El filme que nos ocupa trata de la amistad que se desarrolló entre un periodista, llamado Denne Bart Petitclerc en la vida real y Ed Myers (Giovanni Ribisi) en la película, y el escritor (Adrian Sparks). En 1957 Myers le escribió a Hemingway quien era su ídolo desde el punto de vista literario y este lo invitó a visitarlo en Finca Vigía, su casa cerca de La Habana. Allí conoce a los amigos cubanos de Papa y a Mary Welsh (Joely Richardson), la cuarta mujer del escritor y, como él, periodista.
Myers les cuenta su vida y la pareja se encariña con el muchacho a quien llaman “kid” y en quien Papa va depositando los vestigios de ese cariño que llaman “paternal”. El muchacho, huérfano por decisión de sus padres, deposita en ellos una confianza que se convierte poco a poco en una especie de obsesión que combina la adulación con el deslumbramiento de estar ante una pareja que lo hecho todo y ha visto todo lo que suple la vida.
Al principio vemos a Hemingway haciendo de Papa e impartiéndole a Myers lecciones de pesca y de cómo guiar un bote, el famoso Pilar con el que veló por submarinos nazis en el Caribe durante la segunda guerra y desde el cual estableció numerosos récords de pesca, otro factor que lo distinguió. El nombre de Pilar era el de un personaje en “Por quién doblan las campanas” y también el apodo que le tenía Papa a su segunda mujer, Pauline. Según la trama evoluciona comenzamos a ver los desdenes y los diablos que ocupan las vidas de los Hemingway, dos seres a quien esa diosa promiscua que es la fama (se va con cualquiera) los carcome y les envenena la vida. Peor aún es el hecho que el escritor está en la mirilla del FBI por sus ideas “republicanas” (en el sentido de la Guerra Civil Española: léase liberales socialistas y comunistas) y su posible conexión con los corredores de armas para los rebeldes que desean la destitución del dictador Batista. Pesa también sobre él que está sufriendo de “bloqueo de escritor”.
Vemos en un instante el ataque al palacio presidencial de La Habana y Hemingway lleva al joven periodista de la mano a ser testigo ocular de la refriega que resultó en una masacre de los estudiantes que participaron en ella. Toda la contienda de la revolución cubana sirve para que apreciemos la tirantez de la situación de los Hemingway en Cuba y la oportunidad que esto le brindó a Myers como periodista.
Petitclerc -el verdadero Myers- escribió el guión, que es la gran debilidad del filme. Murió antes de que comenzara la filmación, y tal vez quienes quedaron para dirigir (Bob Yari, quien también fue uno de los productores) y completar la película, no sabían lo suficiente sobre Hemingway ni sus compañeros de generación (dos Passos, Fitzgeral) y sus contemporáneos (Henry Miller, Isak Diensen) para evitar darnos líneas didácticas sobre la vida literaria del escritor. Creo que por las deficiencias del guión y del director, los actores a veces no saben qué hacer con sus líneas. Joely Richardson, quien no puede negar a su madre Vanessa Redgrave, participa de conversaciones como si en algunas tuviera un apuntador detrás de las cámara, aunque hay que reconocer que al mismo tiempo está borrando (con éxito) cualquier vestigio de su acento británico. Sin embargo, se luce, como la buena actriz que es, en sus diatribas verbales y violentas agresiones que perpetraba Miss Mary (así la llamaba Papa) contra su marido. Ribisi actúa de tal forma que parece que acaba de conocer al Hemingway verdadero y haber quedado atónito, y de ser él quien se ha tomado 16 daiquirís, dos vasos de Wild Turkey y media botella de vodka.
Sí brilla Adrian Sparks como Papa. Se le parece tanto físicamente que me pregunté si alguna vez ha ganado el famoso concurso de los parecidos a Papa que se celebra anualmente en el Sloppy Joe’s en Cayo Hueso. Actor principalmente de teatro, Sparks domina las escenas (que podrían ser de una drama teatral) en las cuales comparte con uno, dos o tres actores sin mucho esfuerzo, y trasmitiendo el encanto que siempre celebraron los que conocieron a Hemingway cuando no estaba siendo un asno.
Me encantó La Habana que se detuvo en el tiempo lo suficiente para que este filme inseguro pero soportable pudiera filmarse allí como si Papa, Miss Mary y los visitantes a Finca Vigía todavía anduvieran entre nosotros. La bondad de la película es que puede servir como un cursillo breve o prólogo a la persona de Hemingway, y a estimular a quien no lo conoce como escritor a leerlo. A leer “In Our Time” y los cuentos de Nick Adams, o “The Sun Also Rises”, y muchas otras, para que vean qué lo hizo uno de los escritores más influyentes del siglo XX.


