[dc]D[/dc]espués del día del trabajo (Labor Day) el verano termina y, se supone, comiencen a llegar a las pantallas películas más serias y más profundas. Pues ya veremos si eso es verdad. Pero, si todavía está agobiado por el calor y el fin de semana requiere algo liviano, divertido y excitante, no se pierda esta cinta que cumple con todos esos requisitos.
Wilee, (el agradable Joseph Gordon-Levitt) un mensajero de bicicleta en Nueva York, tiene que hacer un recogido y una entrega de un sobre que está en manos de la mujer que comparte apartamento con su exnovia Vanessa (la lindísima Dania Ramírez) que, como él, también es mensajera de bicicletas. La muchacha del sobre, Nima (Jamie Chung), tiene un secreto que reside en el sobre y que tiene valor monetario.
Lo que contiene el sobre lo saben en Chinatown unos maleantes a quien les debe dinero un policía corrupto que es adicto al juego, y le dicen que si consigue el sobre, le condonan la deuda. Entonces comienza un juego de gato y ratón, que es una delicia cinemática y una especie de farsa feydeauesca en bicicleta.
Para comenzar hay una especie de triángulo amoroso entre Wilee, Vanessa y otro mensajero ciclista, Manny (Wolé Parks), un amigo de Wilee, que es su competidor por las entregas que mejor pagan, y por el amor de Vanessa. El triángulo lo maneja sin darse cuenta el despachador Raj (Aasif Mandvi) con el interés único en ganarse una buena propina de las asignaciones que les hace a sus mensajeros. Uno de ellos, según él, tiene como “noventa años” y solo sirve para viajes cómodos. El toma y dame del diálogo en la “oficina” del despachador tiene la velocidad de una ametralladora y es cónsono con lo que les está sucediendo a los mensajeros, sin que Raj lo sepa.
Detrás de los tres ciclistas, sin perderles la pista, anda el policía Bobby Monday (Michael Shannon) que tiene una paciencia infinita dentro de su desesperación por conseguir el sobre. Además, cómo puede uno contenerse de sonreír ante alguien que se llama Monday, que nos podría preparar para un intercambio de palabras a lo Abbott y Costello: “Hello, is it Monday? No it’s Tuesday”, o de a una locura que sea una variante de Chesterton, del “Hombre que era jueves”.
El filme está concebido con una gracia cinética que envidiaría Twyla Tharp y que lleva en cada ángulo de su fotografía la sonrisa que le imparten los hermanos Marx a sus locuras y payasadas más plásticas, como el juego de futbol en “Horse Feathers”. A veces la cámara capta el tráfico impenetrable de la Gran Manzana desde los pedales de las bicis, a veces desde tomas aéreas que dan vértigo, no por la altura, sino por los vericuetos que atraviesan los tres ciclistas principales mientras los persigue Monday y el sobre pasa de mano en mano como… pues sí, una bola de futbol.
La gracia de la persecución por todo Manhattan está acentuada por la presencia de una especie de deux-ex-machina en reversa, un policía de tránsito en bicicleta que se une a la persecución de los buenos sin saber qué está sucediendo. La actuación de Christopher Place en este papel es digna de mencionarse porque es de una hilaridad contagiosa sin ser obvia.
Según Wilee y sus amigos dan sus viajes la trama se enciende con un constante ir y venir del tiempo hacia adelante y hacia atrás, una edición que está intercalada por la divertida puesta en escena que nos demuestra, en un modelo de Manhattan, por dónde irán los ciclistas y cómo las rutas determinan cuán rápido llega el mensaje a su destino. Mejor todavía son las “visiones” de Wilee tratando de decidir cuál es la mejor vía a tomar en el enjambre de gente, autos, camiones, puertas abiertas, carros de vendedores ambulantes, bolsas de basura, y un largo etcétera que se interpone en su camino.
La cámara de Mitchell Amundsen, la edición de Derek Ambrosi y Jill Savitt, y la dirección de David Koepp, quien escribió el guión con John Kamps y, en el pasado, escribió el de “Carlito’s Way”, son divertidas y satisfacientes.
Si los logros técnicos son estupendos hay que recrearse en la actuación de Michael Shannon como el policía Billy Monday. Me he familiarizado con Shannon como actor en la brillante serie “Boardwalk Empire”, en la que Shannon interpreta el agente Nelson Van Alden, quien va de policía unltraderechista y fanático a ser fugitivo de la justicia. La minuciosidad de sus intervenciones y la creación de un monstruo que se convierte en un asesino son de un vigor y una fuerza que nos dicen que tenemos ante nosotros un gran actor de “carácter”, y así lo demuestra en esta cinta. Su personaje es una mezcla de sadismo y desesperación con una aderezo de ecuanimidad pasajera que lo convierte en una amenaza sutil, muy distinto a Van Alden, quien mete miedo siempre. Grande y feote, puede que esté condenado a papeles de villano, pero hay que recordarlo en “Revolutionary Road” como el vecino de Kate Winslet y Leonardo DiCaprio para saber que en él existe el potencial para grandes actuaciones en buenos papeles primarios. De hecho, en cualquier papel que se le asigne.
Vayan a las carreras de bici de esta cinta y si han estado en alguna ocasión a punto de ser arrollados por un mensajero en una camella en Manhattan, entenderán a lo que ellos están expuestos.
