Ya sabemos que nuestro gobierno, siempre tan carente y tan excesivo a la misma vez, es capaz de soñar con su propia lotería, convencido, como dice el anuncio, de que «la suerte lo anda buscando».
Mi preocupación con las epidemias comenzó con el VIH/SIDA a principios de 1980. Esa experiencia provee algunas lecciones que pueden servirnos de guía para lidiar con el brote actual de Ébola.