¿Quién responde por los muertos en Siria?

“Con la guerra aumentan las propiedades de los hacendados, aumenta la miseria de los miserables, aumentan los discursos del general, y crece el silencio de los hombres”

-Bertolt Brecht

“Con el ruido de la guerra no oigo el de las leyes.”

-Cayo Mario

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[dc]T[/dc]al parece que ya no soplan los vientos de la guerra.  Los rusos, con el apoyo decidido de los franceses, lograron que Siria accediera a poner bajo control internacional todo su arsenal de armamentos químico -recordemos que Siria es uno de los países del mundo con más reservas de armas químicas-  y el Secretario de Estado John Kerry se unió a la propuesta, que se discutirá en el pleno del Consejo de Seguridad de la ONU.  Por otro lado, el Presidente Obama, ante el poco apoyo que ha encontrado en el Congreso a su propuesta de que se le autorizara el ataque a Siria, ((http://www.huffingtonpost.com/2013/09/10/obama-syria-speech-live_n_3902294.html)) ha solicitado a los líderes congresionales que retrasaran la votación hasta que el Consejo de Seguridad de la ONU actúe sobre la propuesta conjunta de los rusos, los chinos, franceses y británicos, a la cual se han unido los norteamericanos. ((Id.)) Por otro lado, el ministro de relaciones exteriores sirio anunció que Siria accedería a la convención internacional para la prohibición de las armas químicas de 1993 (que nunca había suscrito ni ratificado), lo cual desactivó -al menos por el momento- la posibilidad de la internacionalización de la guerra civil siria.

Que la amenaza de un ataque militar norteamericano contra Siria se haya al menos disipado por ahora es algo que ha aliviado a muchos en el mundo, pues nadie interesa que una región tan volátil como lo es el Medio Oriente sea desestabilizado en su totalidad. Que de paso, se logre que un arsenal químico voluminoso pueda ser destruido eventualmente, añade mayor respiro a aquellos que aspiran a que una solución diplomática entre las grandes potencias  lleve a feliz término la llamada crisis en Siria.

¿O es así?

Como ya es sabido, la guerra civil en Siria ha reclamado más de cien mil muertos, heridos o incapacitado cientos de miles más, y desplazado hasta 4 millones más, afectando un poco más de una quinta parte de su población.  Una guerra de dimensiones épicas como ésta no tiene paralelo en los procesos revolucionarios en lo que se conoce como la “primavera árabe” que motivó la caída de gobiernos dictatoriales en Túnez, Egipto, Libia, y Yemen; y la ferocidad de los enfrentamientos en Siria sobrepasa los pogromos en Ruanda (1994), e inclusive pueden ser equiparados con las guerras en Bosnia (1992-1999).

Pero lo que distingue esta guerra no es solamente lo prolongado de la misma, ni sus dimensiones.  Lo que distinguió esta guerra fue el uso de armas químicas, en particular, el ataque químico contra bastiones rebeldes en el área de Ghouta, que forma parte de Damasco.  Lo acontecido en Ghouta, el pasado 21 de agosto es algo verdaderamente espantoso.  Ese día en la madrugada, el sector fue atacado con gas sarín ((http://www.csmonitor.com/USA/DC-Decoder/2013/0426/Chemical-weapons-101-Six-facts-about-sarin-and-Syria-s-stockpile/What-is-sarin)) y en cuestión de segundos, cientos, incluyendo niños, murieron asfixiados. ((http://www.huffingtonpost.com/2013/08/24/doctors-without-borders-syria_n_3809955.html?ir=World)) El gas sarín un compuesto organofosforado, de la misma familia química del malatión y sevín, cuya cualidad principal es interferir con el sistema nervioso, paralizando los músculos, asfixiando a sus víctimas en cuestión de minutos. ((http://www.cdc.gov/niosh/ershdb/EmergencyResponseCard_29750001.html)) Incluso a exposiciones menores, el sarín puede causar severos traumas nerviosos en los afectados, los cuales pueden ser inhabilitados, en algunos casos, hasta de por vida. ((http://www.bt.cdc.gov/agent/sarin/basics/facts.asp))  Es un neurotóxico poderoso.  Y aunque es biodegradable como los demás plaguicidas comerciales, deja rastro en sus víctimas. ((Id.))

Lejos de reclamar una investigación completa sobre esta calamidad, el debate se perdió entre la procedencia de un ataque militar norteamericano contra Siria por el uso de armas químicas, y la tensión internacional ante la advertencia de rusos y chinos en contra de la intervención militar norteamericana. Pero hay que establecer hechos.  Los rusos y chinos no defienden a Siria por altruismo ni por defender su integridad nacional.  Nada de eso.  El gobierno sirio, liderado por Hafez al-Assad (1971-2000) primero, y luego por su hijo Bashar, han sido clientes de las grandes fábricas de armamentos rusos, chinos e iraníes ((http://en.wikipedia.org/wiki/Equipment_of_the_Syrian_Army)) que al igual que el aparato militar-industrial norteamericano, ejercen gran influencia en los gobiernos de sus respectivos países.  General Dynamics, McDonnell Douglas, Lockheed, entre otras, tienen sus contrapartes en Tupolev, Votkinsk, IZHMASH, Mikoyan, Ilyushin y otras que ejercen igual influencia sobre el gobierno ruso, al igual que las firmas de defensa chinas sobre su gobierno.  Clientes excelentes, que ordenan por volumen y pagan al contado como los Assad deben ser defendidos a toda costa.  Pero hay más.

Siria es uno de los países con mayores reservas de armas químicas, calculadas en cientos de toneladas de gases tóxicos con fines militares. ((http://www.observerindia.com/cms/sites/orfonline/modules/issuebrief/attachments/ORF_Issue_brief_45_1347355536755.pdf)) Cuando se levantaron las dudas sobre el control de las armas químicas, el gobierno sirio se apresuró a establecer que dicho armamento estaba firmemente controladas por el gobierno, y de hecho, el ministro ruso de relaciones exteriores explicó a la prensa internacional que Siria “había consolidado sus reservas en uno o dos sitios para asegurar que dichas armas estén absolutamente protegidos». ((http://www.reuters.com/article/2012/12/24/us-syria-crisis-russia-idUSBRE8BN0HS20121224)) Eso fue en diciembre pasado. Pero ahora en Ghouta quedaron liquidados cientos de seres humanos en un ataque químico, y este acto de horror pasó a segundo plano, con un debate sobre la amenaza de la intervención militar norteamericana.  Con el anuncio del Presidente Obama en la noche del 10 de septiembre de 2013, el mundo torna sus ojos al proceso diplomático con la esperanza de que las armas químicas sirias sean efectivamente puestas bajo control internacional.  Pero esta iniciativa, bienvenida, aun cuando deja abierta una opción militar, también tiene que atender el hecho del ataque químico.

Ello es así, porque en cualquier liga, usar abusivamente armas de destrucción masiva contra civiles indefensos convierte a los perpetradores en criminales, con suficiente base para ser juzgados por un tribunal internacional por crímenes de lesa humanidad.  Obama, al permitir por el momento que la diplomacia entre en acción para controlar las reservas de armas químicas en Siria, debe también trabajar con la comunidad internacional para identificar a los responsables de los ataques en Ghouta, y llevarles ante la Corte Penal Internacional, para que sean juzgados.  Aun cuando el gobierno de Bashar al-Assad  en Siria pudiera sostenerse por el momento, su responsabilidad por esta atrocidad debe ser investigada y aclarada.  Ninguna sociedad civilizada debe permitir que armas de destrucción masiva sean usadas para cualquier propósito.  El gobierno sirio debe permitir una investigación a fondo sobre este horrendo incidente, y al acceder a la Convención sobre Armas Químicas de 1993, Siria debe permitir que observadores de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) hagan una investigación independiente sobre lo acontecido el 21 de agosto de 2013.  Alguien debe responder por los muertos en Siria.  La justicia debe ser exigida.  Cualquier acción de la ONU debe incluir el procesamiento de los perpetradores de estos ataques, quienesquiera que fueran. El clamor es por la justicia, no la guerra.  Sin justicia, no habrá paz.

José L. Ramírez
José Luis Ramírez de León. Nacido en San Juan, Puerto Rico, el 18 de septiembre de 1963. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de Puerto Rico, Recinto Universitario de Mayagüez, y en la Universidad de Wittenberg, ciudad de Springfield, estado de Ohio, EE. UU., de donde finalmente se recibió de bachillerato en esa materia en 1985. Egresado en 1988 de la Escuela de Derecho de la Universidad de Puerto Rico. Admitido a ejercer como abogado en Puerto Rico desde 1989, se desempeñó como abogado ambiental en la Junta de Calidad Ambiental (JCA) desde 1989 hasta 2002. Obtuvo una maestría en Derecho Ambiental de la Escuela de Derecho de la Universidad de Pace, donde se desempeñó como Fellow (Becario e Investigador) del Centro de Estudios Ambientales de la Universidad de Pace, como parte de la Beca Henry M. Feldschuh Fellowship con la que fuera reconocido en esa Universidad entre 1993 a 1994. Participó en proyectos de colaboración ambiental de la JCA con países latinoamericanos, como Guatemala, Honduras, Nicaragua República Dominicana y Ecuador entre 1995 y 2000. Fue miembro de la Comisión de Derecho Ambiental de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza entre 1994 a 2005. Desde 2002 se dedica a la práctica privada de la abogacía, dedicándose a casos civiles y administrativos. Como voluntario, estuvo trabajando con comunidades de mayas k’ekchí desplazados por la guerra y la violencia entre Petén y Alta Verapaz, Guatemala. Más recientemente, estuvo participando en las brigadas de abogados del proyecto Casa Solidaria, del Proyecto Matria, brindando servicios de asesoramiento legal y notaría en apelaciones ante la FEMA de damnificados por los huracanes Irma y María en toda la Isla, así como más recientemente, con el Colegio de Notarios de Puerto Rico.