Extra terrestres: ¿Cuál de ellos?

[dropcap]E[/dropcap]n la mansión del dueño de un negocio de pollos las cosas no son exactamente como parecen. Todos los que allí viven tienen algún secreto que laboran para ocultar. Ninguno de esos secretos es más grande, sin embargo, que el que trae Teresa (Marisé Álvarez) la hija mayor del patriarca Arcadio Díaz (Emmanuel “Sunshine” Logroño). La muchacha (bastante madurita a los 33 años) se fue de su casa hace siete años a estudiar astrofísica, y esa conexión con galaxias, supernovas, soles, planetas, lunas y escombros celestiales, habrá de ser el vínculo con los extra terrestres. No es accidental que la guionista directora Carla Cavina separe esos dos nombres, pues vamos descubriendo que, como dicen por ahí, cada loco con su tema.

Teresa viene a dar la noticia que es gay y que se casará con su compañera Daniela (Prakriti Maduro) quien también es astrofísica. Juntas trabajan en el observatorio de Teide en Tenerife (Islas Canarias) y es allí donde planean casarse. Entre las dos han hecho descubrimientos celestiales de envergadura, y tienen su renombre.

Arcadio es, sin duda extra y terrestre (cualquier semejanza a una persona con idéntico nombre es pura ficción). Van disfrazado de mexicano, y sus ideas, comparadas con lo que sabe su hija de la expansión del universo, la explosión de las estrellas, la formación de hoyos negros y la relatividad del tiempo, son de una anacronismo que remontan al origen del hombre cavernícola. Es un astuto hombre de negocios y tiene cierto orgullo (merecido) de que sus pollos no son congelados, sino “frescos” (hasta donde un pollo muerto puede no serlo). Sus pies están firmemente anclados en la tierra donde nació y, a pesar de los listo que es, todos sus familiares lo engañan.

Su mujer Genoveva (Elba Escobar) es muy terrestre y su extra es uno de los secretos más amenos del filme. Simpática, comprensiva y entendedora, es la que más secretos conoce, sin revelar el pastel. Andrea (Laura Alemán), la otra hija de Arcadio, esconde, tras un patina de hermana tonta y trivial, un secreto carnal que trasciende lo terrestre para escalar por lo menos un piso de la casa en que vive. Su hermano Junio (Yamil Collazo) es firme defensor de la industria de su padre, que está bajo ataque de los contrincantes comerciales, con la ayuda oculta del gobierno de turno y de abogados corruptos. Es el más terrestre de todos y su extra es la secretaria del padre, que se ve muy terrestre.

Además de estos mundanos tenemos una de las revelaciones de la película, el sobrino de Teresa, Andrés (Mauricio Alemañy), un niño que sufre del síndrome de Aspreger’s  y tiene dotes definitivamente extraterrestres: es un genio científico y sus habilidades mecánicas lo perfilan como inventor de talla. Este hermoso niño actor hace a su personaje “súper extra”, a pesar de ser terrestre. La otra revelación es la excelente actuación dramática de Logroño que suple a su personaje de ironía, sarcasmo y, al fin y al cabo, de comprensión con pies de terrestre aguantados por los billetes.

Los sucesos en la tierra de la familia Díaz, parecen regidos por los sucesos extraterrestres: explosiones solares, lluvia de meteoros, movimientos extragaláticos, etc., constituyen un conjunto de imágenes especiales que dan fe del esmero de la edición de Diego Cardier y la directora, aunque hubo veces que las transiciones de lo terrestre a lo extra me parecieron arbitrarias y no añadieron al impacto de lo que ocurre en la tierra, ni ayudaron a mover la trama.

Al principio de la cinta me inquieté con todo el costumbrismo y regionalismo. No es necesario en cada película puertorriqueña explicarle al mundo nuestras idiosincrasias, tal y como no lo hace ninguna otra nacionalidad cuando hace una. Por suerte, duró poco. La película es agradable y goza de la excelente cinematografía de Pedro Juan López y de buenas escenas, bien actuadas. Una, en la “corte federal”, me pareció de gran nivel, tal vez lo mejor del filme. Los muchos temas que cubre la guionista son de actualidad y están presentados con sobriedad. La arbitrariedad de las agencias federales me pareció un gran tema, bien manejado. En fin, un buen debut como directora de largo metrajes de Carla Cavina.

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Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).