Homenaje a Luis Rafael Sánchez

En 1976, Luis Rafael Sánchez encendió la imprenta con dinamita y nos lanzó a la cara a la China Hereje: hija bastarda de todas las mujeres literarias que no piden permiso. Leticia Franqui Rosario la describe con lirismo y crudeza: zafia, orgullosa, empantalonada, la China no escapa del deseo ni del hambre, y desafía la miseria con una dignidad que le ronca la manigueta. Su cuerpo no narra. Está más allá del bien y del mal: es texto, es signo, es vitrina de un país travestido de modernidad. Es madre, es puta, es sofá y es refrán: todas esas, ES; espejo tragicómico de nuestra colonialidad disfrazada de Estado libre. Y como Flaubert con su Bovary, Sánchez se confiesa en ella: “la China Hereje soy yo”, y Franqui la celebra como lo que es: metáfora andante de un pueblo guarachero que aún, pese a todo, se sueña libre. Gracias, maestro —por la risa, el cuerpo y la herida.
