La Isla Nena en tarima y la marina como objeto

(De Vieques, 1998 a Ceiba, 1999)

[dropcap]N[/dropcap]uestra última parada en Vieques, antes de regresar a la isla grande, fue en casa de Ismael Guadalupe. No tengo fotos de ese encuentro. La únicas fotos que tengo de Ismael son de la gran marcha de Todo Puerto Rico con Vieques, celebrada el 4 de julio de 1999, en la base naval de Roosevelt Roads en Ceiba. Las fotos que tengo de Ismael, objetos que uno guarda para hacer memoria de las luchas, muestran una dimensión de la presencia militar en Vieques: aquí la marina aparece como objeto. Para llegar a estas imágenes, para reflexionar acerca de la aparición de la marina como objeto, permítanme este largo recorrido.

Volvamos a Vieques, 1998. Llegamos a casa de Ismael. Nos sentamos en el patio de su casa e hicimos un círculo para escucharle hablar de las luchas viequenses. La visita a casa de Ismael confirmó uno de los rasgos ya observados por nuestro grupo. Vieques es tierra de maravillosos narradores. Son los viequenses exquisitos griots, maestros de la oralidad, saben muy bien cómo desarrollar relatos de vida a viva voz. Por ejemplo, Carlos “Prieto” Ventura es un narrador cálido, capaz de conmover a su audiencia hasta cuando detalla información científica, puesto que le infunde un tono emocional a sus relatos, al revelar las consecuencias de las tecnologías de guerra de la marina. Por su parte, Carlos “Taso” Zenón es un narrador con gran sentido de la trama, del desarrollo de la acción, que orienta sus relatos al testimonio de acontecimientos experimentados directamente. Su sabiduría práctica, sus análisis de tácticas y estrategias de lucha, han sido gran escuela para muchos de nosotros. El sentido de urgencia con el que Taso apela a la justicia en sus testimonios es de una lucidez desgarradora.

También Ismael es un poderoso narrador. Pero su estilo es diferente. Maestro de teatro de la escuela superior de Vieques, combina sus dotes histriónicos con una capacidad de análisis para interpretar la historia de la marina en la Isla Nena. Sus síntesis de las distintas coyunturas son ingeniosas y profundas. Su capacidad para enmarcar el caso de Vieques en distintos registros geopolíticos es sumamente sorprendente. Según Ismael, Vieques era una sociedad pujante que había sido destruida por la marina. “Lo único que la marina no ha podido destruir”, recalcaba Ismael, “es el deseo de lucha de este pueblo.” Más que la historia de una gran derrota, para Ismael la historia de Vieques era un relato de pequeñas conquistas. Con estas palabras, ya Ismael adelantaba una primicia de la lucha venidera.

Aunque no tengo fotos de aquella visita, se me quedaron dos imágenes compartidas por Ismael en su entrevista. La primera correspondía al Plan Drácula, un plan del gobierno de Estados Unidos para cederle la totalidad de los terrenos de Vieques a la marina. Ismael introdujo aquel el relato con esta poderosa síntesis: “Si los viequenses estamos aquí hoy, se debe a los muertos, no se debe a los vivos.” Según nos contó, Muñoz Marín logró disuadir a los norteamericanos de que no sacaran a los viequenses de su isla. Alegaba que la reubicación de los viequenses provocaría un escándalo en la comunidad internacional, pues la marina también se vería obligada a tener que sacar de Vieques a los muertos.

Esa imagen cobraba varios sentidos al ser escuchada en el patio de Ismael y Norma. Las tumbas de la familia Le Guillou, fundadores de Vieques, colindan con el patio de la familia Guadalupe Torres y pueden ser vistas desde allí. En el año 1994, esas tumbas entraron al National Register of Historic Places (Registro Nacional de Sitios Históricos) de Estados Unidos. La conmemoración de la familia fundadora de Vieques, implícita en el relato de Ismael, en su interpretación histórica de Vieques como una isla pujante que fue destruída por la marina, era un mito fundacional estratégico que no está exento de contradicciones. Las tumbas de la familia Le Guillou, vistas en el contexto del relato de Ismael, simbolizan la entrada de Vieques en el registro histórico de los colonizadores. La declaración de estas tumbas como lugar de la memoria histórica de Estados Unidos pudo estar motivada por el miedo de los isleños a ser expulsados de su tierra. No es la primera vez que los oprimidos utilizan los instrumentos del opresor para protegerse. Desde la perspectiva viequense, este gesto puede interpretarse bilateralmente: el pueblo lucha por defender su tierra en honor a sus difuntos; pero los muertos a su vez son guardianes de la Isla Nena, pues alientan el deseo de los viequenses de quedarse en su tierra.

Le Guillou, como muchos otros franceses del Caribe a mediados del siglo 19, era un esclavista. No estoy seguro de que Ismael, desde la colindancia de su patio, se considere a sí mismo como un guardián de aquellas tumbas, pero no deja de ser contradictorio, y hasta irónico, que la tumba de un esclavista quizás fue registrada como sitio histórico en un intento por desalentar las intensiones de la marina de sacar a los viequenses de su isla. El gesto de registrar las tumbas como memoria histórica federal inscribe la historia de Vieques dentro de las redes de la esclavitud y la trata humana. Ese contradictorio gesto puede interpretarse como un mensaje velado, como una indirecta, al colonizador: aquí está nuestra historia, una historia que tú puedes entender, pues tu historia es la historia de los esclavistas. Sin dejar de ser problemático y contradictorio, ese gesto al menos asegura a los viequenses un acceso a las contradicciones de su historia, a las zonas memorables y objetables de sus mitos fundadores. Ojalá que algún día los viequenses se motiven a explorar la historia de estas tumbas y reflexionen sobre los vínculos de la Isla Nena con la esclavitud y el racismo.

La segunda imagen que se me quedó de la entrevista con Ismael fue otra síntesis sumamente contundente: “Vieques es el Guánica de 1998.” Así explicaba Ismael su planteamiento de que los actos de conmemoración de los 100 años de colonialismo en Puerto Rico debieron hacerse en Vieques y no en Guánica, pues era en Vieques el lugar donde la intervención militar norteamericana se sentía de forma más patente: “Vieques es una maqueta donde tú coges todos los problemas de Puerto Rico. Yo no sé en Utuado, si en Utuado tienen un gringo cerca, como lo tenemos nosotros… Nosotros sabemos lo que es intervención militar, entonces, nosotros sabemos. Vieques es el Guánica de 1998, porque nosotros lo tenemos aquí. Eso, yo… había planteado que esa actividad de Guánica donde había que darla es aquí, no es allí. Ya aquello es cosa del pasado, vamos a dejarnos de estar bregando con fechas, vamos a bregar con lo que está ahora, y es Vieques. Vieques es el Guánica de ahora. Vieques es donde tú sientes los bombardeos.” El fin del siglo 19 nos había sorprendido en Guánica, pero el fin del siglo 20, gracias al ingenio de Ismael, no iba a agarrarnos por sorpresa. Al año siguiente, cuando estalló la bomba que mató a David Sanes, ya sabíamos adónde teníamos que ir a dar la lucha.

Para mi sorpresa, la próxima vez que vi a Ismael no fue en Vieques, fue en Ceiba, el 4 de julio de 1999, en una gran marcha organizada frente a la base naval de Roosevelt Roads contra la presencia de la marina en Vieques. Aunque Vieques era el Guánica de 1998, Ceiba era más accesible para quienes se solidarizaron y abrazaron la consigna de “Todo Puerto Rico con Vieques.” Si muestro las fotos de Ceiba es para dar fe de que el acontecimiento “Paz para Vieques” fue expandiéndose más allá de los litorales de la Isla Nena.

En su libro El ser y el acontecimiento, Badiou enfatiza que: “Sólo hay acontecimiento en una situación que presenta al menos un sitio. El acontecimiento está ligado, desde su misma definición, al lugar, al punto, que concentra la historicidad de la situación. Todo acontecimiento tiene un sitio singularizable en una situación histórica” (202). Vieques fue sin duda el sitio del acontecimiento que transformó nuestra situación histórica de fin de siglo. El acontecimiento no fue la muerte de David Sanes, sino la consigna que sirvió de respuesta a su inesperada partida: “Paz para Vieques.” Aquella respuesta nombraba el acontecimiento pues forzaba la presentación de aquello que era ajeno a la situación histórica de Vieques, una isla que no podía tener paz mientras fuera ocupada militarmente y bombardeada por la marina.

Si evocamos libremente la idea de acontecimiento de Badiou en este contexto, podemos decir que “Paz para Vieques” fue el nombre del acontecimiento, mientras que la consigna solidaria de “Todo Puerto Rico con Vieques” fue uno de los modos que tuvimos para declarar nuestra fidelidad al acontecimiento. El acontecimiento, en este caso, “Paz para Vieques,” tiene un sitio, está ligado al lugar donde emerge una demanda, en este caso la paz, inconcebible dentro de la situación de Vieques, siendo una isla ocupada por fuerzas militares. Sin embargo, la fidelidad al acontecimiento, en este caso la marcha de “Todo Puerto Rico con Vieques” celebrada en Ceiba, el día de la independencia de Estados Unidos, recompone las coordenadas del acontecimiento. La fidelidad hace que el acontecimiento se salga de su sitio. La fidelidad es la experiencia de estar fuera de lugar. En otras palabras, tuvimos que marchar en Ceiba para reiterar que Vieques era el Guánica de nuestro fin de siglo.

El acontecimiento deja huellas tanto en el sitio que compone como en los lugares a los que se desplazan sus fieles. También el acontecimiento deja huellas en los medios inadecuados que intentan registrarlo. A veces esas huellas apuntan a las inadecuaciones, al limitado potencial de aquellos medios que intentan de forma infructuosa registrar plenamente el acontecimiento. La magia de la fotografía procede de sus limitaciones. La fotografía es silenciosa, tanto cuando la tomamos como cuando la imprimimos. Cuando registra la toma de la palabra, los actos de habla a viva voz, la fotografía nos dejan sin palabras. No hay grano de voz que pueda superar del todo la mudez constitutiva de la imagen fotográfica. Al igual que la escritura, la fotografía es un medio que inquieta nuestra confianza en la autoridad de la voz, nuestro apego a los rituales logocéntricos. Estas imágenes no evocan el nombre del acontecimiento, nunca llegan a decir “Paz para Vieques,” pero evocan las huellas de la situación histórica de la que ha brotado dicho acontecimiento: la presencia militar de la marina, la resistencia del pueblo viequense, el repudio de los bombardeos, los peligrosos juegos de guerra que a veces resultan en la muerte de alguien, como sucedió en el caso de David Sanes.

No recuerdo una sola palabra que dijera Ismael aquella tarde. Cuando miro estas imágenes, lo que recuerdo son los gestos que entonces me llamaron la atención. Un hombre carga una canasta y de ella saca municiones, que luego muestra al público. Ismael agarra unos proyectiles en su mano mientras dice unas palabras. Estas imágenes muestran un performance en el cual la marina se ha transformado en objeto.

A diferencia de mi primer viaje a Vieques, en el cual la lucha no había sido más que una memoria compartida en una terraza, en un patio, frente a una casa a medio hacer, evocando el sufrimiento solitario del pueblo viequense, ahora la marcha de Ceiba había puesto la lucha de la Isla Nena en tarima. Cuando Vieques aparece en tarima, descubrimos que la marina no es más que una pila de cosas dejadas atrás, un fracatán de municiones que revelan la situación histórica de Vieques como teatro de guerra. Estas fotografías registran de manera inadecuada las huellas del acontecimiento, pues en ellas el sitio del acontecimiento aparece deformado, precisamente como aquello a lo que no puede reducirse, como esos fragmentos de bala que intentan negar y proscribir la paz de la Isla Nena.

Al transformar a la marina en objeto, aquel gesto acentuaba los rastros materiales del US Navy. La presencia de la marina en Vieques dejaba de ser una transacción remota entre Washington y San Juan y se convertía en una relación material concreta, en una exposición indeseable a los peligros de la guerra. Cuando Vieques subió a escena, a la marina se le cayó la máscara: el supuesto bienestar social y económico de Vieques no era más que una promesa incumplida. El verdadero legado de la marina en Vieques era la cotidianidad de una guerra permanente. Ahora la gente de San Juan y de otros pueblos de Puerto Rico podían ver el legado de violencia que la marina había dejado en Vieques. Basta con mirar el calibre de los proyectiles dejados por el US Navy a sus presuntos aliados para cuestionarnos quién era en realidad nuestro verdadero enemigo. Si eso era lo que el US Navy le había dejado a sus amigos, no quiero pensar en lo que le dejaron a sus verdaderos adversarios. No obstante, a veces a Vieques incluso le fue peor que a los enemigos de la marina. Como nos contó Ismael en el patio de su casa, la invasión de Granada se ensayó en Vieques por varias semanas, por lo que la Isla Nena fue más intensamente bombardeada que la supuesta isla enemiga. Y encima de eso, to add insult to injury, luego la película de la invasión de Granada fue grabada en Vieques.

Visto desde el contexto de la lucha de Vieques, el gesto de teatralizar estos objetos, de subirlos a escena, de mostrarlos en tarima, era un gesto algo ambiguo, tenía algo de repetición del trauma y algo de liberación paródica. Tal como me han contado algunos amigos de Vieques, uno de los efectos de criarse y vivir en medio de un campo de guerra es que los sujetos van incorporando las armas y las municiones en sus rituales cotidianos, en sus espacios domésticos. Los niños acaban jugando con las balas, la gente acaba adornando sus casas con cartuchos, la guerra se va interiorizando hasta quedar incorporada al día a día. Como recuerda Taso Zenón en su libro Memorias de un pueblo pobre en lucha, jugar con la guerra a veces condujo a la muerte a algunos niños viequenses. Si bien aquel gesto repetía la incorporación de las balas al relato de lo cotidiano, evocando el retorno compulsivo de la guerra y de sus traumas, también aquel gesto aportaba a la desfamiliarización de aquellos objetos, pues los sacaba de los rincones de lo cotidiano y los ponía fuera de lugar, para exhibirlos fuera de su sitio, para hacerlos circular en el nuevo teatro de la resistencia. El elemento paródico provenía del hecho que las cosas de la marina aparecían como absurdas y ridículas.

Aquel gesto de exhibir a la marina como una cosa ridícula, sin embargo, era sumamente poderoso. La marina dejaba de ser la fuerza trascendental que manejaba el destino de nuestras islas pues se convertía en algo que cabía en nuestras manos. Ahora la historia de nuestro archipiélago como bastión militar estaba en otras manos. Ahora teníamos a la mano la sensación de que la marina no era nada más que una pila de objetos, que podíamos meter a la marina en la canasta de las cosas detestables y absurdas que merecen descartarse.

Tiene razón Juan Duchesne al decir que la lucha de Vieques era de orientación espectacular. Estas fotos no son otra cosa que el registro de una de las muchas “Zonas de Protesta Espectacularizada,”pero jamás “Consensual,” como tantas que existen hoy día, al calor de las jornadas de #Rickyrenuncia, o de las protestas de Black Lives Matter surgidas tras el asesinato de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis. En lo que se equivoca Duchesne es en haber identificado la lucha de Vieques con un espectáculo inauténtico, en haber reducido la lucha de Isla Nena a una expresión más de la sociedad del espectáculo de Guy Debord. Como hemos visto aquí, de lo que se trataba, y de lo que se trata hoy día, es de un espectáculo interferido por los rastros de lo real relativos a las relaciones de objeto. Estas fotos son otro objeto más que ahora se incorpora al espectáculo de Vieques en tarima, que ahora pone a circular a la marina como objeto.

En su texto “La rebelión de los objetos,” publicado en 80 grados, Duchesne ofrece algunas claves referentes al pensamiento de Tristán Garcia, uno de los pensadores que con mayor originalidad ha contribuido a la elaboración de una ontología orientada al objeto. Duchesne sintetiza del siguiente modo la distinción establecida por Garcia entre cosas y objetos:

Todas las cosas tienen la misma facultad de ser algo en el mundo, pero cada una por separado, en una relación solitaria y exclusiva con el mundo, en la cual el mundo es todo lo que esa cosa no es, es decir, la forma como negativo de la cosa. En cambio, los objetos son las cosas mismas, pero consideradas en cuanto cosas que se relacionan entre sí… La cosa es objeto en cuanto se la considera dentro de otra cosa que la comprende, en el sentido de la teoría de los conjuntos, del conjunto que “comprende” determinados miembros. La cosa es comprendida como objeto. Las cosas en cuanto objetos siempre pertenecen a otra cosa (un objeto) que las comprende-contiene. (Para mayor brevedad continuamos hablando de objetos presumiendo que son objetos de las relaciones entre cosas.) Cada objeto es en el objeto que lo contiene. Cada objeto contiene a otros objetos. Cada objeto comprende a los objetos que son él, es decir, que el objeto contiene, pero no puede comprender aquella cosa que él es, es decir, que lo contiene. (Duchesne, sin página)

Estas fotos registran una serie de relaciones entre objetos: las municiones están en una canasta, la canasta es llevada a una tarima, de la canasta sacan municiones que se exhiben en el escenario, en ese escenario la marina aparece como un objeto fuera de lugar, como una pieza de utilería ridícula y absurda que pertenece al espectáculo de la resistencia y no al teatro de la guerra. Las fotos son objetos que se componen de otros objetos, aquellos que aparecen juntos como parte de un conjunto visibles e invisibles, de cosas con aspectos materiales e inmateriales: la canasta donde guardamos lo intolerable, el proyectil que lanza su amenaza, la tarima donde la lucha está en escena, los gestos de Ismael cuando habla, las manos de otro hombre, la marina como objeto, lo peligroso, traumático, paródico y absurdo de aquel vistazo a lo real. Una de las cosas que más me llama la atención de estas fotos es que, en la relación de objetos que contienen, la marina se ha quedado sola. Aunque está rodeada de otros objetos, la marina aparece como un residuo absurdo en el teatro de la lucha.

No es a esa soledad a la que se refieren Garcia y Duchesne cuando plantean la soledad de las cosas que entran al mundo y están en él. La fotografía jamás podrá mostrarnos esa otra soledad de aquellas cosas que un día salieron en una canasta desde Vieques y llegaron hasta una tarima en Ceiba. Ahora que me voy quedando solo, ahora que ya no estamos tan a menudo juntos en la lucha, me pregunto por la soledad de estas imágenes y de este archivo, y también pienso en la soledad de esa canasta y en la soledad de aquellas cosas. A qué otro mundo se habrán ido si no a este mundo en el que acaso somos algo, tal vez otra cosa.

 

Fuentes consultadas:

Badiou, Alain. El ser y el acontecimiento. Buenos Aires: Manantial, 1999.

Duchesne, Juan. “Vieques: Protest as Consensual Spectacle,” en None of the Above: Puerto Ricans in the Global Era. Edited by Frances Negrón-Muntaner. New York: Palgrave Macmillan, 2007.

—. “La rebelión de los objetos.” 80 grados (7 de febrero de 2014).

Entrevista a Ismael Guadalupe, Vieques, 1998. Disponible a partir del minuto 21 en

Vieques 4 vhs.

https://www.youtube.com/watch?v=DqFA5R60Dlg

 

Garcia, Tristan. Form and Object: A Treatise on Things. Edinburgh: Edinburgh UP, 2014.

Zenón, Carlos Taso. Memoria de un pueblo pobre en lucha. San Juan: Editorial El Antillano, 2018.

Juan Carlos Rodríguez
Escribe poesía y enseña español en Georgia Tech. Fue miembro de la mesa editorial de la revista literaria Hotel Abismo y también de la junta editorial de la revista La Habana elegante. Su poesía ha sido incluida en Red de voces: Poesía puertorriqueña contemporánea (Ed. Áurea María Sotomayor, Casa de las Américas, 2012) y en el número especial de la revista El sótano 00931 dedicado a la literatura de Puerto Rico y República Dominicana. Recibió el premio de poesía joven Olga Nolla, otorgado por El Nuevo Día en el año 2004, con poemas de su primer libro Rehén de otro reino (Editorial Tiempo Nuevo, 2008). Su poemario Campo minado obtuvo una mención de honor en ocasión del Premio Nacional de Poesía otorgado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña en el año 2016. En el año 2020, volvió a recibir una mención honorífica como parte del Premio Nacional de Poesía otorgado por el Instituto de Cultura Puertorriqueña por su poemario La rareza del aire, el cual se plantea como una reflexión sobre los legados culturales en tiempos de la crisis de la deuda a partir de un diálogo con los pensadores presocráticos."