80grados+
El texto entra por una grieta incómoda: deseo y goce no son la misma cosa. Desde Lacan, Deleuze, Guattari, Žižek y Byung-Chul Han, el deseo aparece como fuerza que no busca clausura, sino movimiento, fuga y reproducción de sí mismo. El goce, en cambio, carga con la falta, la culpa, la angustia y esa promesa imposible de satisfacción completa. Ahí entra el capitalismo contemporáneo, siempre dispuesto a vender remedios para heridas que él mismo administra. Tecnologías, psicofármacos, likes, emojis, seguidores y pantallas convierten la vida afectiva en mercancía, disciplina y espectáculo. La psicopolítica digital ya no necesita imponer obediencia desde afuera: logra que cada sujeto vigile, mida y explote su propio deseo. El mercado no elimina la carencia; la organiza, la monetiza y la mantiene productivamente abierta, sin descanso alguno.
Por Juan Illich Hernández Rivera · 6 minutos
80grados+
En plena pandemia, cuando el miedo se volvió rutina y el hastío una plaga más eficaz que el virus, la pornografía digital ocupó su lugar como anestesia global. Las “políticas amistosas” del like —ese gesto virtual que disfraza la soledad— empezaron a domesticar el deseo, fabricando subjetividades a golpe de clic y placer instantáneo. Ya no se trata de sexo: es un laboratorio hiperreal donde el goce se dosifica como droga y el mercado dicta los acordes. El Big Data, convertido en voyeur omnisciente, adivina fetiches, archiva pulsiones y calibra fantasías. La pornografía contemporánea dejó de ser espejo del erotismo para convertirse en su jaula dorada: un dispositivo de control social que acaricia mientras encadena.
Por Juan Illich Hernández Rivera · 9 de agosto de 2025
80grados+
Por lo tanto, decir que se ha perdido la vergüenza implica, en última instancia, decir que ha desaparecido esa mirada que la produce. Vivimos cada vez más en un mundo sin otro.
Por Rubén Ríos Ávila · 22 de noviembre de 2013