El balazo que le atravesó el tórax no lo amedrentó, sino todo lo contrario, ¡fue el sello que literalmente llevó en el pecho por el resto de su vida, como patriota y socialista!
Tomados de la mano, radiante la sonrisa, la frente siempre en alto, los siete jóvenes sacrificados en pleno esplendor de la existencia nos miran a los ojos y nos dicen: sólo el olvido mata.