Un poquito
Aun cuando creemos que no queda nada, si nos apretamos un poquito, si buscamos donde no hemos buscado antes, siempre nos queda algo, alguito que…
Maestría en Psicología de la Universidad de Puerto Rico. Tiene más de treinta y cinco años de experiencia en prevención y manejo de violencia y maltrato en las relaciones de familia y en la convivencia social. Fue Directora del Centro de Ayuda a Víctimas de Violación y de la Comisión para los Asuntos de la Mujer. Fue miembro del grupo fundador de la Casa Protegida Julia de Burgos. Ha sido voluntaria, consultora y colaboradora de proyectos donde se promueven los derechos humanos y la paz en las relaciones de pareja, de familia, en las escuelas, en el empleo y en otros escenarios de comunidad. Sobre estos temas ha escrito artículos para revistas profesionales y periódicos. Ofrece talleres bajo un concepto de manejo, acompañamiento y adiestramiento de grupos en sus “bregas” cotidianas. Tuvo una sección de comentario social en las noticias de los Canales 11 y 6, desde donde reflexionaba sobre temas de actualidad. Es autora del libro de reflexiones "Un Momentito". Por sus aportaciones a la comunidad ha recibido innumerables distinciones y reconocimientos.
Aun cuando creemos que no queda nada, si nos apretamos un poquito, si buscamos donde no hemos buscado antes, siempre nos queda algo, alguito que…
Las amigas del alma, además de hacernos más hermanas caminando unidas en las luchas sociales, también podemos compartir una buena película, un par de copas de vino tinto o una taza de café –no siempre en ese orden.
La oportunidad está servida. Lamentablemente, también está servido el oportunismo. Tenemos la opción de escoger y la responsabilidad moral y profesional de hacerlo bien.
Te celebro como padre y como abuelo Oscar y quiero pensar que tu ejemplo de hombre amoroso, sincero y sencillo, se pueda convertir en una convocatoria.
Lo único bueno que trajo el embarazo a la vida de esas niñas fue la posibilidad de “dar a luz”, visibilizar y lograr que cesara una historia de abusos sexuales que había estado escondida en la privacidad y sacralidad de dos familias tradicionales.
Las prácticas de la violencia se han vuelto tan “familiares” y “normales” como los gestos y las caricias propias del amor. En las recetas tradicionales de crianza y convivencia, la violencia sazona el amor.
Evidentemente, las feministas, esas “mujeres inmorales”, han hecho algo muy malo: quebraron el sistema y “amenazan” con hacer la paz con justicia.
Lo habitual, chismear, especular y derramar sobre la vida de las víctimas nuestros prejuicios, no le hace justicia ni bien a nadie, ni como individuos ni como pueblo. Las víctimas –todas- merecen respeto y justicia.