The White Tiger: Trucos

[dropcap]E[/dropcap]l encanto principal de este filme gracioso y estupendo reside en la actuación y personalidad del actor que representa el personaje principal. Adarsh Gourav es Balram Halwai, un pobre indio que tiene que usar su ingenio y, sí, su gracia, para emerger de su situación servil. Su aldea le pertenece a un ricacho que posee minas de carbón y no perdona a nadie que no le paga por tener sus casas en terreno suyo y, de no hacerlo, es capaz de matar y salirse con la suya. Desde chico Balram se distingue entre sus coetáneos porque es un gran lector y capaz de manejar el inglés y el hindi con soltura. Por eso, le dice su maestro, es como un tigre blanco: algo que se ve una sola vez en una generación. Esas dotes le consiguen una beca para ir a una mejor escuela en Delhi, pero cuando su padre no le puede pagar alquiler al patrón (a quien le llaman “La cigüeña”), su abuela lo fuerza a trabajar en la tienda de la aldea.

Sus ambiciones siguen latentes, pero como no ha vuelto a la escuela, alcanza su adultez sin una profesión. Una visita a la aldea de Ashok (Rajkummar Rao) el hijo del patrón que acaba de regresar de Nueva York con su esposa india, pero criada allí, le da una idea. Quiere ser el chófer de Ashok. Hay un problema: ¡no sabe guiar! Toma clases y vemos el entrenamiento que necesita un conductor en el enjambre que son las calles en la India. Los que han estado recordarán que además del gentío que pulula por ellas, hay vacas, monos, tuk-tuk, vendedores ambulantes, bicicletas, motoras y autobuses y casi nadie va por donde debe. Las lecciones están acompañadas de comentarios que hacen comedia. Como las maneja Balram incrementan su hilaridad y nos da un atisbo a su futuro.

Eventualmente, Balram llega a ser el chófer, pero a pesar de su dedicación a ser honesto, la ambición lo conduce por caminos tortuosos para lograrlo. Ashok y su esposa Pinky (Priyanka Chopra Jonas) no tratan a las castas menores de forma despectiva, de hecho, aunque no dejan dudas que él es un sirviente, hasta cierto punto, le muestran cariño y le dan su confianza. La parte del filme que súbitamente lo saca de lo que parece una cinta de costumbres a las realidades del país en que se desarrolla constituye el viraje dramático que nos prepara para el clímax y el desenlace.

Ramin Bahrani, el director y guionista del filme es un descendiente de iraníes musulmanes que nació en Estados Unidos. Basó la película en el libro de título homónimo de Arvin Adiga y ha construido un filme notable. Entender las idiosincrasias de otras culturas es fundamental para comprender como el mundo reacciona a las nuestras. Este filme no esconde el nivel de corrupción que existe en India y de cómo se usa para subvertir la ley. Como es el caso en este hemisferio, los ricos pueden manipular la peor situación para beneficiarse. El contraste entre lo que hace Balram y los que hacen sus patronos tiene grados de diferencia, pero es moralmente inaceptable. En esto el filme es ambiguo.

Por contraste, cuando por su sagacidad Balram sube a una posición que jamás pensó tener, trata a sus empleados como le hubiese gustado a él que lo trataran. No es lo único que se ha transformado. Desde el principio de la película notamos que el Balram que vemos es un Balram más sofisticado y acicalado. Es algo que ha ido aprendiendo de otros con quien ha tenido que compartir su sinuoso viaje al tope.

En lo que la cinta no titubea es en denunciar la corrupción sin enfatizar demasiado su crítica y sin convertirla en un panfleto de obviedades. No son solamente los guardias de tráfico y el que capitanea la estación de la policía, sino los políticos en las más altas esferas. El contraste con la corrupción que nos rodea es poco. Allí la gente se presenta a conseguir favores con bolsas llenas de dinero y, aunque nos imaginamos que algo parecido sucede en nuestro entorno, otra manera más fácil es que el gobierno le dé el dinero a alguien en contratos y de esos reciba de vuelta una mordida.

El ritmo de la cinta va marcado el incremento en tensión de lo que va a suceder que no nos sospechamos. Llegar a ese momento es un deleite, no solo por las actuaciones, sino por el estupendo guion y la impecable cinematografía de Paolo Carnera. Ayuda también la banda sonora y el montaje de la música que muchas veces parece emanar de la sonrisa de Balram. Hay que verla.

Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).