Lawless: Una fantasía republicana

[dc]B[/dc]asada en la novela de 2008 The Wettest County in the World y dirigida por John Hillcoat, partiendo de un guión de Nick Cave, Lawless es una buena película con buenas actuaciones. Pero lo interesante es que el australiano Cave, una especie de renacentista del mundo del rock (Nick Cave and the Bad Seeds), escritor, compositor, guionista y, de vez en cuando, actor, ha escrito un guión que pudo haber sido una tesis doctoral de Paul Ryan o Sarah Palin. Como la novela que adaptó (y que no he leído) la escribió el nieto de uno de los personajes que aparece en el filme, presumo que su autor también relató la fantasía radical-bucólica que se desdobla ante nuestros ojos.

Es el 1931 y los estragos de la Depresión están en su apogeo y la producción de alcohol ilegal o “moonshine’, o cañita, es el pasatiempo más lucrativo en Franklin County, Virginia, donde se desarrolla la trama. Los hermanos Bondurant, Jack (Shia LaBeouf), Forrest (Tom Hardy) y Howard (Jason Clarke) están en el negocio. Sobreviven a base de alianzas con otros alambiqueros y de la corrupción de la policía estatal. Son, en otras palabras, hombres de pequeños negocios que sostienen a una sociedad marginada por las leyes federales.

Los locales le temen a los Bondurant porque, los dos mayores, Forrest y Howard, son violentos y medio locos, tanto así que sus leyendas se las han tragado los magnates del contrabando que han venido de Chicago a comprar y vender el licor ilegal. Pero a estos, les siguen los pasos los agentes federales que vienen a establecer el orden y a desmantelar las pequeñas destilerías que florecen en las montañas como flores silvestres. Va a haber una confrontación entre el gobierno federal y estos pequeños empresarios. En palabras que se escucharon en la Convención Republicana, “We built it” (los alambiques) y el gobierno antiempresarial nos va a destruir nuestro esfuerzo.

Es curioso que en la única escena que aparece un grupo de negros, estos se presenten como borrachos grotescos. Me pareció una escena gratuita y racista. Vemos personas de color dos veces más: una mujer a quien el borracho Howard quiere hacerle el amor, y otra mujer, tal vez una prostituta, que está sirviendo al súper malo de la película, Charlie Rakes (Guy Pearce).

Los gánster en la película están armados, pero también lo están los destiladores de licor, la policía estatal y la federal, y, tal parece, el condado entero. Lo único que faltó es que se enseñara un puesto de reclutamiento de la National Rifle Association, cuyos miembros adorarán la película como un ejemplo de la interpretación que ellos le dan a la segunda enmienda de la constitución de los Estados Unidos.

Claro, como aprende uno si es, como yo, fanático de la serie de HBO, Boardwalk Empire, lo que sucedió en los años de la prohibición se le debe a la enmienda decimoctava y al acto Volstead de 1919, que trajo, mucha corrupción, lucro desmedido y muertes por el consumo de bebidas alcohólicas contaminadas con alcohol de madera (metanol) y, muchas veces con plomo. A esto uno hay una breve referencia en el filme, hecha por el personaje más inocente, Cricket (Dane DeHaan) que, por supuesto es asesinado sin ningún motivo real por el agente federal Rakes.  En otras palabras el Gobierno mata a los inocentes, aunque hoy día lo que hace es enviarlos a guerras estúpidas.

La maldad de los federales y el gobierno es infinita; la venganza de los Bondurant es celebratoria, y concluye, como sabe cualquier espectador la primera vez que ve el personaje, en la venganza última contra Rakes.

Como Rakes, Guy Pearce, con un recorte de pelo que acentúa su cara extraña, nos remonta a los malvados que creaba Basil Rathbone, que tenían clase y sudaban malevolencia. La hermosa Jessica Chastain, una de mis actrices favoritas, representa a Maggie Beauford, una mujer “con pasado” que tiene una parte importante en el desenlace de la película, con gran ternura y con el aplomo que requiere el papel. Asimismo, Tom Hardy (si el Bane de Batman) es muy convincente en su rol del internamente apasionado Forrest, alrededor de quien se generan las leyendas de la supremacía de un grupo de gente cuya reclamo ante el mundo es que se han salido con la suya.

La impunidad de algunas personas “especiales”, que es otro de los temas del republicanismo personificado en  Paul Ryan (un nombre que es anagrama para Ayn R., la pseudo filósofa, pseudo economista, y racista Ayn Rand, gurú del candidato a la vicepresidencia) y la mayoría de los republicanos y miembros del partido TEA hoy día, completa la fantasía en contra del gobierno que han producido, queriendo o sin querer, no importa, Hillcoat y Cave.

Lo que nos lleva al personaje de Jack Bondurant. Shia LaBoeuf no es mal actor, pero tiene, en los momentos menos apropiados, un deseo de congraciarse con la audiencia que me distrae de los personajes que representa. Me pasó con él en la secuela de Wall Street y el último filme de Indiana Jones. No lo veo como una “estrella”, no en el sentido de que sus películas producen dinero, que lo hacen, sino como alguien que tenga la capacidad de llevar sobre sus hombros una película seria, sin la ayuda de un elenco como lo tiene esta, o sin la ayuda de efectos especiales y sonidos, como en la serie de Transformers.

Jack es el que comienza la sublevación contra el “gobierno” y, por lo que hacen él y sus hermanos, no recibe castigo. De hecho todos terminan casados cristianamente y exitosos en el negocio de la agricultura y, cuando la Prohibición termina, es como si el clan fuera el responsable de la vigesimoprimera enmienda. Todos comparten en una utopía en que la muerte es una especie de chiste, como si fuera el caso que ser exitoso en los negocios cualquier crimen que uno comete debe de ser aplaudido.  Este “portar armas” de esta película no se debe interpretar como la versión de los años treinta de “Occupy Wall Street”, sino más bien como un ejemplo de las ideas de Rand, copiadas por Ryan y compañía de que hay que acabar con el gobierno y dejar a los “emprendedores” que hagan lo que quieran.

Manuel Martínez Maldonado
Nació en Yauco, Puerto Rico. Fue crítico de cine de Caribbean Business, El Reportero, y El Mundo en San Juan de 1978 a 1989, Sus poemas y ensayos han aparecido en Yunque, Revista de la Universidad de Puerto Rico, Caribán, Mairena, Pharos, Linden Lane, Resonancias, la Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña, y Hotel Abismo Primer premio de poesía José Gautier Benítez de la Facultad de Estudios Generales en 1955; primera mención de poesía en el Festival de Navidad del Ateneo de Puerto Rico en 1956 y 1982. Autor de los poemarios La Voz Sostenida (Mairena), 1984; Palm Beach Blues (Editorial Cultural), 1985; Por Amor al Arte (Playor),1989; y Hotel María, 1999, finalista del Premio Gastón Baquero (Verbum, Madrid); Novela de Mediodía, 2003 (Editorial Cultural/ Verbum). Es autor de las novelas, Isla Verde o el Chevy Azul (Verbum) 1999; El Vuelo del Dragón (Terranova) 2012; Del color de la muerte (Publicaciones Gaviota) 2014; Solo la muerte tiene permanencia (Verbum) 2014. Es Premio Nacional de Novela 2013 del Instituto de Cultura Puertorriqueña por El imperialista ausente (2014).