Es una muestra que reúne la obra de tres artistas que trabajan, entre otras cosas, sobre la idea de transformarse, de mirarse y de entenderse en el marco de las complejidades de la cotidianidad.
Melvin abraza la pintura jugando con las hondonadas y las hendiduras que observa en el campo o en la urbe. Al mismo tiempo que retuerce la pintura, también la expande y trabaja con delicadeza.
La pregunta obligada de todos estos años ha sido cómo logra las formas tridimensionales en su pintura, y su metáfora explicativa es simple: el bastidor es un esqueleto y la tela es la piel. Nada más.
Juni se maravilla ante las posibilidades de lo cotidiano y lo adopta en lo que llama sagazamente ready-mades tropicales. Así cuestiona los parámetros tradicionales evocando lo sublime y lo salvaje del trópico.
La idea es el rescate y la restauración de sillones de hierro y vinilo inspirados en la arquitectura así como en los ideales sociales que abraza la comunidad de El Falansterio.