[dc]E[/dc]n tiempos de conflictos bélicos trágicos provocados desde el odio al otro, desde ideologías políticas y religiosas excluyentes patriarcales y fundamentalistas, el nuevo libro de ensayos de Lissette Rolón Collazo, Borrador de auto-ayuda queer y otros ensayos raritos (Editora Educación Emergente, 2015) propone una nueva praxis de vinculación comunitaria y solidaridad desde las rarezas. En sus ensayos lo queer se define como lo raro: “una multiplicidad de prácticas contra-corriente que retan el sistema heteronormativo en toda su amplitud y complejidad siniestra” (12). En el libro lo raro se opone a los siniestros discursos políticos, religiosos e ideológicos que subsumen a todxs en la mismidad de un colectivo que se impone desde el capitalismo, el fundamentalismo y sí, por qué no, el nacionalismo patriarcal, todos concebidos desde lo heteronormativo.
En los ensayos, escritos en primera persona nos hallamos invariablemente en el terreno de lo personal. Rubén Ríos Ávila ha afirmado que la primera persona es una voz autobiográfica, subjetiva, que reta la autoridad y la supuesta objetividad de la tercera persona. Este acto de enunciación desde las vivencias propias no le resta legitimidad al discurso de la autora, al contrario, le da poder a sus palabras, lo acerca al terreno de lo genuino, lo vuelve empático y conmovedor. La primera persona tiene una función múltiple pues permite articularse desde lo particular, contextualizado en la realidad social y cultural puertorriqueña, y a la vez, distanciarse de lo académico y teórico al expresarse desde lo cotidiano. Según afirma Lissette Rolón Collazo: “Esta colección de ensayos apuesta por las rarezas. Es un librito de auto-ayuda para las comunidades queer. Se alimenta también de conferencias y escritos en línea. Es un borrador modesto que no adula saberes y que sustenta en las experiencias propias y de gente amada” (11). Esa gente amada que sustenta su escritura no siempre es gay, a veces se trata, por ejemplo, de su madre heterosexual y su proceso de amarla y afirmar: “está bien que estés lesbiana, está bien” (41). De hecho, “Por mi madre” es uno de los ensayos más conmovedores de la colección.
Este libro aunque se postula como de auto-ayuda cuestiona el discurso de estos textos y se propone como una variación, pues, “los libros de auto-ayuda pueden causarme profunda sospecha” ya que le ponen toda la responsabilidad al individuo sin dar suficiente crédito al hecho de ser “entes sociales e institucionales y todas esas esferas y sus vericuetos son responsables de mucho también” (19). Se propone el libro como un borrador, un texto “provisional, en proceso, en vías de cambio constante” (15). Desde sus páginas busca iniciar un diálogo que se traslade del libro a una bitácora digital de solidaridad: https://autoayudaqueer.wordpress.com/.
Los ensayos ponen el dedo en las llagas de la homofobia, la inequidad y la discriminación que en Puerto Rico les niega a las personas sus derechos, solamente por amar, ser y estar desde lo raro. Los escritos transitan por diversas reflexiones en torno a la injusticia, el discrimen, y la violencia que se manifiestan en el ámbito de la familia y en la sociedad, ya sea en la enfermedad, la vejez y hasta en la muerte: “La patería está también maldita. No importa lo que se ha luchado y logrado: seguimos siendo blanco de queerfobia cotidiana que campea por su respeto en todas partes, en todas las instituciones, en todos los resquicios de esta bendita sociedad hetero por decreto. De poco nos sirve que tengamos una que otra famosa a quien tratan bien. Siempre abunda el insulto para la multitud anónima” (49).
Cada ensayo concluye con propuestas para accionar cambios que resignifiquen el presente y proyecten hacia un futuro más justo e inclusivo. Entre estas acciones se propone “tomar la palabra”, nombrar o dejar sin nombre, pero nunca callar: “Narrar y desplegar nuestra vida como personas queer—sin confesiones ni hagiografías—es una celebración de nuestra humanidad y hace falta. Necesitamos más referencias, más empatías, más identificaciones. Necesitamos exigir esa palabra nuestra que nos toca” (23). Otras acciones propuestas incluyen resignificar las relaciones humanas, en particular las familiares, para que no respondan a estructuras jerárquicas arraigadas a lo heteronormativo, sino que se descentren sus raíces y se expanda su red de interconexiones afectivas y trasciendan vínculos consanguíneos para que haya espacio para todxs: “La familia otra se multiplicará por rutas alternas. Creará formas de convivencia y solidaridad que no impongan ni nieguen la reproducción. Imaginará nexos contingentes que salvaguardarán la libertad a toda costa. Celebrará fiestas en las que se excluirán las exclusiones. Convocará y recibirá a quien quiera comparecer. No será un imperativo ni una exigencia” (29). La escritura personal y conmovedora de Rolón Collazo contagia con el deseo de accionar.
Ante los trágicos eventos recientes globales es evidente que lo que propone la autora es un gran reto, pero, es muy necesario lograrlo si queremos justicia y paz para todxs. Es necesario para el bien de la humanidad alejarse de visiones totalitarias basadas en fundamentalismos religiosos y políticos que violan la dignidad humana de todo ser. Este es el gran reto que Rolón Collazo explora desde diversas perspectivas y en los abundantes intertextos explícitos e implícitos del libro. En particular, sobresale el diálogo constante con Paco Vidarte y su libro Ética marica, el cual podría verse como un homenaje póstumo al autor y sus ideas. El libro de Paco Vidarte se autoproclama “interruptor” que enciende la luz y señala las paradojas de las luchas por la equidad, y en el proceso postula nuevas rutas de solidaridad colectiva desde lo particular, desde lo marica. En esa conversación entre Vidarte y Rolón, se revela que, precisamente, el reto mayor es accionar hacia una solidaridad que no borre las diferencias, lo particular, lo personal, en su lucha por lograr la equidad desde perspectivas raras o anti-heteronormativas. ¿Cómo crear colectivos y comunidades sin excluir? ¿Cómo lograr, como afirma Lissette Rolón Collazo al concluir uno de los ensayos, “que tod@s l@s de este lado y del otro—que a la postre, somos humanos—, trascendamos las designaciones que nos quiebran y comprometamos nuestros acentos a caminar rutas que erradiquen las fronteras y los lados de lo injusto”(63)? Paco Vidarte lo afirma del siguiente modo, en el epígrafe que abre el libro de Lissette Rolón Collazo: “la lucha contra la homofobia no puede darse aisladamente haciendo abstracción del resto de injusticias sociales y de discriminaciones, sino que la lucha contra la homofobia solo es posible y realmente eficaz dentro de una constelación de luchas conjuntas solidarias en contra de cualquier forma de opresión, marginación, persecución y discriminación” (8). En ambos textos la solidaridad queda multiplicada, por un lado, el activismo se propone desde una perspectiva amplia y diversa donde cada persona o grupo de personas marginadas o excluidas tenga participación, pero donde las luchas particulares, las problemáticas individuales de cada cual no queden en el olvido.
Borrador de auto-ayuda queer y otros ensayos raritos es una invitación a la solidaridad desde lo raro, una invitación a buscar, precisamente en lo raro, las respuestas de cómo accionar la solidaridad; ser, sentir, y vivir lo raro. Aunque aquí lo raro se refiere principalmente a la comunidad LGBTT, cuando nos adentramos al texto, se hace evidente que esa comunidad de raros, esa praxis de lo raro, es un puente de solidaridad que en su amplitud invita a todxs a ser raros, sin importar si aman a personas del mismo o de otro sexo. También se podría afirmar que este libro es un conjuro contra la homofobia. Al leer los ensayos de Lissette Rolón Collazo no pude evitar sentir en ellos lo que Ángel Lozada ha propuesto como el conjuro de la escritura. Durante el Primer Congreso de Literatura Queer celebrado en junio de 2015 en la UPR en Carolina, Ángel Lozada afirmó respecto a su novela La patografía: “Quise escribir un libro que cambiara a Puerto Rico. Le decía a todo el mundo: Si una sola persona lee La patografía y deja de ser homofóbico, mi novela habrá logrado su objetivo. Ese fue mi conjuro”. Propongo que Lissette Rolón Collazo continúa ese conjuro literario en este libro al afirmar con su voz luminosa: “A fin de cuentas, salir del clóset debería no ser. Nadie debería tener que “salir” del clóset porque nadie debería ser metido nunca. Esxs que nos meten en el clóset deberían verse iluminadxs por una revelación justiciera: el deseo tiene su propia lógica y, entre iguales, no hay nada escrito” (26). Felicito y agradezco a Lissette Rolón Collazo, por este gesto, este conjuro, tan necesario que junto a las otras voces que surgirán en la bitácora digital, trazará la praxis solidaria de lo raro para poder construir, desde la palabra y la acción, nuevos espacios donde todxs podamos convivir.
