Contra la demonización del virus. Brevísima historia de mi caso.

chloe cushman

[dropcap]C[/dropcap]uando comencé con los síntomas, yo misma no me lo podía creer. Lo mantuve en secreto porque me decía, «debe ser que te estás poniendo hipocondríaca». Llamé a varios hospitales cerca y uno me dijo que fuera a urgencia o emergencias. Sin embargo, como no me sentía tan mal y tenía mis dudas, seguí buscando información. Encontré que un hospital cerca hacía consultas virtuales. Se recomendaba no ir al hospital si se podía evitar por si el diagnóstico salía negativo no terminara uno agarrándolo en la sala de espera.

Di mi tarjeta de crédito y quedaron en llamarme ese día. Nunca me llamaron, pero noté que con los remedios caseros (incluyendo lo que puse en facebook de los ejercicios del pranayama) podía respirar mejor y sentirme mejor. Eso incluye respirar vapor con alcanfor y usar el poti con agua de sales marinas. Todo lo hacía un poco en privado, callada para no alarmar a mi familia y a mis amigos. Cuando a mi hija y a su novio les dio, sin que estuviéramos cerca desde hacía un mes, confirmamos que era el virus (algunos síntomas, fiebre, dolores intensos de cabeza, el pecho apretado, dificultad para respirar profundo). Y coincidíamos en que se podía seguir con un nivel de «normalidad». Claro, ayudó que estamos encerrados en la casa, sin mucho estrés y con la posibilidad de preparar bebidas y comidas saludables, con cantidades de ajo y jengibre. Bebía té verde, manzanilla y cúrcuma durante todo el día. Etcétera.

Han pasado creo que unos 15 días. Solo un par de veces me sentí que debía quedarme en la cama y simplemente dormir o no hacer nada. Y aquí estoy. De muy buen ánimo. Igual mi hija y su novio. Estas son nuestras conversaciones por teléfono, de cómo ha sido cada día y cómo uno se va sintiendo. Decidí compartirlo por si te pasa o le pasa a una persona cercana. Nuestra conclusión ha sido que como no tomamos medicamentos ni padecemos una condición severa de nada, el cuerpo nos dio los mecanismos para salir a flote. Y digo más, yo no sabía lo que era dormir muchas horas ya hacía muchos años. Podía pasar hasta días sin dormir. Y me hacía falta. La combinación de elementos utilizados en mi auto tratamiento me han llevado a dormir como un lirón, sintiendo una energía increíble, tener esa felicidad simple que da el buen dormir. No sé si nos puede repetir el virus y cuál sería el lapso entre uno y otro si pasa algo así. Pero, lo que sí te enseña esta experiencia es a pensar en la gente que te rodea pues no los quieres arriesgar. Dicho esto, estamos en cuarentena aunque digan que con 15 días basta. Mañana será abril.

Les comparto un fragmento del largo poema de T.S. Elliot The Waste Land

I. The Burial of the Dead

April is the cruellest month, breeding
Lilacs out of the dead land, mixing
Memory and desire, stirring
Dull roots with spring rain.
Winter kept us warm, covering
Earth in forgetful snow, feeding
A little life with dried tubers.
Summer surprised us, coming over the Starnbergersee
With a shower of rain; we stopped in the colonnade,
And went on in sunlight, into the Hofgarten,
And drank coffee, and talked for an hour.

Madeline Millán
Es poeta, narradora y traductora. Millán es profesora de castellano y literatura latinoamericana. En FIT/SUNY es una de las coordinadoras de Estudios del Caribe/Caribbean Studies. Entre sus publicaciones se encuentran: Para no morir por segunda vez (2002); De toros y estrellas (2004); Leche/Milk (edición bilingüe, 2008), el cual obtuvo el Premio Nacional de Poesía del PEN Club Internacional de Puerto Rico, 365 esquinas (2008) y Día Cero (2009, incluye también relatos), entre otros. Que el mar no me falte saldrá próximamente publicado por Editorial Isla Negra en otoño (2018). Su poesía ha sido traducida al inglés, portugués, italiano, francés y árabe. Tiene dos libros de niños inéditos, Secreto escondido en un caracol y Luna en una cuchara.