La antigua inquilina del nuevo apartamento ha dejado cosas almacenadas allí hasta que pueda venir por ellas. Es, junto al hecho que la mujer usaba su casa como lugar de citas, uno de los asuntos en este “thriller” psicológico que el guionista y director Asghar Farhadi usa como parte del misterio que se desarrolla relacionado con el desplazo del matrimonio. Son asuntos que han de servir de enlace al centro dramático del filme y han de jugar un papel fundamental en los eventos que entretejen la producción teatral con la vida real de los protagonistas.
En la obra teatral, Emad es Willy Lowman y Rana su mujer Linda. Willy es el paradigmático personaje que representa el norteamericano fallido e inseguro que está llegando a las últimas etapas de su carrera como vendedor. Ya es harto conocido que en la obra del gran Arthur Miller “Lowman” es símbolo del “hombre más bajo” (esa sería la traducción literal) en una sociedad en la que el éxito se mide, más que nada a base de cuánto alguien gana y a qué se dedica. Aunque Emad no está a ese bajo nivel social, las circunstancias lo acercan a descender a una especie de limbo en el que su comportamiento y el de algunos que lo rodean, no está muy lejos de la cuneta. Según la cinta avanza nos percatamos que el edificio a punto de quebrarse es un símbolo de lo que sucederá en el filme. Hay además una referencia recurrente al hecho que para ascender o descender de los departamentos que habitan Emad y Rana, hay que usar las escaleras: no hay la posibilidad de usar una tecnología tan antigua como un ascensor, porque no funcionan. Es una dificultad que también se refleja en la vida de Willy Loman en el drama que protagoniza: su vida de ascensos ha terminado. Es un hombre que está en caída libre hacia el anonimato que espera a la mayoría de los humanos.
No puedo divulgar más detalles sin echar a perder el suspenso intenso que Farhadi desarrolla usando los diálogos y abriendo poco a poco la flor del misterio. El impacto de las revelaciones se agudizan gracias a las destrezas de Hosseni, el actor que interpreta a Emad.
La idea de un drama dentro de otro tiene su paradigma más ilustre en Hamlet. Aquí, en vez de las tribulaciones de un príncipe, vemos el desespero de un hombre común. Según el drama dentro del drama se profundiza, al misterio de qué le sucede a Rana se une una serie de emociones que son usadas y exploradas por Miller en su obra original, sin decir nada de Hamlet, y que Farhadi ha examinado anteriormente, en particular en “A Separation” (reseñada aquí el 20 de abril de 2012). La duda, la venganza y el perdón, son temas en esta que se tratan con un sentido de ética que trasciende cualquier planteamiento religioso. Hay un dato curioso en ese sentido. Rana siempre lleva la cabeza cubierta, como a veces indica la ley islámica en ciertos países (en muchos países, como en Arabia Saudita es mandatorio y, además la mayoría de las mujeres tienen que taparse el rostro en público). Pero no sabemos su religión, aunque lo más seguro es que sea chií o chiíta); curiosamente, en un momento, Emad se persigna (hay cristianos en Irán adeptos a la Iglesia Apostólica Armenia) ((La película es en farsi con títulos en español. Puede que haya mal interpretado la señal de la cruz de Emad porque la traducción está limitada.)). Me parece un detalle importante para entender si sus acciones corresponden a la ley islámica del Corán (ojo por ojo) o a las varias versiones del tema que aparecen en la Biblia. Como verán, en la cinta hay venganza humana, pero también divina.
La actuación de Hosseni, como ya he intimado, es notable por su capacidad de exhibir su desespero sin alzar la voz y, al mismo tiempo, mostrar su ira con miradas o movimientos abruptos. Eso nos va preparando para su encuentro con un hombre (Farid Sajjadi Hosseini), quien también es “vendedor” y que puede tener la llave del secreto. Entre los dos hombres se desarrolla un diálogo que los va transformando. Ahora, el espíritu de Willy Loman de la obra de teatro va saltando entre los personajes, según la verdad quiere subir a tomar aire fresco. Cómo Farhadi y el cinematógrafo Hossein Safiyari manejan las tomas de cámara-en-mano le suple a la escena una patina de intimidad a lo que se convierte en una lucha de voluntades separadas por un gran abismo.
Reconocer las diferencias culturales y religiosas de quienes han contribuido a este filme es crítico para poder entender la respuesta de algunos de los personajes a la propuesta dramática del guionista. Por supuesto, soy el primero en aceptar que desconozco la respuesta “normal” de un iraní a lo que ocurre en el filme. Solo puedo juzgar lo que se intenta que reconozcamos de las imágenes que evoca Farhadi en su película. Una cama en la primera escena, una prostituta como parte de la trama de la obra dentro de la obra y como parte de la trama principal de su drama, creo que son evidencia de la rebeldía que caracterizan su arte. Como debe de ser, la creación individual es siempre un acto de rebeldía. En un país como Irán hacer una gran película contribuye al núcleo reaccionario contra un régimen dictatorial. Este filme añade a los logros de Farhadi y lo incorpora a la lista de artistas que no se doblegan.

