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80grados+

Mujeres de Dios

8 de marzo de 2013 by Gazir Sued 156 Comments

[dc]T[/dc]arde entrada una mañana de sábado o de domingo, mientras tomaba café y ojeaba la prensa, dos simpáticas evangélicas tocaron a mi puerta insistentemente y sin apuros. Resignado, abandoné mis asuntos y con alguna reserva de buen humor atendí su imprevista visita. De puerta en puerta –explicó la mujer- anunciaban el reino de Jehová. La una hablaba mientras la otra atendía a su bebé y asentía en silencio. “Dios tiene un propósito para ti, quiere que seas feliz” -me dijo, mientras me obsequiaba una revista que desmentía las acusaciones de maldad contra Dios. Enseguida lo evidenció citando un texto de la Biblia: “Jehová no es el causante de ningún mal” (Santiago 1:3)

Para mi sorpresa y contra todos mis esquemas, me dijo que no le creyera, que buscara por mí mismo y sin artificios de intermediarios, en el libro de los libros, la palabra precisa de Dios. Tomé la palabra a la afable mujer de Fe, agradecí su obsequio y nos despedimos. Desistí de leer la prensa, sin remordimiento, pues preferí no saturar mi día de violencias y crímenes horrendos. Dejé enfriándose el café; busqué mi Biblia y leí…

…y leí que los incrédulos y demás que no comulgan al pie de la letra con la voluntad de Dios eran y serían condenados a muerte: “…y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes.” (Mateo 13:42) Y leí que “…el que no se postre y adore, será echado inmediatamente en un horno de fuego ardiente.” (Daniel 3:6) Y seguí leyendo: “Destruiré los hombres y las bestias; destruiré las aves del cielo, y los peces del mar, y los impíos tropezarán; y extirparé a los hombres de sobre la faz de la tierra, dice el Señor.” (Sofonías 1:3)

Difícil imaginar aquellas mujeres tan amables clamar a semejante Dios; pero las imaginé aterradas por los suplicios del infierno, postradas e implorando al cielo: “Señor, Dios de las venganzas, Dios de las venganzas, muéstrate! Levántate, Juez de la tierra; da su merecido a los soberbios.” (Salmos 94:1-2) En cada libro sagrado, su Dios se mostraba así, vengativo, violento y cruel con los hijos de su propia creación; y la piedad, un privilegio residual para los temerosos crédulos. “Dios celoso y vengador es el Señor; vengador es el Señor irascible. El Señor se venga de sus adversarios, y guarda rencor a sus enemigos.” (Nahúm 1:2)

Y leí sobre la guerra, y vi que su Dios no era justo sino bestial y sanguinario. Animada la invasión de otras tierras para su gloria, ordenaba exterminar a sus habitantes: “Ve ahora, y ataca (…) y destruye por completo todo lo que tiene, y no te apiades (…); da muerte tanto a hombres como a mujeres, a niños como a niños de pecho…” (1 Samuel 15:3) En las tierras ocupadas en Su Nombre “…ninguna persona dejarás con vida.” (Deut. 20:16) (Josué 6:21)

Y leyendo pensé en la vida. Y leí que su Dios considera abominables a quienes de un mismo género comparten amoríos y cuerpos, y los condena a muerte (Levítico 20:13; Romanos 1:27); y leí que en lugar de estimular el ingenio y la sensibilidad para educar a los hijos, prefiere dar rienda suelta al hastío y frustración de los padres: “Si un hijo obstinado y rebelde, no escucha a su padre ni a su madre, ni los obedece cuando lo disciplinan (…) lo apedrearán hasta matarlo.” (Deut. 21:18); y leí que su Dios incita y llama justica a la violencia mortal contra las mujeres: “Mas si resultare ser verdad que no se halló virginidad en la joven (…) la apedrearán los hombres hasta que muera…” (Deut. 22:13-21)

…y dejé de leer. Cerré mi Biblia y suspiré aliviado por aquellas simpáticas evangélicas. En parte, porque sacar de contexto algunas citas bíblicas y manipularlas para su propia conveniencia demuestra que no leen como Dios manda; en parte, porque sé que -para suerte de todos- Dios existe sólo en sus cabezas…

Varios días después de terminar este escrito, la prensa publicó noticia sobre la determinación judicial de autorizar la libre entrada de propagandistas religiosos a las urbanizaciones y demás zonas residenciales con acceso controlado. La prohibición de libre acceso, a todas cuentas, nunca había sido otra cosa que una afrenta de vecinos con poder de influenciar el poder del Estado a su favor, pues las aceras, carreteras y parques en estas zonas residenciales privadas, son públicas y no tienen por qué dejar de serlo. La gran paradoja es que, aunque el vuelco judicial respondió al derecho constitucional de la ciudadanía, el mensaje religioso no deja de representar atentados a los mismos principios constitucionales y derechos humanos que nos cobijan a todos. En este escenario, parece que la libertad de expresión garantizada como derecho político/constitucional también favorece el oscurantismo ético e intelectual que irremediablemente caracteriza al fanatismo y la credulidad religiosa. Se trata de una suerte de “libertad” propia de la vida social en los estados democráticos y debe reconocerse como tal. Sin embargo, sabido es que gran parte de los males, trastornos y problemas sociales están enraizados en la credulidad religiosa, y creo que –amparados en el mismo derecho y libertad- debemos desenmascararla, desmentirla y contrarrestarla sin tapujos ni miramientos…

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Gazir Sued
Gazir Sued
Gazir Sued obtuvo su doctorado en Filosofía del Derecho, en la Universidad Complutense de Madrid; y su maestría en Sociología y bachillerato en Psicología en la Universidad de Puerto Rico. Ha publicado varios libros de teoría crítica (política, jurídica y social); criminología; historia del psicoanálisis e historia de las experimentaciones biomédicas con primates no-humanos, entre otros. Además, ha publicado numerosos artículos y ensayos investigativos sobre temas como la influencia de las religiones en las leyes y políticas de gobierno; la misoginia y la homofobia; la crueldad contra animales; la desobediencia civil, la guerra y los derechos humanos; la violencia penal y carcelaria, la ideología prohibicionista y la cuestión criminal; la educación y la universidad, y otros.
Posted in: 80grados+ Tagged: ateísmo, Biblia, evangélicas, mujeres de dios, pentecostales, religión

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