, y partiendo de un guion de Benjamin Hedin y Laura Tomaselli, este es uno de los mejores documentales que he visto, ciertamente el mejor de este año. La combinación de narración fluida y clara, la presentación de los hechos sin tratar de hacer de King un “santo”, es un testimonio a la integridad moral (no hablo de sexo) del reverendo. Tenía amantes, como muchos otros grandes hombres y mujeres, en la historia, pero eso no obstaculizó su lucha por conseguir los derechos civiles para su gente y no interfirió con que se le otorgara el Premio Nobel de la Paz. Los intentos de Hoover y el FBI de desacreditar a King mediante la recopilación de grabaciones e imágenes de su vida sexual privada con otras mujeres que no eran su esposa, fallaron por competo. Como era de esperarse, el magnífico documental, no revela nueva información sobre su asesinato. Pero, la última secuencia declara que no todos los documentos del FBI han sido desclasificados; y que no lo serán y puestos a disposición del público hasta 2027.
MLK no fue al único líder negro que el FBI persiguió. Judas and the Messiah (HBOMax) narra que, a fines de la década de 1960, William «Bill» O’Neal (el excelente Lakeith Stanfield) fue arrestado en Chicago después de intentar secuestrar un automóvil mientras se hacía pasar por un oficial federal. El hecho, captado en la primera secuela del filme, es un ejemplo de composición cinemática que nos advierte sobre la personalidad del personaje y de cómo ha de comportarse, y es un logro del director-guionista Shaka King. Capturado en el acto, el agente especial Roy Mitchell (Jesse Plemons) le ofrece a O’Neal retirarle los cargos si trabaja de encubierto para el FBI. Quieren que O’Neal infiltre el capítulo de Illinois del Partido Pantera Negra (BPP) y detalle los planes de su líder, Fred Hampton (Daniel Kaluuya). Son el judas y el mesías del título; el delator y el perseguido.

Hampton, quien trabajaba para formar alianzas con pandillas rivales y grupos de milicias, extendió el alcance comunitario de los BPP a través del Programa de Desayuno Gratis para Niños porque era un orador talentoso que lograba convencer a los que lo escuchaban. Tanto así que eventualmente ayudó a formar la multirracial Rainbow Coalition. Como es de esperarse de un joven, Hampton también se enamoró: de Deborah Johnson (Dominique Fishback) que ayudaba a los BPP. Entretanto, O’Neal comenzó a transmitir información a Mitchell, quien lo compensó con un auto y con dinero. Según la historia va progresando vemos los abusos del FBI y de la policía y como atraparon a O’Neal en el papel de ser una rata y fueron destruyendo a Hampton. Eventualmente, el director del FBI, J. Edgar Hoover, ordenó que Hampton fuera «neutralizado». Tenía 22 años.

Las actuaciones son uniformemente excelentes, pero Daniel Kaluuya alcanza un nuevo pico en su carrera con su creación (basada en lo que pudo ver de pietaje de esa época) de un joven oprimido por el gobierno y por los blancos, que estaba logrando que se pudieran resolver por lo menos partes de los problemas raciales sin violencia. Parecía encaminado a tener un sitial junto a MLK y Malcolm X en el liderato de los movimientos dirigidos a conseguir justicia social para la gente de color.

El filme y el documental se suman a “The United States vs. Billie Holiday” (Hulu) y a “One Night in Miami” (Prime Video) como documentos de la persecución del FBI de líderes negros en los ’50 y ’60 del pasado siglo. Veremos qué desentierran los historiadores de los cuatro años entre 2016-20 y qué está oculto en los documentos del asesinato de MLK cuando salgan a la luz pública. De seguro que nada bueno ni placentero.
(Les advierto que Judas and the Messiah no tiene subtítulos y hay que hacer un gran esfuerzo por entender lo que dicen a veces los personajes. Si están vacunados, les sugiero que, con máscara, vayan a verla en el cine. Plaza sería mi selección.)


