A Laura

Laura Náter, Clases fuera del aula, 2011. Foto Indymediapr.org

Laura Náter, Clases fuera del aula, 2011. Foto Indymediapr.org

[dc]L[/dc]a conocí hace menos de una década. No hace tanto, pero suma casi un tercio de mi vida. A diferencia de otras mujeres entrañables que hacen nuestra vida vivible, con Laura no compartí caudales de historias, memorias, cuentos, que me insertaran en su círculo más íntimo. Por ello, el gran amor que me nació, insólito, por ella no reclama antigüedad. La quiero por afinidad, por complicidad, por la certera sensación que en todo apocalipsis ella y yo nos acompañamos en el mismo frente, camaradas.

Lau, tú te le metías a una por dentro; tú comandabas la vida. Inmediatamente. Contundentemente. Irrevocablemente. Dejabas a una dando vueltas en tu noria. Cada oración completada con el énfasis de tu inigualable ehhh era una mano extendida al pensamiento. Cuando se vive en un mundo como este, rehusado a pensar, que es lo mismo que decir a tomar riesgos, a ser valientes, a lanzarse contra lo establecido, a cambiar, tu “ehhh” cargaba consigo la única invitación que merece la pena: acompáñame a pensar.

Pero también a reír. Sin que se te viera costura alguna, combinabas las ideas y el humor. Escuchar un cuento de tu boca era una delicia como estar de vuelta a los orígenes de la humanidad, cuando contábamos cuentos para no morir. Y el sazón de todo lo anterior con una tshirt de “Life’s good”, mahones y tenis dejaba claro a toda hora que de la feminidad patriarcal, nada, y que de la prepotencia intelectual, menos. La verdad es que cuando nos juntábamos, fuera solas o en grupos más grandes, yo era feliz mientras sentía morir una versión de mí que no daba la talla y me esforzaba por parir una versión más adecuada, que es lo mismo que decir más libre, más aguerrida, más valiente.

Laura, viviste empeñada en resistir la mirada de exclusión y explotación que rige en gran medida este país nuestro para las mujeres y para todxs lxs cuerpos queer. Laura, viviste el cáncer sin rendirte a narrativas de batalla con el color de rosa de un traje sencillo y sin igual, sino afirmando la vida sin traje alguno, la vida rara, la vida dura, la vida plena, la vida gozosa, la vida con calma, la vida emperrada, la vida pata. Laura, te quiero, y mucho. Laura, gracias, gracias, gracias. Ah, y que no se me olvide, me quedo con tu red de amores, esa sí, sin igual: con Mercedes, con Simón, con Mabel. Laura, sé que ahora, justo ahora, me sonríes cómplice.

Beatriz Llenín Figueroa
Tiene un doctorado del Programa de Literatura de la Universidad de Duke. Actualmente, labora como catedrática auxiliar en el Departamento de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico, RUM. Sus intereses de investigación se relacionan con literaturas y filosofías caribeñas de los siglos XX y XXI, estudios caribeños, historias marítimas, pensamientos insulares y arquipelágicos y teorías críticas. También se interesa por el teatro independiente, y trabaja como editora para Editora Educación Emergente.