El Higienista Social: Ramón Emeterio Betances y Alacán

[dropcap]C[/dropcap]uando escuchamos, del himno revolucionario de Puerto Rico: «Despierta Borinqueño, que han dado la señal», ya sabía yo a qué se referían nuestros próceres. De muchas formas lo venían diciendo en sus prosas, versos sueltos y canciones: “¡Despierta de ese sueño, que es hora de luchar!”.

Luego del huracán María, despertamos de un sueño largo de abusos, de atropellos, y de esta esclavitud de nunca acabar; pero, ya basta. En una de sus valientes aportaciones, Eugenio María de Hostos dice: «Quiero gloria, y por ella abandono hoy mi Patria, mañana mi felicidad, un día la vida. Quiero que digan: En esa isla nació un hombre que amó la verdad, que anhelaba la justicia, que buscaba la ventura de los hombres». Esto, consciente de que “Las pasiones del hombre, ¡cómo nacen, cómo crecen! Una chispa las crea, un soplo las inflama».

Enfrentamos ahora un gran desafío en la sucesión de retos que vivimos. Luego de sobrevivir al huracán María en 2017 llegamos, durante el verano de 2019, a la expulsión del entonces gobernador Ricardo Rosselló, luego de la publicación del chat de 889 páginas. Él y sus colaboradores se revelaron como conscientes agentes del enriquecimiento ilícito y expertos en convertir el gobierno en instrumento de discrimen, de odio de todo tipo y persecución. El chat puso al descubierto el putrefacto ADN que, con el ropaje de un personaje ficticio, siempre quiso ocultar Rosselló.

Parece, sin embargo, que del verano del 19 el gobierno no aprendió. Y llegamos, entonces, al terremoto 6.4 grados de las 4:24 de la madrugada del 7 de enero de 2020 y el enjambre de sismos que le siguió en Guánica, Guayanilla, Yauco y demás pueblos del suroeste. En esta emergencia por un terremoto que despertó a todos los puertorriqueños, que dejó a toda la Isla sin energía eléctrica y a una inmensidad de familias del área del epicentro sin casas y sin otras pertenencias, también hicieron presencia la mezquindad, la maquinación y la insensibilidad de una burocracia gubernamental ajena a las urgencias humanas. En esa coyuntura, las familias que no perdieron sus casas, también se vieron obligadas a dormir con el cielo como techo, debido a la inseguridad y el temor de que en cualquier momento sucediera un sismo mayor. Ahora siguen luchando con el apoyo de muchos puertorriqueños que, de inmediato, llegaron con valentía y amor a ayudar al prójimo, allí donde el gobierno llegó a medias, llegó tarde… o, sencillamente, nunca llegó. Donde, ante un gobierno carente de proactividad, los ciudadanos tuvieron que abrir a la fuerza y poner al descubierto el famoso almacén de Ponce, repleto de suministros escondidos desde el huracán María, sabe Dios con qué fines, y que eran necesitados en el suroeste por los damnificados. Otra razón más para la desconfianza de un pueblo siempre agredido por las injusticias de estos gobiernos.

Tras todo eso, ahora nos toca la crisis con el coronavirus, una pandemia que, desde la alerta de los primeros casos conocidos en la Isla en marzo pasado nos ha cambiado la vida. Impusieron un mandato de aislamiento social y un toque de queda para frenar expansión del virus. También, la hazaña colectiva que implica la supervivencia de miles de profesionales y trabajadores por el cierre que esta crisis de salud impone a la economía.

Dos Secretarios de Salud renuncian en el lapso de una semana. Escándalos con la compra de pruebas, respiradores y otros recursos necesarios para combatir la crisis. Escándalos protagonizados por los mismos que, haciendo de cada tragedia social su terreno fértil, se roban con “órdenes de compra” y “contratos” el dinero público y trafican sin piedad con el dolor. Claro, mientras se activan los “amigos de la casa”, consultores y contratistas que como buitres ven en esta crisis de salud simplemente una oportunidad clientelar; se activan también como digno contrapeso los que, por compromiso social, siempre lo están: los médicos y demás profesionales y trabajadores de la salud física y mental; los policías y todos los servidores públicos y privados del área de la seguridad y la higienización; los maestros desde sus distintas trincheras, los trabajadores sociales y todos los ciudadanos con compromiso y sensibilidad.

Respetando las diferencias históricas, son estas mujeres y estos hombres los que, en una coyuntura tan difícil como esta y sin tener a mano los recursos y las condiciones que el momento exige, nos hacen recordar la gesta social para atender a los más necesitados y salvar vidas en medio de la epidemia de cólera que azotó a Puerto Rico en 1856. Una gesta liderada por el Ramón Emeterio Betances y Alacán, médico, higienista, diplomático y Padre de la Patria, cuyo natalicio este 8 de abril, el número 193, una vez más pasó inadvertido en nuestra nación.

La alta mortandad que produjo aquella epidemia probablemente alteró hasta la composición racial del País. El cólera entró a Puerto Rico por Naguabo el 10 de noviembre de 1855 y hasta diciembre del 1856 casi toda la Isla se vio afectada por la epidemia, en ruta de este a oeste. Se fue propagando de unos pueblos a otros, produciendo 25,820 víctimas según los cálculos oficiales. Llegó al máximo de su expansión geográfica cuando invadió Mayagüez y San Germán, cuyos territorios municipales abarcaban gran parte del área sur y oeste.

Un dato muy importante es la manera y preparación en que realizaron los servicios de sanidad en la Isla. Desde el día 10 de noviembre de 1855 en que se reportó el primer caso, las Juntas de Sanidad de la Capital, Naguabo, Ceiba y Fajardo, comenzaron a reunirse de emergencia. Según se propagaba el virus se evidenciaba más la falta de médicos. Los demás cabildos organizaron, al efecto, sus Juntas de Sanidad, procurando tener siempre un médico y cuando no, un boticario. Se recomendó la observación más rigurosa de todas las medidas de higiene pública establecidas para toda la Isla.

De hecho, la Junta de Sanidad de Mayagüez circuló una “Instrucción Popular” acerca del cólera morbo durante el mes de noviembre de 1855, para recomendar los tratamientos que debían aplicarse, aún sin la ayuda del médico. Y de igual forma se hizo a nivel general con una serie de recomendaciones de autoprotección, en un ambiente en el que la desigualdad social en el que la pobreza dejaría a miles de puertorriqueños en el estatus de condenados a muerte.

El Dr. Betances, radicado en Mayagüez, ante la inminencia el cólera se distinguió como médico, curador por excelencia, abolicionista y político que abogo siempre por la independencia. Acabado de graduar y recién llegado de París, donde se graduó, tuvo que ayudar y manejar la situación del cólera en la Isla. Se le reconoce por arriesgar su vida combatiendo la epidemia en Mayagüez. Para entonces, Betances era uno de los cinco galenos que tendrían que cuidar a 24,000 residentes. Él y el Dr. José Francisco Basora (colega y de quien, desde ese momento, se hizo gran amigo de por vida) alertarían al gobierno de la ciudad y presionarían a sus dirigentes para que se tomaran acciones sociales, salubristas y preventivas.

Un fondo de subscripción de emergencia fue establecido por algunos de los habitantes más adinerados de la ciudad. Betances y Basora habían incendiado los cuarteles de esclavos de la ciudad, debido al foco infeccioso que en conjunto representaban por su estado antihigiénico. Habían establecido en cambio un campamento temporal para sus habitantes. Un gran espacio en una esquina de la ciudad fue destinado para un cementerio suplementario; y Betances estableció y administró un hospital temporal cerca a este (el cual más tarde alojó una estructura permanente y se convirtió en el Hospital San Antonio, el hospital municipal de Mayagüez, que todavía sirve a la ciudad).

Sin embargo, la epidemia golpeó la ciudad poco después. La madrastra de Betances y uno de sus hermanastros morirían a causa de la misma. Fuerte golpe el de vivir en carne propia el dolor de perder a sus seres queridos. Para octubre de 1856, Betances tendría que cuidar de toda la operación por su cuenta temporalmente. Se dice que gozaba de tanta popularidad entre los muchos contagiados que salvó, que lo veneraban como a un santo. El Dr. Betances alegaba que el tacto del médico era la mejor guía del tratamiento, que debía vigilarse incansablemente al enfermo para escoger el momento propio para la aplicación del remedio. Así lo predicó y así lo practicó con esmero, el Maestro, con cada paciente que tocó.

La medicina social, higienista, jugó así un papel bien importante durante el siglo XIX. El higienismo y la medicina social, preventiva, tuvieron un elemento en común, que fue impulsar en la práctica el reconocimiento de la salud como un derecho atado a lo que entonces se llamó la cuestión social; es decir, la preocupación por las condiciones de existencia de las clases más necesitadas. De esa manera, si la medicina debía atender los problemas de salud, tenía en consecuencia que interesarse por la realidad cotidiana de las clases más desfavorecidas, puesto que de la pobreza, venían en gran medida las enfermedades que sufría la población. El higienismo y la medicina social impulsaron al médico a ir más allá de su función de curar enfermedades, hasta convencerlo de que su saber le obligaba a jugar un papel protagónico en el seno de la sociedad, en la conducción con justicia del gobierno de la nación.  Lo llevó a entender que esta responsabilidad social del médico va más allá de la medicina, pues se trata de un asunto de vocación, amor y solidaridad.

Valentía, bravura, en verdad. Por eso el título de «Médico de los pobres y los esclavos» es correcto, pero resulta corto para describir el ejemplo universal que dio el insigne caborrojeño, de poner la ciencia al servicio de la vida, sin importar obstáculos, impedimentos, peligros y carencias. Fue el abrazo entre la vocación de servicio y la plena honestidad. Eso explica la importancia que tiene en estos tiempos de tanta corrupción política, de tanta desigualdad, de tanto mercantilismo y de tanto racionamiento en la salud, dar a conocer y demostrar la vigencia de esta obra científica y social.

En la siguiente grafica resumo, el contenido de esta geografía social que, posteriormente igual que Eugenio Maria de Hostos, dirigía a ese Ser Social en su hábitat, en su medio ambiente, que es la moral, la ciencia social y la teoría del conocimiento.

Proyección Social de la Medicina

Sistema de Salud, Medicina Social, Higienista

Sistema de Salud, Elitista Selectiva                                                      Medicina Social, Higienista

Como colectivo ambas deberían de trabajar mano a mano, Educación, Derecho

Si no tenemos las herramientas necesarias para trabajar con la salud de un pueblo, y más los empleados de la salud bajo un gobierno que les niega y desvía los recursos públicos, nunca saldremos del hoyo. Y podremos salir adelante, solo manejando esta emergencia con justicia, total transparencia y honestidad.

Por eso indigna tener que escuchar a uno de los integrantes del llamado “task force” médico decirnos que pasemos la página en torno a los casos, sospechosos de corrupción en el Departamento de Salud y otras agencias, relacionados con la adjudicación de contratos de compra de pruebas y respiradores para afrontar el coronavirus. Pues, que sepa el galeno que ya estamos hartos de pasar páginas; eso lo dejamos a los estudiantes de escuela. Este pueblo no va a dejar que se pasen las páginas del tumbe millonario de las pruebas del Covid-19. Ahora, puertorriqueños que somos… Adelante siempre!

 

Referencias

Ramonita Vega Lugo, Epidemia y Sociedad: Efectos del Cólera a Morbo en Puerto Rico y en Costa Rica a Mediados siglo XIX, 9no Congreso Centro Americano de Historia www.novenocongreso.fcs.ucr.ac.cr

Paula Alejandra Rojas, Agencia Latina de Noticias de Medicina, Ramón Emeterio Betances: El Médico del Pueblo Boricua Publicación:10 de diciembre de 2017                                                                                             https://medicinaysaludpublica.com/ramon-emeterio-betances-el-medico-del-pueblo-boricua/

Ana Quintana, Higienismo y Medicina Social: Poderes de Normalización y forma de Sujeción de    las Clases Populares, articulo junio 2011                                                                                                                               https://www.researchgate.net

María A. Cintrón Ríos
Trabaja actualmente en el Departamento de Educación en el área de Educación Especial en sus quince años, llevando el pan de la enseñanza y conocimiento, Artesana y artistas en muchas facetas. Nace en el pueblo de Aguadilla. Su crianza niñez y adolescencia en el pueblo de los próceres de los atenienses de Manatí. Donde curso su Grado de Escuela superior Fernando Callejo. Luego obtiene un Grado de Bachillerato en Humanidades con una certificación en Estudios Religiosos y un mayer en secundaria de Español y en el área de Educación Especial en la Universidad Central de Bayamón. Se destaca en la labor social y comunitaria e incluyendo a sus estudiantes en las mismas. Ha participado en preparación de diferentes proyectos y aun sigue en los mismos; Presentación en la Librería Casa exponiendo sus trabajos de pinturas Viajando en busca de la Estrella de Belén, Proyectos de investigación PBL con los mismos estudiantes sobre los Derechos Humanos….Desde que descubrí y que comencé a estudiar la geografía social, moral de Eugenio María de Hostos, lo que es la ética, razón en su pensamiento crítico en muchas áreas de la educación Hostosiana me ha llevado al desarrollo de la razón del ser humano que debe de ser dirigida a la enseñanza artística y científica. Mi más sentido de la vida es la esencia del ser Humano y ser solidaria en la defensa de los Derechos Humanos.