
Fotograma del film indio RRR.
[dropcap]E[/dropcap]n 1920, durante el Raj británico, el gobernador Scott Buxton (Ray Stevenson) y su esposa Catherine (Alison Doody) visitan un bosque en Adilabad y allí secuestran a Malli, una joven con talento artístico, de la tribu Gond. Enfurecido por esto, el guardián de la tribu, Komaram Bheem (N. T. Rama Rao Jr.) se embarca hacia Delhi para rescatarla, disfrazándose de un musulmán llamado Akhtar. En otra parte, el Nizamate de Hyderabad, simpatizante del Raj, advierte a la oficina de Scott del peligro inminente. Sin inmutarse, Catherine recluta a A. Rama Raju (Ram Charan), un ambicioso oficial de la Policía Imperial India, para sofocar la amenaza. Buscando pistas sobre el paradero de Malli, Raju y su tío, Venkateswarulu, asisten a varias reuniones a favor de la independencia en las que finge apoyar la independencia.
Meses después, Lachhu (Rahul Ramakrishna), el crédulo ayudante de Bheem, es engañado por la artimaña de Raju e intenta reclutarlo para el complot de Bheem, pero luego descubre su verdadera identidad y huye. Poco tiempo después, Bheem y Raju se encuentran, sin darse cuenta de sus lealtades opuestas. En el transcurso del trabajo conjunto para salvar a un niño de un accidente de tren, entablan una amistad y con el tiempo se acercan.
Lo curioso del guion de S. S. Rajamouli, quien también dirigió, es que estos dos personajes, que en la historia de la India se rebelaron contra el Raj, no se conocieron, pero la idea que dos próceres se junten en la ficción para hacerle pagar a las brutalidades británicas y al Nizam de Hyderabad (uno de los principados más prósperos de la India durante trecientos años) es genial.
Cuando conocemos a Raju nos damos cuenta de que está poseído de poderes dignos de un dios y que su vida parece existir en un ballé dirigido por Vicente Minnelli. Su fortaleza y su arrojo poco tienen que envidiarle a un súper héroe. Además descubrimos que este filme no ha de ser como los que le anteceden sobre el tema de los británicos en India. La cinematografía d K. K. Senthil Kumar, la edición de A. Sreekar Prasad, y la música de M. M. Keeravani nos van envolviendo en una metáfora, a veces brutal y sangrienta, de la lucha intensa del subcontinente por liberarse del coloniaje. Cuando uno menos se lo espera, hay un baile (algunos con coreografía que remite a Busby Berkeley; después de todos estamos en los 20 del siglo pasado) alguien irrumpe en una canción o una lucha mano a mano parece haber sido diseñada por Georges Balanchine.
Raju ayuda a Bheem a cortejar a Jenny, la sobrina de Scott, sin saber que Bheem planea infiltrarse en la residencia de Scott. Cuando Jenny lleva a Bheem a su residencia, Bheem localiza la habitación donde Malli está cautiva; conoce a Malli y le promete que la liberará. Este detalle es curioso ya que eso de por sí hubiese sido una causa para que Bheem cayera en la lista negra del gobernador. Máxime si descubre que el pretendiente está frustrado por la cobardía, codicia, oportunismo y falta de resistencia organizada que sus compatriotas exhiben hacia sus amos coloniales. Luego de una masacre británica de cientos de manifestantes en la ciudad norteña de Amritsar en 1919, las educadas solicitudes de una mayor representación india en el gobierno se consolidaron en el movimiento independentista. Por eso basar la cinta en 1920 constituye una referencia directa a las barbaridades del Raj. Y, por supuesto, la pone muy distante del pacifismo de Mahatma Gandhi
Deslumbrante, bien actuada, bailada como si fuera diseñada en la época gloriosa de MGM, con sangre balanceada a veces por el humor y un deseo de que todos entendamos los crímenes grandes y sutiles del colonialismo, vale ver esta fantasía bien estructurada y dirigida.
