[dc]L[/dc]a gran demostración y el respaldo que necesita la ciencia para que no muramos asfixiados por las emisiones nocivas por el uso de petróleo y carbón estuvo marcada por la marcha a favor del planeta en su día: abril 22. En más de 600 ciudades, científicos y los que reconocen la debacle que ha sido la contaminación ambiental, marcharon para recordarle a los políticos que la amenaza a la vida del planeta no solo estriba en el control de armas nucleares por naciones belicosas, sino que ya existe una amenaza global causada por la humanidad.
No es casualidad que tantos estén alarmados por el futuro de la ciencia. A pesar de que es responsable de casi todos los adelantos que hacen la vida más fácil y que hemos ido experimentado en los últimos 150 años, hay quienes pretenden suprimirla a base de “creencias” y no de datos.
Casa Blanca ha anunciado que le pedirá al Congreso un aumento en gastos discrecionales para defensa de $54 billones, hasta $603 billones, para el año fiscal que comienza el 1 de octubre. Para pagarlo quieren sacar los fondos de los Institutos Nacionales de Salud (NIH por sus siglas en inglés) y de la Fundación Nacional de las Ciencias. A esta última, que se encarga de patrocinar las investigaciones en ciencias puras y biología, le quieren quitar $7 billones.
En estos días hemos escuchado a la administración de Trump indicar que quiere reducir por 20% el presupuesto de los NIH que equivale a $5.8 billones. La revista Nature reporta que para la Agencia Protectora del Ambiente los recortes contemplados también son de dos dígitos, y, además, habrá eliminación de los programas que tienen que ver con el calentamiento global y los cambios climáticos.
Como si fuera poco, se pretende recortar casi $1.7 billones del Departamento de Energía, movida que atenta contra los mejores y más avanzados estudios científicos que han producido, entre otras cosas importantes, resultados que ayudan a la producción de energía “limpia” y la captura y almacenamiento de productos de carbón. Peor aún es que el presupuesto preliminar propone recortes de $900 millones de la Oficina de Ciencia que respalda estudios en física de alta energía, cambios en el ambiente (calentamiento global), y en biología.
No creo que sea sorpresa para muchos que vivimos en un ecosistema en que todo está relacionado, y que la supervivencia de fauna y flora es esencial si este planeta ha de seguir existiendo y permitiendo que los humanos sobrevivamos. Si no salvamos el planeta nuestro futuro y el de las generaciones que nos han de seguir se verá amenazado. Asusta que los recortes son para la “defensa” y vemos que tal “defensa” se plasma en amenazas irracionales entre EE. UU. y Corea del Norte, en un diálogo que parece haber sido copiado de un cómic, y que involucra a un loco infantil y a alguien que no entiende nada de diplomacia ni de guerra. Y la guerra, como ya hemos oído de la boca de estos dementes, sería con armas atómicas.
A todos los que aprendimos algo del planeta en la escuela y en nuestras lecturas, y hemos vivido para ver cómo la ciencia sostiene, a base de datos, que se derriten los polos y que la gente se enferma debido a la contaminación ambiental, estas posturas se nos hacen incomprensibles. Sin embargo, menos entendible es el hecho de que haya legisladores y políticos que piensen que estos sucesos “no son ciertos”. La idea absurda de que existe algo que es “alterno” a la verdad (“alternative facts”), frase inventada por los simplones que siguen al presidente de los Estados Unidos, y que parece haberse sembrado con raíces profundas en lo que habita en el cráneo de muchos de los que lo eligieron, está ayudando a que se sacrifique todo lo que tiene que ver con análisis y lógica a favor de un supuesto desarrollo de la “economía”, que incluye dejar que se explore por petróleo en el océano y en los hasta ahora prístinos parques nacionales.
En uno de sus infames “twits” el presidente de los Estados Unidos dijo: “El concepto de calentamiento global lo crearon los chinos para hacer que la manufactura [americana] no sea competitiva.” En el 2000 su vicepresidente Pence dijo: “El calentamiento global es un mito.” Aunque este último ha dicho tímidamente que “No hay duda de que la actividad humana tiene algún impacto sobre el clima (énfasis mío).” Mientras tanto, los líderes del senado y la cámara de representantes, McConnel y Ryan, intentan destruir los convenios a los que han llegado las naciones para combatir el calentamiento global.
No cabe duda de que añadirle a estos ademanes bélicos los retrógrados recortes a la ciencia, atenta contra el progreso médico y científico y, por tanto, contra la salud de la nación norteamericana. Querámoslo o no, eso nos afecta directamente, ya que las investigaciones médico-biológicas que se conducen aquí en nuestro país se sustentan de fondos que se reciben mayoritariamente de los NIH. En el 2016 las instituciones puertorriqueñas recibieron de los NIH más de $45 millones. Perder 20% de los fondos, no importa de la agencia que sea, será oneroso para nuestras instituciones y afectaría negativamente la ya herida situación de la UPR. Los que no “creen” en la ciencia, que lo piensen bien y, como ha dicho alguien, no piensen que podremos mudarnos a vivir a Marte. Es aquí donde vivimos y es este planeta lo que tenemos que proteger.
