Sí, porque de eso se trata. / De que salió un chota a decir lo que todos sospechamos / Que en el momento más álgido / Y de dolor del pueblo. / El paso del huracán, / que tanta muerte trajo / Los Raulie, los Rickys y otros / Guardaban cheques en gavetas.
Cuando había una fiesta, él siempre era el centro. Si no la organizaba, estaba entre los primeros en el lugar. Tenía el don de unir gente porque era como un imán.
Fue periodismo a fondo. Sin embargo, persisten las dudas sobre quién lo financió, quién estuvo detrás de esta unión de canales competidores, quién o quiénes dictaron esa agenda, y por qué lo hicieron.
El rol del evangelista Yiye Ávila como fenómeno mediático en Puerto Rico ha sido descartado por los medios tradicionales que rechazan todo lo que represente un atisbo de religión o del mal llamado fundamentalismo.
El rol del periodista en estos tiempos de hiperconexión ha ido cambiando para extenderse más allá de los grandes medios incluyendo ahora medios alternativos como los blogs.
El PNP regresa a la estrategia que delineó el publicista Ramón Flores en los años 90, de apropiarse de los símbolos y mensajes que solían dominar los partidos como el Independentista y el Popular Democrático.
Los relacionistas somos licenciados porque estamos dispuestos a continuar estudiando, mejorando y promoviendo la ética en este oficio. Entonces, ¿cuál es el miedo?
Los escándalos siempre van a generar noticias, pero sólo una cosa puede ayudar a mantener la imagen de un político ante sus electores, la reputación de una figura pública o la marca de una compañía: esto es su credibilidad.
La polarización que es parte de la dinámica sociopolítica y cultural de los puertorriqueños, es también un fenómeno real en los medios que la reproducen y la alimentan, a veces de manera solapada o por conveniencia.
Estas predicciones se basan en conversaciones con periodistas, ex reporteros, profesores de periodismo e intercambios con entidades periodísticas. No es que sea una psíquica, pero las he pegado en los últimos dos años. Ya veremos…
El estadounidense promedio dedica casi nueve horas diarias frente a algún monitor. En Puerto Rico también se vive pegados a las pantallas de monitores o de celulares. ¿Estamos conectados?
La invisibilidad sobre las partidas a recortar y a quiénes impactará es algo que la prensa en EEUU aún no analiza en detalle. No le han puesto una cara a esos recortes allá, y acá es prácticamente un misterio.
Más que tratarse de la guerra usual entre periodistas que preguntan y políticos que ocultan informaciones, este caso plantea serias interrogantes sobre el ejercicio actual del periodismo en Puerto Rico.