Rodríguez Guerra nos escribe sobre el cambio en el concepto de la moral, la práctica de la ética (palabra que lleva en su etimología griega lo que es el carácter y la costumbre) a un acuerdo que se lanza hacia una práctica en la cual se reducen los derechos individuales hasta el mínimo.
De acuerdo con el autor de este escrito, en la sociedad, el hombre actúa más que los actores en un teatro, y ya nadie entiende el comportamiento natural, produciéndose graves errores en la interpretación de los actos verdaderamente humanos.
El arte no es un lenguaje objetivo sino subjetivo. El artista podrá ser subjetivo al valorar la información que transmite, pero no por la forma de transmitirla.