Esta es una colaboración entre 80 grados y la Academia Puertorriqueña de la Historia en un afán compartido de estimular el debate plural y crítico sobre los procesos que constituyen nuestra historia.
- Introducción
Un recorrido a través de la literatura de la arqueología de Puerto Rico pone en evidencia que aún se delimita y discute la historia del país en contraposición a una supuesta “prehistoria” que refiere a las sociedades indígenas ancestrales. Eso comprende desde las comunidades más remotas que poblaron las Antillas, como bandas y tribus, hasta los cacicazgos de los taínos del siglo 15 en tiempos del descubrimiento europeo.
Igualmente, una ojeada a los programas académicos de diversas universidades de Estados Unidos y de Europa, por ejemplo, pone de relieve los ofrecimientos en “prehistoria” comprendiendo desde los homínidos hasta los humanos de los contextos del neolítico y la agricultura. Pueden comprobarlo en los portales de internet de universidades como Yale, Viena, Barcelona, Complutense de Madrid, Leiden, entre tantas otras. Igualmente se continúa manifestando en la historiografía. Por ejemplo, en el libro que forma parte de la Colección Cuadernos de Cátedra, de Pamela G. Steffan, Ana Paula Alcaráz y Ailén Antiño, Prehistoria: desde el origen de la humanidad hasta el surgimiento de las sociedades complejas (2021), de la Universidad Central de la Provincia de Buenos Aires, en Argentina, entre otros.
La dicotomía hecha entre Historia y “Prehistoria” no se circunscribe a la arqueología. También está presente en diversos ámbitos académicos y culturales, incluyendo la antropología, la historia y las ciencias naturales. Así mismo sigue presente en algunos textos escolares y en las nociones compartidas entre la gente en general. A casi todo el mundo le inculcan desde la casa y la escuela elemental, que la Historia solo se refiere a las civilizaciones poseedoras de la escritura; y en nuestro caso, que la historia de Puerto Rico comenzó con el descubrimiento, conquista y colonización española en 1493.
La concepción de la “prehistoria” tiene antecedentes, ciertamente, desde el siglo 16 – y posiblemente de mucho antes – pero se elaboró principalmente en los enunciados de intelectuales de diversos ámbitos académicos durante el siglo19. Esto sucedió en combinación – de manera complementaria, inadvertida o deliberadamente, con preceptos oficiales de los estados europeos imperialistas al servicio de clases dominantes. Estos establecieron su poder sobre múltiples pueblos que en comparación al momento de contacto se encontraban en niveles inferiores, incluso muy primitivos. Por razones históricas particulares, y no porque los dominadores fueran superiores y los demás inferiores, se hicieron evidentes las disparidades en el desarrollo socioeconómico, conocimiento científico, adelanto tecnológico y cultura a través del planeta.

Friedrich Engels
Hace tiempo que la concepción de la “prehistoria” debió haber sido descartada. Friedrich Engels probablemente es más conocido como coautor con Karl Marx del Manifiesto Comunista de 1848. Sin embargo, tanto Engels como Marx se interesaron y escribieron sobre las ciencias naturales, así como sobre la antropología y la etnografía según avanzaba el siglo 19. Entre 1872 y 1895, año en que murió, Engels compuso la obra Dialéctica de la naturaleza, que no se vino a publicar sino hasta 1925. Uno de los capítulos más interesantes es el titulado “El papel del trabajo en el proceso de transformación del mono en hombre”, que pone de relieve su estudio de las investigaciones en paleontología. Es decir, la rama de las ciencias que trata los antecedentes de la evolución, surgimiento y desarrollo de la especie humana.
Engels subrayó la importancia del trabajo al inicio mismo del capítulo:
El trabajo es, dicen los economistas, la fuente de
toda riqueza. Y los es, en efecto, a la par con la
naturaleza que se encarga de suministrarle la
materia destinada a ser convertida en riqueza por
el trabajo. Pero es infinitamente más que eso. El
trabajo es la primera condición fundamental para
toda la vida humana, hasta tal punto que, en cierto
sentido, deberíamos afirmar que el hombre mismo
ha sido creado por obra del trabajo.
Engels concibió el inicio de la historia en el proceso evolutivo del ser humano, que con sus características físicas y capacidades mentales se erigió cualitativamente y superior entre todas las especies. La historia en tanto concierne a la sociedad humana, propiamente, se inicia con su origen como especie. Eso fue lo que señaló Engels en la Introducción a su obra, cuando escribió: “Con el hombre entramos en el campo de la historia”.[1]
Antes de escribir, la gente habló. Las comunidades humanas originarias se comunicaban mediante el lenguaje y diversas expresiones de simbolismo cultural. Con las palabras la gente fue dando significado a las relaciones sociales, definiendo comportamientos, y estableciendo normas de convivencia. Sin escritura, los pueblos primitivos también con palabras identificaron territorios, medioambientes, recursos naturales y fenómenos cósmicos.

Como señala y documenta el lingüista Louis-Jean Calvet, en su obra Historia de la escritura, hasta los gritos, los gestos, así como el dibujo y las incisiones sobre piedras y diversos artefactos precedieron y están en la base de los alfabetos y su posterior desarrollo en escritura.[2] La historia no empieza con la escritura. Con las letras cuneiforme de Sumeria antigua no se inauguró la historia, eso fue un gran logro histórico de un proceso de desarrollo cultural de la humanidad. Lo mismo podemos decir de los jeroglíficos egipcios y de los códices aztecas, para dar otros ejemplos.
II La “Prehistoria” según Coll y Toste

Cayetano Coll y Toste.
En la historiografía de Puerto Rico el punto de partida de la caracterización tradicional de los taínos, y de los indígenas anteriores a ellos, es la obra de Cayetano Coll y Toste, Prehistoria de Puerto Rico, de 1897. El libro fue premiado en el certamen de aquel año auspiciado por la Sociedad Económica de Amigos del País. Desde su fundación en 1814, la institución reunía a profesionales, académicos, propietarios y funcionarios de gobierno que promovían el desarrollo de la educación, ciencia, agricultura e industria.
Coll y Toste (1850-1930) era médico de profesión e historiador aficionado. Junto a José Julián Acosta (1825-1891), bachiller y maestro de ciencias físico-matemáticas y Salvador Brau (1842-1912), cajero de la tesorería general de Puerto Rico y periodista conformaron el cuerpo de historiadores pioneros de Puerto Rico. Sin lugar a duda, ellos hicieron contribuciones importantes a los inicios de la historiografía puertorriqueña. Pero eso no es lo que dilucidamos aquí. Lo que está bajo cuestionamiento es la noción anticuada, pero persistente, de trazar una línea divisoria entre “prehistoria” e historia. Tal noción de “prehistoria” respecto a la sociedad humana, realmente, debe ser evaluada críticamente y, en consecuencia, descartada. En el Capítulo III, entre otros temas, Coll y Toste trató los de “prehistoria y protohistoria”.
“Hace veinticinco años”, escribe Coll y Toste con referencia a 1872, “se usaba la palabra ante historia para caracterizar los tiempos que han precedido las anotaciones de los primeros cronistas”. En 1897 cuando se publicó su libro, señala: “Pero hoy usamos el vocablo prehistoria; y cuando nos acercamos a los períodos más modernos y de alguna documentación, aunque nebulosa, usamos la dicción protohistoria”.
Evidentemente Coll y Toste compartió el criterio generalizado en el siglo 19 de demarcar la historia empezando con las civilizaciones poseedoras de la escritura. Cuándo terminaba la “prehistoria” y comenzaba la historia era variable según cada país. “Para los romanos”, nos dice, “los tiempos prehistóricos terminaron con la época etrusca”. Siguiendo la lógica de esa argumentación, para los puertorriqueños, el fin de la “prehistoria” cierra con los cacicazgos taínos y la historia comienza con la colonización española.
Ciertamente, es loable que Coll y Toste haya realizado un estudio documentado y minuciosos correlacionando los aborígenes taínos al esquema de etapas de las sociedades primitivas llegando hasta las cacicales. Lo hizo, claro está, según las concepciones manejadas en las ciencias sociales de su tiempo.Coll y Toste cita en su libro a especialistas en varios ámbitos académicos afines. Por ejemplo, señaló la obra de Christian Jürgensen Thomsen (1788-1865), anticuario y arqueólogo aficionado danés, Ledetrand til Nordik oldkyndighed, publicada en 1836. Fue traducida y publicada inglés con el título de Guidelines to Nordic Antiquity, en 1848. Thomsen propuso una cronología de la antigüedad de tres edades tecnológicas: edad de la piedra, edad de bronce, edad de hierro.

Línea del tiempo. https://concepto.de/prehistoria-2/
Por otro lado, el médico-historiador puertorriqueño remite a la obra Le Prehistorique, antiquité de l’homme (1881). Su autor, el arqueólogo y antropólogo francés Gabriel de Mortillett (1821-1899) continuó elaborando nociones de lo que era la “prehistoria” donde lo dejó Thomsen. Propuso subdividir la Edad de Piedra, escribió Coll y Toste, en otros tres periodos sucesivos: eolítico, paleolítico y neolítico. Son términos que también distinguen cualidades de la piedra y su uso como herramienta. “Tres palabras de origen griego”, Coll y Toste apunta, “para designar respectivamente el origen de la piedra, la antigüedad de la piedra y las nuevas piedras en las manos del hombre como utensilios”.[3]

Tecnología lítica. https://www.muyinteresante.com/ciencia/62694.html
El periodo neolítico, Coll y Toste señala, “corresponde al origen de la humanidad, y los otros dos a su desarrollo en la nebulosidad de la prehistoria”. ¿Nebulosidad porque en todo aquel terreno originario de la historia no se produjeron creaciones de escritura? Desde que apareció la escritura y hasta el presente, podemos afirmar en réplica, con crónicas y cuanto documento escrito se ha producido, ¿la historia está exenta de nebulosidad, engaños, subterfugios, tergiversaciones, ocultaciones y mentiras a granel?
Exploremos el significado de los términos aludidos de la Grecia antigua un poco más. Vamos al diccionario de la Real Academia Española. Eólico deriva de Aeŏlos, “dios de los vientos y padre del pueblo eólico en la mitología clásica”.[4] Podemos inferir, en mi interpretación, que se refiere al pasado remoto del surgimiento de la especie humana. Es decir, cuando las comunidades primigenias de mujeres y hombres subsistían de la cacería y la recolección silvestre, por un lado; y en cuanto a herramientas laborales se valían de todos los materiales de piedra, y de otra índole, según dados en la naturaleza. A eso se refiere los vientos de la mitología griega. Las piedras, ramas de árboles, huesos de animales y demás, sirvieron de orígenes naturales de la ferretería.
Los vientos mitológicos de la antigüedad tienen resonancia hasta el presente. Se estudian e instrumentan, en escenario científico material, para propiciar la construcción de aerogeneradores (molinos de viento, como se les conoce) que suministran otra fuente de energía renovable y no dañina a los medioambientes y perjudiciales a la sociedad. En Puerto Rico tenemos un ejemplo de ello en el Parque Eólico, ubicado cerca de la costa en el municipio de Santa Isabel, al sur de la isla.
En el siglo 21, con un conocimiento mejor que el manejado por Coll y Toste, se sabe que el Paleolítico significa muchísimo más que la “antigüedad de la piedra”. Paleolítico, en griego palaiós (antiguo) y lithos (piedra), significa piedra antigua. El término fue retomado por John Lubbock en 1865 para referirse a los primeros instrumentos de piedra tallados por los seres humanos. Esa capacidad de confeccionar herramientas tiene antecedentes en los contextos de homínidos remotos, como el Homo habilis (entre 2.3 y 1.6 millones de años antes del presente), que precedieron en la evolución hacia el homo sapiens.
Lubbock (1834-1913), banquero y arqueólogo aficionado inglés, dio al término Paleolítico el significado de Edad Antigua de la Piedra, y acuñó el de Neolítico para referirse al estadio tecnológico de instrumentos pulidos de piedra. Sus aportaciones significativas fueron presentadas, con ilustraciones, en sus libros Pre-Historic Times, en 1865 (2da edición 1872) y The Origin of Civilization and the Primitive Condition of Man (1870).[5]
Coll y Toste tuvo razón al correlacionar el nivel tecnológico de los taínos del periodo de cacicazgos con el neolítico; aunque añadió, “sin haber llegado aún al último grado del periodo neolítico”. Sin embargo, no indicó cuáles serían los elementos para tal graduación. Desde el siglo18 se conocen obras con propuestas de clasificación de etapas generales de la sociedad. Se trata del esquema de sucesión del inicial Salvajismo, a la intermedia Barbarie, desembocando en la Civilización. Los rudimentos de esta concepción fueron esbozados por el filósofo escocés Adam Ferguson. En su libro Ensayo sobre el desarrollo de la sociedad (1767), Ferguson (1723-1816) describió condiciones de vida de “el salvaje”, y de “la barbarie, hasta alcanzar la civilización”.

Las persistentes calificaciones. https://i.ytimg.com/vi/2Z8ehg82ztQ/maxresdefault.jpg
El antropólogo inglés Edward Burnett Tylor (1832-1917) propuso un esquema más definido en dos libros: Researches in the Early History of Mankind and the Development of Civilization (1865) y Primitive Culture (1871). Luego, el abogado y etnólogo americano Lewis Henry Morgan hizo aportaciones mayores combinando investigaciones documentales con trabajo de campo de las tribus iroqueses del estado de Nueva York. En su obra clásica Ancient Society (1877), Morgan (1818-1881) subdividió los estadios de Salvajismo y Barbarie en tres fases. Estas serían la inferior, media y superior de acuerdo con el desarrollo de los que llamó las “artes de subsistencia”.
Entre otros aciertos, Morgan destacó la invención del arco y la flecha como un acontecimiento revolucionario en el tránsito del paleolítico al neolítico. Es decir, el tránsito de las bandas a las tribus. En el caso del norte de América del Sur y del poblamiento ancestral de las islas del Caribe, los arqueólogos señalan que el arco y la flecha fue lo que permitió cazar animales de tamaño intermedio, como los ciervos y puercos salvajes. Así mismo las comunidades primigenias pudieron ampliar su radio de acción conduciendo a migrantes desde el interior de Venezuela hacia las costas y golfo de Paria. Allí se ubica la isla de Trinidad, primer escalón de las Antillas Menores.

Al servicio imperial. https://pbs.twimg.com/media/FzFOYOHXsAcm9Xv.jpg
Todo ese repertorio de conceptos y diseños de etapas de la sociedad humana estuvo condicionado y formulado desde los niveles de investigación y conocimientos que se acumularon desde el siglo 15 al siglo 19. Al mismo tiempo, se difundieron y conjugaron con el proceso de conquistas imperialistas de España, Portugal, Inglaterra, Francia, Holanda y Dinamarca, a través del planeta. En ese tablero político se fueron dando encuentros entre aquellos países europeos más adelantados en materia de civilización con pueblos considerados inferiores en progreso de todo tipo y catalogados como pertenecientes al salvajismo y a la barbarie.
En el caso de los indígenas de las Antillas Mayores, los cronistas y conquistadores en general, diferenciaron a los taínos de la etapa cacical como pertenecientes al terreno de la Barbarie. En una escala inferior situaron a los caribes, constituidos en tribus y habitantes de las Antillas Menores, enmarcados en el Salvajismo. Cuando exploraron la península de Guacayarima, al suroeste de Haití, habitada por comunidades de recolectores, según el cronista Fernández de Oviedo, allí vivía, “la gente más salvaje” que hasta entonces habían visto.
Las nociones de “prehistoria” fueron aplicadas a esos pueblos primitivos que fueron conquistados y subordinados. Salvajismo y Barbarie se conjugaron con “prehistoria” como armas ideológicas de diferenciación y pretendida justificación entre superiores e inferiores. A todo ello se asocia la realidad de todo tipo de atrocidades y crímenes perpetrados por los gobiernos y ejércitos imperialistas.
Hay algo sobre el tema tratado aquí que resulta inconcebible e inaceptable a la altura del primer cuarto del siglo 21 en que exponemos. Y es que, en las Ciencias Sociales y Humanidades, y en cualquier otro ámbito académico y cultural en general, se continúe manteniendo una distinción entre Historia y “Prehistoria”, como si tuviera validez y fuese el orden natural de las cosas.
- Taínos en la historia
Cuando fueron descubiertos por los europeos en la epopeya del viaje dirigido por Cristóbal Colón en 1492, los taínos que habitaban las islas Bahamas y las islas de las Antillas Mayores se ubicaban en la etapa histórica de los cacicazgos. Ese era el peldaño superior de la sociedad tribal y, a la misma vez, escenario de transición a la formación originaria de clases sociales y el estado. Combinando elementos comunales tribales y de nacientes clases sociales, su base económica fue el modo de producción tribal-tributario.[6]

Modo de producción tribal-tributario. https://eladoquintimes.com/2024/05/09/las-mujeres-tainas-pilar-de-la-sociedad-y-la-cultura-en-el-puerto-rico-precolombino/
Las etapas generales de las civilizaciones en la historia posterior se conciben en términos de sus estructuras socioeconómicas específicas: tributarismo, esclavismo, feudalismo, capitalismo, socialismo y comunismo. Tengamos presente que se trata de un esquema general y que no todos los pueblos han atravesado todas esas etapas, y que hubo, y puede haber formas mixtas combinando elementos de unos sistemas sociales y otros de maneras concretas. Para cada país o pueblo, todo depende de sus condiciones de desarrollo y las circunstancias de todo tipo que pudieron, y puedan, afectar su curso histórico. En 1492, por ejemplo, la conquista y colonización española, con un sistema combinando de elementos feudales y mercantiles, se entrecruzó con y sobre impuso a la sociedad taína, cortándola en la etapa cacical.

Imagen de Fray Bartolomé de la Casas.
No tenían escritura los taínos y, por lo tanto, ninguna fuente escrita sobre su sociedad y pasado. Pero, como observó fray Bartolomé de las Casas, “la memoria tienen por historia”. Hoy tenemos muchísima historia escrita, pero ¿cuánta y qué memoria? Sobre los taínos sabemos por los textos y documentos del descubrimiento, conquista y colonización española desde el Diario del primer viaje de Colón, de 1492-1493. Ello se complementa con los remanentes de los lugares donde ubicaron aldeas y bateyes o plazas de juegos y ceremonias de recordación histórica y de rituales culturales diversos. E igualmente, con un repertorio de artefactos recuperados por la arqueología.

Representación de un yucayeque https://es.pinterest.com/pin/puerto-rico-tres-razas–462604192953105738/
Los taínos no eran homínidos neandertales precursores del homo sapiens: eran tan seres humanos como nosotros que vivieron en un contexto particular de la historia más antigua. Ellos, y sus antecesores arcaicos y arahuacos en las Antillas constituyen los capítulos de la historia antigua del Caribe y de Puerto Rico, en particular. Por supuesto que todas las sociedades indígenas ancestrales forman parte de la historia.
Desde el episodio del descubrimiento salta a la vista que los taínos estaban organizados con estratificación social y exhibían una complejidad cultural y creencias asociadas a una sociedad primitiva; pero, en fin, una forma de sociedad. Lo que no pudieron aprender de ellos de textos escritos lo registraron mediante el acopio de su inmenso y variado vocabulario.
- Diccionarios de vocablos indígenas
Las palabras, componiendo vocabulario e idioma o lenguaje de gentes con identidad propia como la de los taínos aunque no idearon escritura, igualmente nos remiten a la historia. Los taínos no eran “prehistóricos”: eran tan históricos como nosotros. Tan es así que centenares de sus palabras fueron incorporadas al castellano o español, junto a otro montón de vocablos provenientes de los países de los esclavizados de África occidental, y que hablamos en el “histórico” Puerto Rico “civilizado” por España.
En Prehistoria de Puerto Rico (1897), Coll y Toste dedicó los capítulos 9 al 12 a discutir el “lenguaje boriqueño”, “vocabulario español-boriqueño”, la composición del rezo católico del padre nuestro a base de vocablos indígenas de Venezuela, Colombia y las Antillas, y a un extenso “vocabulario indo-antillano” de 803 palabras. Sin embargo, aun cuando muchas palabras taínas han sido incorporadas al español en el entrecruzamiento histórico de la conquista colonial, por todo lo discutido antes, a Coll y Toste no consideró que tanto los taínos como los españoles se entrelazaron en uno de los procesos de la historia, articulando a unos y otros.
En los siglos 19 y 20, otros autores han compuesto libros sobre el vocabulario de los taínos. Entre ellos, los hermanos Juan Augusto y Salvador Perea, Glosario etimológico taíno-español (1941) y Luis Hernández Aquino, Diccionario de voces indígenas de Puerto Rico (1977).

Diccionario Taíno. Documentado y comentado del historiador Sebastián Robiou Lamarche .
En tiempos recientes, el historiador Sebastián Robiou Lamarche ha publicado Diccionario Taíno. Documentado y comentado (2024). En el mismo, toma en cuenta los autores citados y muchos otros para brindarnos una selección de sobre 460 términos. En realidad, son muchos más, pues algunos tienen dos o más maneras de grafía, y él añade referencias a interconexiones lingüísticas adicionales. Robiou Lamarche aclara que debido a la extensión del diccionario (555 páginas, incluyendo la bibliografía) ha dejado de incluir nombres personales de indios, términos de topografía, y otros tratados por los autores consultados. A diferencia de los demás, para Robiou Lamarche los taínos pisaban tierra de la historia.
- Palabras e historia
En lo que sigue hago una selección de palabras indígenas organizada por temas. Con esta muestra comprobamos los conceptos que tenían los taínos de sí, de su estructura social, economía, estado político, medioambiente y recursos naturales e identidad individual. Dejo de mencionar centenares de otros términos sobre su cosmovisión y otros aspectos de su cultura.[7]
Etnia taína
Los indígenas de las Antillas Mayores no identificaron su pueblo o etnia con un término específico. Si lo hicieron, ni Cristóbal Colón en su Diario de 1492 y los cronistas posteriores, ni ningún otro documento conocido lo registraron. Probablemente tampoco se lo preguntaron. Pues desde que fueron avistados en las Bahamas por primera vez, Colón y todos siguiéndolo les llamaron “indios”. Pensaron equivocadamente que estaban en las islas cercanas al Oriente.
La identificación étnica la hacemos indirectamente. Taíno tiene los significados de noble y bueno. Para propósitos de diferenciación, en un episodio de encuentro entre una patrulla española y un grupo de guerreros en la isla Española – relatado por el cronista Pedro Mártir de Anglería -, ellos gritaron que eran taínos y no caníbales. Con ello quisieron que no los confundieran con los caribes. Algo semejante sucedió en el segundo viaje de Colón, en 1493, cuando en una isla de las Antillas Menores recogieron unos indígenas cautivos que exclamaban, “taínos, taínos”.

Grabado basado en una xilografía atribuida a Jos Murer (c. 1562).
De ahí la adopción de Taínos para identificar a los indígenas al momento del descubrimiento europeo que habitaban las Antillas Mayores. Por estudios de arqueología y textos escritos de la conquista y colonización se sabe que tenían antecedentes en la ocupación del arco insular antillano desde la época de las comunidades arcaicas, por un lado. Todavía más definitorio fueron sus raíces en las migraciones de segmentos tribales de arahuacos, provenientes de Venezuela. Muchos vocablos taínos rastrean su etimología lingüística al lenguaje arahuaco.
Estructura cacical
Los europeos sabían distinguir muy bien entre sociedades primitivas de bandas de recolectores y cazadores y tribus con nivel de agricultura y vida sedentaria en aldeas. Lo que se desplegó ante sus ojos ya en el viaje de 1492 fue una sociedad más compleja con estratificación y jerarquía de autoridad, con manifestaciones de rituales y ceremonias acordes.
Poder y autoridad en el guanín. https://enciclopediapr.org/content/el-guanin-simbolo-sagrado/
Esa realidad se ilustra con lol términos cacique (jefe); behique (chamán); nitaíno (noble y guerrero); y naboría (comunario y trabajador). Fruto de su experiencia en La Española, en un Memorial del 1518 fray Bernardino de Manzanedo derivó de cacique el nuevo término de cacicazgo. Lo empleó para referirse a la jefatura de un cacique sobre un conglomerado de gente que vivían en yucayeyes, o aldeas, en un territorio de jurisdicción definida.
Una sociedad en transición.
Cacicazgo evolucionó a ser un concepto empleado en la antropología para identificar una forma de sociedad tribal desarrollada. Desde mi punto de vista cacicazgo es un concepto con el que, a su vez, identificamos la etapa de transición de la sociedad tribal a la de clases y estado originario. Y hoy seguimos usando cacique para designar a un caudillo político.
Estado incipiente
En los cacicazgos la autoridad y el mando social interconectado con el político estaba centralizado en la persona del cacique. La ideología cacical confluía con su cosmovisión politeísta de diversos cemíes o dioses representativos de las fuerzas de la naturaleza y cuyos interlocutores eran los propios caciques y complementariamente los behiques chamanes.
Cemí taíno. Museo del Hombre Dominicano.
No se registró una palabra para identificar la institución naciente del estado. Llegamos a formar ciertas nociones de estado mediante otras palabras. El común de la gente vivía en casas comunales llamadas bohíos. Los caciques tenían casas distintas, llamadas caney, símbolo de autoridad y lugar de reuniones del consejo cacical.
En sus deliberaciones invocaban a sus cemíes, o dioses, e inhalaban cohoba, planta con fruto que producía alucinaciones. Fray Ramón Pané fue comisionado por el almirante Colón para vivir entre los indios en 1494 unos dos años y recoger información sobre sus costumbres y creencias. Cuando se convocaba el consejo cacical, Pané lo resumió, con todo el ceremonial, de la manera siguiente:
Y, cuando quieren saber si alcanzarán victoria
contra sus enemigos, entran en una casa en la
que no entra nadie más que hombres principales.
Y el señor de ellos es el primero que empieza a
hacer la cohoba y toca un instrumento; y mientras
hace la cohoba, ninguno de los que están en su
compañía habla hasta que el señor ha concluido.
Después de haber terminado su oración, está
un rato con la cabeza baja y los brazos sobre las
rodillas; luego alza la cabeza, mirando al cielo, y
habla. Entonces todos le responden a un tiempo
y en alta voz; y habiendo hablado todos, dan
gracias, y él narra la visión que ha tenido, ebrio
con la cohoba que ha sorbido por la nariz y se le
subió a la cabeza.
Y dice haber hablado con el cemí, y que conseguirán
la victoria, o que sus enemigos huirán, o que habrá
gran mortandad, o guerras y hambre u otra cosa tal…[8]
He ahí un retrato del estado incipiente, además subrayando su rasgo patriarcal con la exclusión de las mujeres del consejo cacical.
Cemí cacical. The Metropolitan Museum of Art.
Los taínos tenían otros vocablos para señalar la jerarquía cacical. A los jefes supremos llamaban Matunherí. Los caciques inferiores se designaban con baharí y guiaoxerí. Todavía otra distinción de superior se hizo con Guamiquina, término con el que identificaron a Cristóbal Colón como autoridad máxima de los españoles.
Economía agrícola
Desde la arqueología, los cacicazgos se enmarcan entre el 1100 y 1200 hasta la época del descubrimiento europeo de 1492. Un cuarto de siglo después, fueron subordinados y desbaratados en las Antillas Mayores. El surgimiento y desarrollo de los cacicazgos se posibilitó por una agricultura con capacidad de producir excedentes regulares; la agricultura fue complementada con la pesca y recolección de frutos silvestres. La economía de excedentes fue la que permitió la separación entre productores directos – los naborías – y los supervisores y controladores del proceso de producción, caciques, nitaínos y behiques. Ese fue el proceso que engendró la explotación del trabajo de la clase comunaria para beneficio de la naciente clase dominante cacical.
Aquí la palabra clave es conuco. Significa campo y técnica de cultivo
que los españoles describieron como de “montones”. Es decir, por la forma de sus montículos de siembra.
El conuco taíno. https://www.latinamericanstudies.org/taino-conuco.htm
Se conocen al menos 25 cultivos diferentes, incluyendo y en sus vocablos taínos: yuca, batata, aje, yahutía, auyama, y el maíz. Entre sus condimentos destaca el ají. También consumían maní.
Medioambiente y recursos naturales
Los taínos eran conocedores expertos de sus medioambientes y recursos naturales. Con sabana identificaban valles y arcabuco se refería a los bosques.
Se alimentaban de frutas como las yayama, boniama y yayagua, variedades de piñas; hobos o ciruelas; guayaba; guanábana; mamey y papaya. Entre los recursos naturales clasificaron el sorobey (algodón); biha (colorante rojo); tabaco (para fumar); curía (yerba medicinal); guazima (a manera de fósforo para encender el fuego), por un lado. Y los árboles de caimito (útil para hacer arcos); cupey (para armas); ceiba (para canoas) y caoba (para ebanistería ritual).
Geografía
Los indígenas del Caribe insular aprendieron a nadar y transitar por el mar desde el pasado remoto de ocupación inicial de las islas. Lo hicieron primero en balsas rudimentarias y más delante en canoas, producto de una carpintería sofisticada.
Para el siglo 15, las Antillas Mayores habitadas por los taínos se componían de Cuba, Haití, Jamaica y Boriquén. Las Bahamas se identificaban como Lucayas. Cercana a Puerto Rico estaba la isla de Bieque, al este, y la de Amona, por el oeste. Las Antillas Menores, habitadas por los caribes, incluyen Matininó (Martinica), Karukera (Guadalupe), Ay Ay (Santa Cruz), Waladlí (Antigua), Kairi (Dominica), entre ellas.
La canoa taína (1562). https://impactolatino.com/taino-herencia-e-identidad-indigena-en-el-caribe/
Los indígenas sabían dónde vivían y conocían el espacio insular contiguo. Ellos proporcionaron elementos de geopolítica principiante en la historia del Caribe.
Identidades individuales
Generalmente, se conocen los nombres de los caciques supremos y algunos secundarios. En el caso de Boriquén y Puerto Rico en su primer contexto colonial: los jefes supremos Agüeybaná “el viejo” y su sucesor Agüeybaná “el bravo”. Y los caciques Guarionex, Caguax, Urayoán, Orocobix, Aymaco, Mahagua, Canóbana, Daguao, Guayama, Humacao, y otros. Algunos dan nombre a varios pueblos y lugares de Puerto Rico.
Pero hay otra dimensión social que usualmente pasa inadvertida. Los taínos tenían conciencia de sí como individuos que pertenecían a cacicazgos y aldeas particulares. Establecían relaciones de familia con filiaciones clánicas definidas y se identificaban con nombres propios.
Afortunadamente se preservaron nombres taínos, muchos en combinación con nombres españoles, en las Relaciones de cacona, o vestuario dado a los taínos como pago por su trabajo en el régimen de la encomienda al que fueron sometidos. De todas las Antillas, solo se conocen estos documentos para el caso de Puerto Rico, entre 1512 y 1519.
Basta un ejemplo para ilustrar. El 26 de junio de 1516 se hizo un pago de cacona a los taínos que laboraban en la Real Hacienda de Toa; en la minería, agricultura y servicios domésticos. Su cacique era Aramana. Remitiendo solo los nombres taínos, entre los varones encontramos a Puari, Camao, Caona, Guayabo, Comerío, Bahime, Cayagua, Guacabo, y tantos otros. Entre las mujeres encontramos a Yayguana, Ataguas, Ata, Canaca, Caguama y Buriquena, y muchas otras.[9]
Caribe taíno. https://www.fragatacultural.com/2013/03/la-cultura-taina.html
De todo eso se tratan los cacicazgos de los taínos. ¿Suena a “Prehistoria” y a gente “prehistórica? Más bien, se trata de los últimos capítulos de la historia antigua de Puerto Rico.
[1] Federico Engels, Dialéctica de la naturaleza (1961: 16, 142).
[2] Louis-Jean Calvet, Historia de la escritura. De Mesopotamia hasta nuestros días (2001).
[3] Coll y Toste, Prehistoria de Puerto Rico (1975: 26-27).
[4] Diccionario de la lengua española, Tomo I ( 2001: 939).
[5] Coll y Toste citó de la traducción, Los orígenes de la civilización y de la condición primitiva del hombre (1888).
[6] Del análisis en profundidad del surgimiento y caracterización de los cacicazgos taínos me he ocupado en Tribu y clases en el Caribe antiguo (1986).
[7] Para no recargar este texto de innumerables notas en cuanto a cada término taíno remito a las obras de los autores ya citados o mencionados; y a libros de Alegría, Arrom, y Robiou Lamarche citados en la bibliografía.
[8] Fray Ramón Pané, Relación acerca de las antigüedades de los indios (1988: 33).
[9] Aurelio Tanodi, Compilador. Documentos de la Real Hacienda de Puerto Rico. Volumen I 1510-1519 (2010: 104-107).
Bibliografía
Alegría, Ricardo. Apuntes en torno a la mitología de los indios taínos
de las Antillas Mayores y sus orígenes suramericanos. San Juan:
Tercera edición. San Juan: Centro de Estudios Avanzados de
Puerto Rico y el Caribe, 2008.
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Sobre el autor:
El doctor Francisco Moscoso es académico de número de la Academia Puertorriqueña de la Historia, catedrático jubilado del departamento de Historia en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Autor de numerosos trabajos en torno a la sociedad taína antillana, la historia del siglo XVI y los movimientos libertarios en Puerto Rico y el Caribe.
