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Guánica

12 de enero de 2012 by Iván Chaar López 125 Comments
[dc]U[/dc]na fresca mañana en Guánica me envuelve con su aire salado. La brisa agita las calles desoladas y las ventanas abandonadas. La mala yerba crece entre las rendijas de las aceras. El cemento cede, se abre ante la perseverancia de la naturaleza y sus tercas raíces. Desde el tendido eléctrico observan cautelosos los changos, anticipando la sorpresa de la inadvertencia. Velan güira ante la mirada distraída de la gente que camina y navega las carreteras buscando desalarse, como si pudieran, en el mar.

Me decido y abandono la casita. Cierro la verja. Tranco la cadena con el candado. Me hecho a andar. Así me inserto en la corriente con ganas de agua de mar, pero, a diferencia de los demás, le devuelvo la mirada a los changos. Desde la altura, todos conservamos la misma proporción.

No hay más que bajar la cuesta y reaparecen las casas trancadas, despobladas, y los lotes vacíos tornados en orgías desechadas. La maleza esconde varios umbrales que para accesar habría que andar con machete encima. Al lado de lo que fue un restaurante, hogar de la jartera y el diente afila’o, ahora entiendo a los changos, tablones de madera marcan la frontera. Allí tampoco se puede entrar.

El tiempo se deja sentir en cada espacio, en lo que lo con-forma. Las maderas carcomidas apenas se pueden mantener en su lugar. Los clavos corroídos que las sujetan están a punto de ceder. Las rejas enmohecidas tan siquiera se pueden mantener de pie, sólo las sostienen el matorral. Allí donde el sueño de el turismo del bembé y el sol edificó sus sueños, los estragos del colapso económico dejan su huella en cemento, madera y bolsillos quebrados. La esperanza que una vez unió al viento y al mar con el asfalto y la varilla es ahora sustituida por la desolación, el abandono o, quizá, el olvido.

Llego a la playa y el viento me azota cual regaño añejado. Me recuerda mi prolongada ausencia, mis paseos infantiles alrededor de la Central de Ensenada con sus chimeneas enfilando humeantes deseos y cenizas al cielo. La orilla quema la suela de mis pies y me transporto al alargado camino que me condujo hasta aquí por primera vez.

El calor isleño cubría mi cuerpo con sudor. El sol se asomaba, como desinteresado, entre nube y nube. Zumbía el viento y golpeaba el auto que avanzaba con brutal fuerza por la vía. Pastizales, maleza y ramas repletas de hojas intervenían en nuestro favor. Se las jugaban contra el sol, pero la perseverancia astral no se detuvo en su afán por llegar a su querencia y quemarla, por consumirla en un beso eterno.

Figurados como sujetos iluminados, nos asombramos ante el fracaso de nuestras manos o ante la barbarie de nuestro optimismo desmedido. Invertimos todas nuestras fuerzas en la edificación de quimeras de concreto. Más que enamorados con las purezas formales del modernismo, ¿será que vivimos fantaseando nuevos escombros? La central no es más que otro hilo más del complejo tejido de olvidos y abandonos, de los flujos poblacionales que llamaron hogar lo que ahora es broza. El hogar es, si acaso, un escombro futuro, la estructuración de un fracaso dilatado.

Hay algo con este lugar, sobre todo con Playa Santa y Ensenada, que te embelesa con su abandono, con su espectro de otros tiempos. Veo este espacio y no hago más que pensar en la queda(era): la era que se queda, lo que queda que era. ((Véase la serie de ensayos de Juan Carlos Quintero-Herencia sobre la queda(era) I, II, III.)) No se puede ser más que escombro, un disturbio molecular que en la quietud fingida de la mirada congela lo que le rodea y lo transforma en lo que ocupa los vestigios de nuestra memoria. No somos más que vertedero de ensueños y chatarras. La violencia del silencio, de lo in-articulado y lo no-visto. Algo me atrae a este sitio, pero qué rayos es.

En la turbidez del silencio me zambullo en el mar.

*Publicado también en el blog del autor, Multutud enredada.

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Iván Chaar López
Iván Chaar López
Iván Chaar-López nació en San Juan, Puerto Rico y obtuvo su bachillerato en historia de las Américas y su maestría en Historia, de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. Desde el 2012, cursa estudios doctorales en American Culture y Latina/o Studies en la Universidad de Michigan, Ann Arbor. Su trabajo conversa con los campos de nuevos medios, arqueología de medios, historia cultural y estudios culturales.
Mantiene su blog "Multitud enred(ada)" desde febrero de 2010. Ha colaborado, además, en múltiples ocasiones con Diálogo Digital y fue uno de los columnistas co-fundadores de la revista digital 80 grados. Asimismo, fue miembro fundador de la revista Cruce e integrante de su Junta Editorial (2011-2012).
Posted in: Puerto Rico Tagged: Guánica

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