La tarde de los cristales rotos o la primera lluvia de mayo

Los ruidos provocados por los cristales rotos del 1 de mayo esconden el rumor ensordecedor de más de una década.

foto por Pablo Pantoja
[dc]C[/dc]ientos de cámaras y teléfonos, policías acordonados en medio de una de nuestras avenidas más anchas, manifestantes corriendo, gases, gritos, ruidos y encapuchados rompiendo cristales. La fotografía es una instantánea: Arrestos y una demanda contra los organizadores de la monumental marcha del 1 de mayo interpretada por el recién aparecido ex superintendente de la policía Héctor Pesquera. Un libreto de una película ya conocida y recurrente en nuestra historia. Nadie olvida la emboscada del Cerro Maravilla ni el papel del agente González Malavé. Como tampoco uno de los capítulos más obscuros de la historia alemana y que también fue conocido como la tarde de los cristales rotos, cuando los nazis culparon al pueblo por quemar y romper las vitrinas de los negocios judíos que ordenaban las mismas fuerzas hitlerianas.

Pero los cristales rotos tras la marcha del 1 de mayo, –seguramente ya reparados en la antigua Milla de oro–, descubren la desagradable desnudez de los personajes escondidos tras la apariencia del ciudadano civilizado (pulcro, recién bañado, afeitado y bien puesto claro estereotipo de esa zona bancaria y de toda jerarquía gubernamental), que aparece frente a las cámaras a denunciar a “los criminales” que rompieron sus cristales y que todo el mundo asocia a los miles de trabajadores y familias que ayer marcharon, sudorosos o mojados bajo la primera lluvia de mayo.

El plan resultaba perfecto: cámaras, cansancio, retirada de esa masa humana que feliz celebraba la solidaridad, la juventud y la creatividad del país. Tanta felicidad no cabía en el libreto porque aquí de lo que se trata es de demoler la utopía de una nación y destruir la esperanza en la gente sensible y sencilla que no quiere abandonar la isla. El libreto es claro, los estudiantes deben aparecer como criminales por romper los cristales, por bloquear el paso en el aeropuerto y por mantener cerrados los portones de la UPR durante más de un mes en huelga.

Los cristales rotos provocaron ira y frustración en mucha gente, pero no solo por los vidrios rotos desde afuera, sino porque el país pudo sentir y oler la presión oculta de los gases venenosos y destructivos que se producen desde adentro y tras esos cristales. Hace décadas que detrás de esos cristales, de otras puertas y ventanas se ensaya un plan de desalojo para el país. Pero ese plan no es para salvar a la gente de un desastre natural sino para desmantelar la clase media y ocultar la verdadera naturaleza y la identidad de los que atentan y se lucran arriesgando la larga vida de nuestras instituciones.

El golpe a la Universidad y al sistema de educación de Puerto Rico se ha trabajado desde adentro de esas oficinas. Entre negociaciones de bonos, aportaciones millonarias a las campañas políticas, asesorías, reconocimientos, fiestas y cabildeos, se ha tramado reducir el acceso al Saber porque “la Universidad no es un negocio, es una empresa de alta mira”. Los ruidos provocados por los cristales rotos del 1 de mayo esconden el rumor ensordecedor de más de una década. Ahora quizás es tarde. Esos gases venenosos han enfermado a mucha gente y como presagiaba en 1946 el escritor Pedro Salinas, “la Universidad tiene en sus manos su vida o su muerte y en muchos casos se está preparando la muerte”.

Libia M. González López

Periodismo que no pide permiso

Recibe cada semana nuestros mejores artículos. Sin algoritmos.

Periodismo que no pide permiso

Recibe cada semana nuestros mejores artículos. Sin algoritmos. Sin pauta comercial.