Después de firmar, dobló cuidadosamente el papel arrugado y lleno de borrones y se lo guardó en un bolsillo del pantalón. Caminó hasta la estación de correos más cercana, y al llegar se echó la gorra raída sobre la frente y se acuclilló en el umbral de una de las puertas. Contrajo la mano izquierda, fingiéndose manco, y extendió la derecha abierta.
Cuando reunió los cinco centavos necesarios, compró el sobre y la estampilla y despachó la carta.
José Luis González, La carta, 1948
Y debe ser un día, al amanecer, que toman la decisión de irse del país, todos esos hombres y mujeres que ahora no se llaman exiliados como los del siglo pasado, ni emigrantes como los de principios de siglo, ni tomateros como los de los años ’50 y ’60, sino cerebros.
Magali García Ramis, Cerebros que se van corazón que se queda, 1993
[dc]E[/dc]sta es mi segunda vuelta en 80grados e igual que en la primera, pienso nutrirme de lo que a ciencia cierta es ya mi fuente de información e inspiración: una aplicación virtual que se llama Facebook.
No deja de sorprenderme y me cuestiono todos los días cómo habrá cambiado el rol de los historiadores, ensayistas, editores y antólogos a raíz de esta nueva fuente de historia viva, actual y espontánea. Cómo hacen para estar al día de las nuevas tendencias, los nuevos debates, las nuevas retóricas, los nuevos asuntos, los nuevos chismes literarios y políticos los que no exploran estas nuevas rutas colectivas y virtuales.
Navegando pues por ese espacio en que puede uno hasta marearse como en un mar picado me topé con un diálogo que a continuación transcribo. Esta vez no fue en mi Muro, como se le llama al espacio virtual donde unos se lamentan, otros despotrican, algunos hasta cantan, y que en mi caso particular se ha convertido en un Muro de buenas peleas y reflexiones diarias, sino que fue en uno vecino. Fue algo así como escuchar una conversación ajena y no poder controlar el impulso de compartirla.
Es un diálogo que no tiene desperdicio y que no necesita explicación, introducción ni prólogo. Es un diálogo sencillo pero profundo, reflexivo y a la vez urgente. Por eso lo comparto. Quien primero habla o quien primero piensa en voz alta, deberíamos decir, es Marcos Pérez hasta hace poco Director del periódico Diálogo Digital. Las voces que le siguen incluyen escritores y pensadores culturales reputados. Escuchémosles pues:
Marcos Pérez: En las pasadas dos semanas se marcharon del País cinco personas cercanas, tod@s muy jóvenes y talentosos. Lo mejor se va, los buenos son menos, sigue envejeciendo la ciudadanía, cala duro la quedaera. Crece el lumpen. Ahora sí que viene el lobo y no es un cuento.
Magali García Ramis: Si vieras, Marcos, cómo la Historia se repite, y cómo lo que creíamos no podía florecer, vuelve a hacerlo en el corazón de los que nos quedamos…
Marcos Pérez: No tengo duda, querida Maga, que la esperanza florece en el corazón de los que luchan contra toda adversidad. Pero cuando tienes dos hijos (uno de cinco años y una de quince) la esperanza es un asunto presente y por el que no se puede esperar mucho. Basta del miedo, la mediocridad, la contaminación, la quedaera, la brutalidad, el paternalismo y la violencia. Quiero que mis hijos vivan en un lugar que los rete, que sean felices, cultos: que su aspiración no sea ser Miguelito, Zuleika o un boxeador. Que interesante que siendo tú mayor que yo, aún tengas esperanzas. Te soy sincero amiga, no tengo ninguna…
Natali González Villarini: Yo me voy también…
Eddie S. Ortiz González: El lobo está hace rato.
Martha Quiñones Domínguez: Se quedan los lumpen colonizados y algunos ingenuos que creemos que podemos mejorar el país.
Magali García Ramis: Tengo esperanzas, Marcos, precisamente porque he vivido momentos como éste, con la gente desesperada y de pronto, todo empieza a cambiar. A los 15 yo sólo escuchaba WHOA Radio, estación en inglés; mi héroe era John F. Kennedy, mi terror «la Cuba comunista» y mis artistas favoritos eran todos de cine: Yul Brynner, Deborah Kerr, Paul Newmann, Ingrid Bergman, Sofía Loren. No te preocupes por lo que uno idealiza a los 15, en cinco años todo habrá cambiado. (PD: No me equivoqué en admirar a esos artistas).
Ruben Ríos Ávila: Magali, tus palabras me recuerdan aquél bello ensayo tuyo, «Los cerebros que se van, el corazón que se queda», de hace bastantes años. Es un drenaje que lleva ya mucho tiempo ocurriendo.
Marcos Pérez: Ojalá me equivoque… pero creo que no es el mismo momento histórico Maga, para nada… los años a los que te refieres fueron duros, pero esto es una quiebra inminente. No es lo mismo. Pero ojalá me equivoque.
Magali García Ramis: Antes de cumplir los 50 años, uno siempre cree que la quiebra es inminente. Favor de ver inmediatamente Zorba el Griego, para mayor precisión filosófica y social.
Ruben Ríos Ávila: Acabo de conseguir tu ensayo, Maga. Lo pueden leer en: http://mruizmel.myweb.uga.edu/hipertextofinal.htm
Luzma Umpierre: Qué sorpresa que la gente emigre! Esas sí que son nuevas noticias! Nunca lo hubiera imaginado ni previsto. Por otra parte, los viejitos que se quedan quizás tengan más posibilidad de que se les dé valor finalmente; en todo hay un lado positivo.
Ruben Ríos Ávila: La propuesta de Marcos hay que pensarla, Maga, y tu ensayo podría ser un buen punto de partida. ¿Vale la pena el sacrificio de quedarse aquí por quedarse aquí, porque es un deber «patriótico»? A lo mejor ya hay toda una generación de puertorriqueños brillantes que se van precisamente para poder ser »buenos» puertorriqueños en otra parte. Porque aquí sencillamente no pudieron.
Magali García Ramis: Si, sí, claro, Rubén, y logran sus objetivos en otros lugares. Y eso está muy bien, pero algunos volvimos o nos quedamos, no necesariamente por «deber patriótico» sino por algo mucho más común y terrero: por las ganas. Las ganas de quedarse y vivir aquí, las ganas de lograr pequeñísimos cambios. Las ganas de seguir compartiendo con los de uno, aquí porque uno no quiere ir a otro lugar a echar raíces. Acabo de visitar a una amiga en un lugar idílico en Estados Unidos. Tienen un lago artificial cerca de su casa con columpios y botes para sus nenes. Nadie los ataca nunca. Pero yo no cambio caminar frente a la bahía –aunque tenga que mirar para atrás de vez en cuando por si el asaltante está al acecho– por pasear junto a ese lago bello y artificial, a ese simulacro…
Magali García Ramis: Aún antes de que el mundo se sintiera y fuese tan «globalizado» yo siempre creí en el derecho de cada quien a vivir donde escoja o pueda. No creo que por «deberes patrióticos» uno deba sentirse obligado a retornar al país natal. Ahora bien, tampoco creo que los que nos quedemos podemos obviar la responsabilidad para con la comunidad en la que vivimos. Si en San Francisco uno se uniría a un grupo que protege ballenas, aquí tenemos que luchar, desde muchas trincheras, para mejorar el país y protegerlo de los bucéfalos que lo explotan. Es así de sencillo, y claro, no tiene lógica porque si en otros lugares le pagan a uno más y le proveen más paz, ¿por qué no irse? De nuevo, por las ganas, porque algunos tenemos ganas de quedarnos…
Ochanle Acere: Aquí seguimos pues pa’lante que no hay de otra!
Neyda Morales: Hoy se va mi hermanita astral pa’ Chicago, a ganar más, a trabajar menos. Y yo no solo me alegro por ella, es que tengo una tristeza tan enorme por lo que eso representa, se nos sigue yendo el talento. Los que nos quedamos la tenemos más difícil cada día.
Neyda Morales: Marcos, si hicieras tus maletas mañana y te fueras aunque fuera pa’ la Florida, no te culparía. No culpo a los que se van. Yo también me fui, y regresé porque eran otros tiempos y otras circunstancias. Pero si hubiera sido en estos tiempos, sería otra la historia.
Magali García Ramis: Unos 20 años atrás, una de mis mejores amigas se tuvo que mudar para Florida porque su compañero tenía trabajo allá y no podía dejarlo. Nos pareció a todos terrible, porque ella era hacedora de la cultura, y de la cultura de aquí no la de Miami, por Dios. Poco años después pudo volver, y se trajo enreda’o al compañero, y empezó una labor que no tiene fin, sin fondos y casi sin apoyo, y aún está por ahí. Ella fundó Jóvenes del 98; él, Ediciones Callejón. La vida te da sorpresas.
Ochanle Acere: »Que te parece Cholito, que te van a desterrar, como si la ausencia fuera, remedio para mi mal…»
Pa Loma: Este intercambio cala hondo, porque aún cuando te vas a crecer en otras tierras no te vas del todo y siempre albergas la esperanza de volver. Este corazón ya tiene sus raíces en tierras catalanas, más el alma vuela todos los días a casa. Abrazos solidarios desde esta orilla:)
¿Habría que añadir algo más? Sigo pensando que el diálogo no necesitaba Introducción ni Prólogo, pero que este cierre final de Pa Loma, ese desgarre lejano de su voz es de por sí un gran epílogo al exilio imaginado y por muchos temido.
Y si no les molesta seguiré escuchando más conversaciones ajenas para compartirlas a esta temperatura caliente de los 80grados.
