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Wonder Wheel: la venganza es mía

5 de enero de 2018 by Manuel Martínez Maldonado Leave a Comment
[dc]A[/dc] los 82 años Woody Allen hace películas que aún llaman la atención y con una consistencia que reta a artistas más jóvenes a producir lo suyo. Como suele ser el caso con muchos artistas, corren por su obra hilos que atan unas con otras, y unos temas resurgen a intervalos. El de la venganza es uno de ellos. Usualmente es presentado como resultado de una serie de coincidencias que conducen a una situación que no tiene salida, pero lo que le interesa a Allen el escritor es el efecto que las condiciones puedan tener sobre uno de los protagonistas. Usualmente, ese es un hombre atrapado por las circunstancias, como es el caso en Irrational Man, 2015; Match Point, 2005; y, notablemente en Crime and Misdemeanors, 1989.

En este filme, en que brilla de forma intensa la actuación de Kate Winslet como Ginny, una mujer atrapada por las circunstancias, Allen recurre a una situación que recuerda la historia de David y Bathsheba, al revés. Y lo hace estableciendo su cuento en ese campo de batalla de la muchedumbre del verano neoyorkino que es Coney Island. De la “estrella” del lugar, que se llama “Wonder Wheel”, proviene el título y nos recuerda que Allen es oriundo de Brooklyn y que sus referencias al lugar vienen desde Annie Hall. Es un lugar que tiene el efecto simbólico del esparcimiento, aún para los neoyorkinos que nunca han ido allí en el verano. Allen lo usa como trasfondo para adentrarnos en las vulgaridades inevitables de un mundo donde la pobreza y lo que puede ocurrir al margen de la ley se codea con la alegría momentánea que es “estar de vacaciones”.

La presentación pictórica del lugar es otro triunfo para el gran camarógrafo Vittorio Storaro, y para Allen, por volver a usarlo en uno de sus filmes. Los colores chillones, en particular el rojo y el amarillo, nos dan una visión adicional de los sentimientos de los personajes, además de la historia que ellos mismos cuentan, muchas veces dirigiéndose a la audiencia. En varias ocasiones, según el diálogo va adentrándose en las intimidades de Ginny y de su hijastra Carolina (Juno Temple), la luz y el color de la escena se opacan lentamente y la coloración refleja los sentimientos de las dos mujeres. Igual pasa cuando las intervenciones son entre parejas.

Como es siempre el caso con Allen, el diálogo va apoderándose de la personalidad de los personajes y vemos claramente cómo sus vidas han resultado ser muy distintas a lo que pudieron haber sido. La frustración de las dos mujeres, Ginny pudo haber sido una actriz importante y Carolina la esposa de un profesional o un buen hombre de negocios, es profunda. En cambio, una traicionó al hombre que más la quería y arruinó su carrera; la otra se ha casado con un gánster que la persigue.

Ginny es camarera en un bar de ostras y cangrejos y contribuye económicamente a mantener el hogar tirante e infeliz que comparte con su marido Humpty (un excelente Jim Belushi). Humpty trabaja manejando los caballitos (tiovivo dirían en Castilla), bebe (aunque está controlado) y cuando está borracho le pega de vez en cuando a Ginny; como si fuera poco, no se lleva para nada con su hijastro Richie (Jack Gore). El niño de diez años, hijo del exmarido de Ginny, es un incendiario en embrión y vive en el cine con el dinero que le roba a su padrastro.

Según vamos conociendo a Ginny nos damos cuenta que alberga ideas románticas irreales que, cuando conoce y se enamora de Mickey (Justin Timberlake), se van agrandando y entrando en un mundo de fantasías que sabemos que no ha de resultar. Además , entra en escena Carolina que está más cerca en edad a Mickey y es hermosa. No es casualidad que Mickey sea salvavidas en la playa. Allen usa esa metáfora para indicarnos, al fin y al cabo, lo contrario. El mismo Mickey declara que nunca ha salvado a nadie en la parte de la playa donde trabaja porque “allí nadie se ahoga”. Sin embargo, vamos viendo como sucumben los personajes a su alrededor ante la ola traicionera que representa su presencia.

El filme tiene el problema de la obviedad, pero como he dicho antes muchas veces, estar pendiente de la trama no tiene importancia. La interacción de los cuatro principales es lo que nos habla de las pasiones de las clases trabajadoras en los años cincuenta. Con todo propósito Allen nos hace recordar los dramas de “fregadero y un solo cuarto” ingleses y americanos de los cincuenta, la época en que se desarrolla el filme. En ese sentido los colores brillantes de la película son antítesis al género de filme noir que Allen ha querido presentar sin ser obvio (aunque hay varios gánster merodeando).

En aquellos filmes era un hombre el que desesperaba por tener más dinero, mejor posición. Y, por lo general era el hombre el que tomaba decisiones que lo hundían más en situaciones de las que no podía emerger sin heridas posiblemente mortales.

Kate Winslet es una maravilla en su papel. Su ansiedad, que tiene un breve momento de respiro, es inducida por su relación impetuosa con los hombres, incluyendo su hijo, y se vuelca en su contra porque su mundo ha evolucionado de ser una fantasía a estar muy cercana a la locura. Tanto así que recurre a un lapso ético de proporciones bíblicas, convirtiéndose en la heredera distante de la lujuria del rey David. Camino a su escena cumbre ante un teléfono, Winslet es inestable, arbitraria, celosa como una leona, y una enamorada del amor.

No se dejen engañar por la falta de humor del filme, pues no es uno de los propósitos de Allen. Concentren en los personajes y la cinematografía, y deléitense en la actuación de Winslet, una de las mejores del año.

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Manuel Martínez Maldonado
Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).
Posted in: Cine Tagged: Kate Winslet, Woody Allen

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