[dropcap]F[/dropcap]alanges, falanginas y falangetas: me refiero a esos términos anatómicos que se entrelazan y traspasan la realidad como lanzas -o así, como un trabalenguas- para evocar en mi mente aquellos años de estudio y análisis del devenir del cuerpo humano en un laboratorio de cadáveres: estudiar en una Escuela de Medicina tiene sus ventajas para el intelecto. El filme puertorriqueño
Prótesis cumple a cabalidad el propósito de recordarnos esas áreas inhóspitas -y otras, un poco menos recónditas- de ese instrumento de vuelo simbólico, de movimiento continuo y real que se nos fuera otorgado en el universo de los mortales, llamado cuerpo. Y lo logra, en una época en donde la máquina y el metal ya parecen entrelazarse con nuestra envestidura en el plano material. Logra el referente a aquello inanimado que te permite el don de la movilidad, en una era en la que los objetos nómadas -extensiones del yo freudiano y del inconsciente colectivo de Jung- se disfrazan de “ipad”, celular y otros artefactos inofensivos que a la vez provocan algo de miedo por su relación casi inextricable con nuestra identidad.
En la película, el protagonista “Marcos” (Carlos Marchand) transita entre la paradoja de lo roto y lo arreglado, con un aire de culpa y de distimia que solo es capaz de desaparecer ante la llegada de su opuesto: una joven de pelucas y postizos brillantes, de una intuición misteriosa. Todo ocurre como si el único que no tuviera prótesis identificable entre los personajes principales del filme hubiese encontrado a su extensión -o alma- gemela; o como si hubiese encontrado lo que, en apariencia, pareciera que jamás le hacía falta.
Con un humor que elijo no ponerle color -pues no todo es oscuridad-, el filme nos invita a la sensibilidad ante la pérdida y a la vulnerabilidad de los cuerpos; todo ello, sin perder de perspectiva la alegría o el humor, dentro de la tendencia al caos que pudiera materializarse en el plano terrenal. En algunos personajes, es representativo de ideas de muerte: en otros, es algo habitual y cotidiano tener ese “algo” adicional en su físico. Algunos son capaces de amarse sin prejuicios, precisamente por la prótesis. Otros, finalmente se aproximan a su nueva realidad desde el fascinante mundo de los superhéroes. Sea una prótesis médica o estética, representa lo mismo: una extensión simbólica del “self” -pues te conecta con tu interior, con los demás y con el entorno de un modo diferente- y, por consiguiente, es un “apéndice” adquirido que trastoca la identidad.
Prótesis me permitió reflexionar sobre tantas cosas que se desprenden de la nada y se integran en un todo, particularmente al analizarlo como metáfora de aquellas expansiones del ser que van más allá de lo físico. Por ejemplo, en aquellos sistemas familiares en donde otro ser significativo hace las veces de padre o de madre, cumpliendo cabalmente las funciones de un progenitor ausente. En aquellas empresas que valoran a sus empleados como una pieza trascendental de la “esfera” organizacional. En aquellas instituciones académicas que se encuentran restructurando sus organismos vitales, a nivel sistémico, y aspiran a la tecnología, al respeto, a la elegancia que emana de la simplicidad en los procesos burocráticos y a la “praxis”: a las “prótesis” útiles, dentro de un universo educativo constituido por un capital humano -activo y potencial- invaluable.
Pensar en prótesis es reflexionar en el devenir -y la fragilidad- de los cuerpos de Massumi y en la denominada “Era de los excesos” de Phillips. Es recobrar el poder interior a través de algo frívolo, frío, carente de vida y, a la vez, tan importante para aquellos que han perdido una parte de su ser, y se vuelve su acicate perfecto. Provoca pensar en la relevancia de los aspectos legales, deportivos, sociales, psicológicos y hasta arquitectónicos vinculados a los lugares habitados por seres con prótesis o con cualquier pieza o aparato especial de apoyo, hoy, el Mundo entero: presupone sensibilizar sobre el valor de la palabra y el derecho de aquellos que luchan con alguna discapacidad. Invita a mostrar apertura y seriedad en los contextos laborales cada vez que un profesional manifieste algún acomodo razonable, sea físico o mental.
Y así, con la misma agilidad y organización que transitaban las hormigas creativas y dotadas de verosimilitud, en Prótesis, debemos repensar todas las formas en las que podamos asegurar que cada ser de este planeta pueda coexistir en paz y “moverse”, desde la definición precisa que conlleve dicho verbo para cada uno de los transeúntes-mortales.
Debemos darle rienda suelta al poder de cada alma que cohabita en este vehículo que parece sin fin, paradójicamente finito y temporero. O ser capaz de posarnos frente a los demás, sin prejuicios ni limitaciones, como lo hizo la mariposa de aquel niño Marcos, quien aprendió a soñar, pese a la oscuridad.
O simplemente, ser capaces de volar.
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Catedrático auxiliar del Sistema UPR y de la Universidad del Sagrado Corazón, psicólogo clínico, “coach certificado”, cineasta y actor colegiado. Fue finalista de Taller: Telemundo actores en Miami y estudió actuación para cine en un intensivo de New York Film Academy de Los Angeles, California. Fue becado por la New York University para un intensivo de Cine y Género y tuvo la oportunidad de presentar algunos de sus filmes multilaureados entre académicos y especialistas del séptimo arte. El doctor Orama fue el primer puertorriqueño en culminar varias formaciones en Coaching por la International School of Coaching (TISOC) en Barcelona y presidió el Comité de Traducción y Revisión (CTEsp) de la International Association of Coaching (IAC). Como parte de su preparación académica, posee un Doctorado Honor Académico (Summa Cum Laude) en Psicología Clínica de la Escuela de Medicina de Ponce – Ponce Health Sciences University), cursos graduados del currículo de Medicina/Ciencias Biomédicas y formaciones posteriores en las ramas de las Comunicaciones, Artes, Estudios Culturales, Creación Literaria y Humanidades. Es autor de varias publicaciones sobre Coaching y Psicología, entre las cuales se destacan libros y artículos profesionales. Ha sido gestor de Contenidos para ERDC de Barcelona y editor de la Revista Electrónica Psicología Científica de Colombia.
El doctor Orama López ha sido articulista de medios desde el 2008 y se ha destacado en diversas secciones de gran relevancia, entre las cuales se destacan Buscapié de El Nuevo Dia y Opinión de El Vocero. Ha sido jurado del Pen Club de Puerto Rico (en Teatro y Medios), fue citado por uno de sus textos (Historia de la Psicología como Profesión: orígenes y tendencias) en la Universidad Complutense de Madrid y se ha destacado como autor en el Libro de Comunicaciones del Congreso “Comunicación y Educación: Estrategias de Alfabetización Mediática”, de la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus contribuciones, a nivel mediático, se han inmortalizado en Telemundo, Fremantle Media, WAPA, El Nuevo Día, EL Vocero, Agencia JWT, Piccolo Universe by Ricky Martin y Fundación Mi Sangre del artista colombiano Juanes. Ha recibido más de 40 laureles y premios internacionales como director, productor y actor de cine independiente. Recibió la Medalla en Educación de la Cámara de Representantes de Puerto Rico y, recientemente, fue galardonado con el Top Ten Young Persons of Puerto Rico (TOYP) en la categoría de Arte y Cultura. Anteriormente, recibió el Premio del Presidente de la PUCPR y la dedicatoria de la Universidad Politécnica de Puerto Rico. Como investigador y ejecutor de las artes, se ha especializado en coaching, creatividad e innovación: además de sus libros Sociedad en el Diván: una década en los medios, Historia de la Psicología como Profesión: Orígenes y tendencias y varias colaboraciones de libro en colectivo, creó un marco teórico sobre creatividad, neurociencia y virtualidad titulado Sinapsis Creativa, prologado por el investigador doctor Gregory Quirk. Ha incursionado y se ha adiestrado en distintas bellas artes: actuación, canto, pintura y creación literaria. Por su quehacer académico y cívico, ha recibido un sinnúmero de premios nacionales e internacionales, entre los cuales se destacan aquellos recibidos en su faceta de actor, compositor, escritor, productor y director. Por todo ello, anhela continuar sus alianzas internacionales, aportar a través de la palabra escrita y seguir contribuyendo a distintas causas humanitarias: actualmente, el doctor Ariel Orama López funge como director y actor principal de su primer largometraje titulado YSLA, reseñado en la prensa nacional e internacional, con fecha de finalización pautada para diciembre de 2019. Además, su proyecto multilaureado ONE está siendo considerado para nominación por la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas para los Oscars 2020, luego de lograr su elegibilidad.