La poética del cine puertorriqueño

Independientemente de lo que pase, con las estrategias o leyes que se promuevan para desarrollar la industria de cine en Puerto Rico, la realidad es…

Dios los Cría (1979) - Director: Jacobo Morales

Dios los Cría (1979) – Director: Jacobo Morales
[dropcap]E[/dropcap]l efecto Dunning Krugger se refiere a cuando la gente subestima la dificultad de una labor en específico, que es ajena a ellos, porque no entienden la complejidad que conlleva, y por ende, se sienten capacitados para hacer algo en lo que en realidad son incompetentes. Por otro lado está el Complejo de impostor, que dice que la gente más capacitada tiende a subestimar sus destrezas, y a estar cuestionándose todo el tiempo si pueden hacer la labor de forma correcta, pero en efecto, son las personas mejor preparadas para dicha tarea porque entienden su complejidad.

Si miramos como funciona la industria de cine puertorriqueña en las últimas dos décadas, observamos que se ha pensando y diseñado a sí misma, pensando que no está capacitada, y que requiere de las destrezas y el concomimiento del extranjero para crecer. Esto a pesar que en los últimos años los cineastas puertorriqueños, con algunas excepciones, han demostrado tener más éxito en la taquilla, en los servicios de streaming y en los festivales del cine, que la mayoría de las lamentables producciones anglosajonas. Producciones que en su mayoría no vienen de los grandes estudios, que son producidas gracias a jugosos incentivos de impuestos que le ofrecemos los puertorriqueños, pero que apenas registran ganancias en el Box Office, sacan promedios terribles en Rotten Tomatoes, y en realidad no está claro dónde es que se presentan. Esto nos conduce a la pregunta necesaria de si, en efecto, la industria de cine puertorriqueña está sufriendo de Complejo de impostor.

El director puertorriqueño Ángel Manuel Soto, en el set de Charm City Kings (HBO Max), ganadora en 2020 del Sundance Special Jury Award.

Raúl Ruiz, en su emblemático ensayo, La poética del cine, se imagina una situación donde a Vertov y a Méliès les entregan la misma asignación: tienen que adaptar al cine La vuelta al mundo en 80 días, de Julio Verne. Mientras Vertov hace preparativos para documentar un largo viaje en globo, donde literalmente el pionero del cine documental, se prepara para un largo viaje en globo para capturar la realidad tal y como es. Sin embargo, Méliès , sin muchos regodeos, empieza a hacer la película en su estudio de Paris. Es una distinción importante, porque básicamente abre dos rutas distintas en el arte del cine: el primer camino es el del cine utópico y el naturalismo , el segundo es el artificio contra al realidad.

El cine industrial es un depredador, como dice Ruíz, porque hizo que las demás artes –como la literatura y la pintura– se fueran convirtiendo en “innecesarias”. Y el cine con más recursos se come al cine con menos recursos. El cine utópico es muy poderoso como herramienta de propaganda, no por su capacidad de copiar la realidad, sino de fingir que lo hace a través de la manipulación audiovisual. Y así, con el nacimiento de los Estados Unidos como una súper potencia en el siglo XX, también nació la maquinaria industrial de cine que ha dominado toda su historia. Y es que el cine, desde que nació Hollywood, ha estado entre las cinco industrias más importantes de la nación más poderosa del mundo. Y le ha dejado más a Estados Unidos, que la mayoría de sus guerras. Por eso siempre ha tratado de imponerse sobre todos los demás cines de todos los demás mercados, dejando poco espacio para su desarrollo. El público, por su parte, es un animal de hábito entrenado, como el perro de Pavlov, para adquirir un gusto por un estilo de arte narrativo en especifico: el del conflicto. Una técnica narrativa inventada en el siglo XIX, que es muy efectiva para sostener la atención del público, pero sobre todo es eficaz como herramienta de propaganda.

El cine de Puerto Rico

Desde temprano, Puerto Rico tuvo que conformarse con proveer localidades y servicios a la maquinaria industrial estadounidense. Puerto Rico ha sido más veces de Cuba, Malasia, Vietnam y Santiago de Chile, que ha hecho de Puerto Rico.

Pero aún así, el cine puertorriqueño en cierta forma siempre fue inevitable, y nuestro Vertov fácilmente podría ser Juan Viguié, escondido detrás de una ventana grabando la Masacre de Ponce, o un Amilcar Tirado, viajando por semanas con Jack Delano, para grabar en la montaña. Solo que siempre se tuvo que hacer cine con lo mínimo, pero el cine puertorriqueño con identidad propia, siempre existió.

As he neared the ocean and felt its dark power, Juan realized he didn’t have sixteen camera crews, 700,000 extras, and a psychotic dictator, like Leni Riefenstahl did, but he had the same film knowledge, a beautiful island, and a people whose story had never been told. –The War Against All Puerto Ricans, Nelson Denis.

¿Pero hace falta cine puertorriqueño? En su incisivo ensayo, La cultura no se trata de estética, Gwern Branwen, hace un argumento bastante persuasivo de que no hace falta arte nuevo, ya que tenemos demasiado. Cuando antes teníamos que invertir mucho tiempo y dinero para recibir gotas de cultura y entretenimiento, ahora gracias al internet, vivimos debajo del Niagara cultural, donde el flujo de información es tan violenta, que nos puede matar. Ya más o menos un 95 porciento del cine que se ha hecho a través de la historia ha desaparecido, es olvidado en un mar de contenido, donde solo se han preservados algunas de las joyas. ¿Entonces por qué seguimos haciendo nuevas piezas? Porque el arte narrativo es sumamente peligroso y efectivo como medio de propaganda, y todos lo saben.

La guionista y actriz Marietere Vélez, y la directora Juliana Maite en la grabación de A punto de Llegar (2019), una comedia realizada con un micro presupuesto grabada en Jayuya, que tuvo éxito taquillero en Puerto Rico.

Esa misma dinámica es la que ha perdurado hasta el día de hoy. En Puerto Rico, por un lado, un sector de la industria considera el cine netamente puertorriqueño es innecesario, o con la misma importancia que podría tener una obra de teatro comunitaria. Para este grupo de cineastas, Puerto Rico como territorio que aspira a convertirse en un estado, debe dirigirse a servir a la industria Hollywoodense. El argumento es que si somos estadounidenses, entonces cualquier cine que haga Hollywood, de alguna forma, también será para nuestro beneficio.

Pero esta visión del cine no podría ser más miope, ya que el cine puertorriqueño podría servir como una herramienta propagandística muy poderosa a favor de la estadidad, de la misma forma que lo podría ser a favor de la independencia. Y no me refiero a películas raras de cocodrilos con estrellas quemadas de Hollywood, como algunas que se han hecho en la isla con el programa de incentivos. Me refiero a un cine puertorriqueño en español que muestre nuestra realidad puertorriqueña, y nos convenza a través de un arte narrativo conmovedor y profundo porqué Puerto Rico debería ser un estado. Pero para bien o para mal, ese sector no ha descubierto la eficiencia de la herramienta, ese arte capaz de convencer a la gente a través de historias, demostrando hasta qué punto hemos logrado despreciar nuestra capacidad para utilizar la herramienta.

Después de todo, decenas de estados tienen muchísimos incentivos para que se cuenten sus “historias”. Llevan décadas refinando sus leyes para disfrutar de las ventajas de ser visible, porque en realidad eso es lo que podría lograr el cine local: existir en el medio audiovisual que más influencia a la cultura global.

El director Álvaro Aponte-Centeno compitiendo por la Palma de Oro en el Festival de Cannes, en el 2012.

El nuevo cine puertorriqueño

A pesar de que en los últimos años, se ha visto una reducción considerable de la producción de cine puertorriqueño, y se han cerrado festivales de cine y otros recursos que servían de laboratorio para el desarrollo de nuevos estilos y lnguajes, hemos visto cómo la industria del entretenimiento ha evolucionado dramáticamente en los últimos años, gracias a un empuje por ser más inclusivo en terminos raciales, y por como los cambios en la distribución de contenido, gracias a los servicios de streaming como Netflix, donde hay más espacio para contenido en español y regional, de repente han despuntado en la escena internacional y de LA, cineastas puertorriqueños que jamás hubieran sido considerados para dirigir esas películas norteamericanas que financiamos a través de incentivos. Los mismos cineastas que se supone que aprendieran de las experiencias provistas con guionistas o directores de clase B y C que vienen de Estados Unidos a hacer películas en Puerto Rico, son los que están superando a eses directores con proyectos mas genuinos y reales, que tienen mucha más visibilidad.

El director Ari Maniel Cruz y la guionista Kisha Burgos junto al equipo de producción de Antes que cante el gallo, selección oficial en el Festival de Cine de Rotterdam.

Pero obviamente Puerto Rico por su cuenta no va a cambiar a Hollywood, ni la política internacional, por lo menos no de forma directa e inmediata, y sería ingenuo pensar que la industria de cine puertorriqueña se debe dedicar exclusivamente al cine puertorriqueño y excluir a todas las producciones extranjeras de nuestra isla. Todo lo contrario, Puerto Rico tiene que atraer más producciones extranjeras, y hacerlo cada vez de forma más agresiva y consistente. ¿La pregunta es si todavía nos debemos sentir incapaces de ocupar los puestos más importantes de esas producciones?

Eliminar los incentivos de cine, no debe ser el propósito de ningún cineasta. Pero no se puede obviar que se fomenta un tipo de cine más que otro, y lamentablemente no es el mejor cine. El cuestionamiento va más dirigido a darnos cuenta las leyes y las instituciones que se encargan de estas leyes, a pesar de todo lo que se ha visto en los últimos años.

Independientemente de lo que pase, con las estrategias o leyes que se promuevan para desarrollar la industria de cine en Puerto Rico, la realidad es que el cine puertorriqueño va seguir creciendo, con o sin la ayuda del gobierno, sea con grandes éxitos en Los Angeles, o con producciones sin presupuesto que le ganan una y otra vez, a esas otras películas. En el 2020 en Puerto Rico hay decenas de personas como Juan Viguié, diseñando en medio de la pandemia una nueva ola de cine puertorriqueño. Ahora le toca a la industria y a las instituciones que administran la ley de cine, si quieren ser parte.

Joel Pérez Irizarry
Creador de imágenes en movimiento y cofundador de Young Collective, una de las casas productoras más activas actualmente en Puerto Rico. Desde que comenzó su carrera, justo después de graduarse del London Film School, su trabajo de cine, documental, video musical y comerciales ha recibido numerosas distinciones en festivales alrededor del mundo.

(www.youngcollective.tv/jpirizarry)

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Joel Pérez Irizarry
Colaborador/a

Creador de imágenes en movimiento y cofundador de Young Collective, una de las casas productoras más activas actualmente en Puerto Rico. Desde que comenzó su carrera, justo después de graduarse del London Film School, su trabajo de cine, documental, video musical y comerciales ha recibido numerosas distinciones en festivales alrededor del mundo. (www.youngcollective.tv/jpirizarry)

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