
Como comentamos en el ensayo anterior, en nuestra cultura y política contemporáneas se ha desarrollado, a través de los años, una narrativa un tanto simplista que por lo general habla solo de dos tipos de universidades, “pública” y “privada”, y que a veces alega que las “universidades privadas” han alcanzado o superado a la UPR en “relevancia” o “importancia”. Los medios reportan además que las “universidades privadas” están alegadamente cerrando la brecha y alcanzando tasas de graduación similares a las de la UPR. El valor de una institución no puede medirse utilizando únicamente datos institucionales como estos (y anteriormente discutimos algunos de los factores que deben incluirse al pensar en ese “valor”), pero los indicadores institucionales sí deben ser parte de cualquier conversación seria sobre el tema, y nos alegra verlos más presentes en la conversación en los medios. Al mismo tiempo, nos parece necesaria ofrecer una mirada más cuidadosa a estos datos, para poder obtener conclusiones más precisas y, por ende, más útiles.
Por ejemplo, para el caso específico de “tasas de graduación”, que es uno de los indicadores más importantes y de uso más frecuente, debemos –como adelantamos el mes pasado–analizar las cifras en mayor detalle y en términos de no dos, sino al menos tres tipos de instituciones: públicas, privadas con fines de lucro (for-profit) y privadas sin fines de lucro (non-profit).
Todas las instituciones de educación superior están obligadas a recoger y reportar al Departamento de Educación de Estados Unidos ciertos datos básicos, como sus tasas de graduación, retención, y cantidad de deuda estudiantil, que el departamento entonces agrupa en un mismo sistema, IPEDS (Integrated Postsecondary Education Data System). Las “tasas de graduación” se refieren al porcentaje de estudiantes en un cohorte particular que completaron sus programas dentro de un 150% del tiempo de duración del mismo y, como el resto de los indicadores que las instituciones someten a IPEDS, por lo general se calculan usando como base solamente al subconjunto de estudiantes en ese recinto que ingresan a la universidad por primera vez y estudian a tiempo completo (full-time, first-time, o FTFT). La cifra “tasa de graduación” por sí sola, es entonces insuficiente en un contexto donde no todas las instituciones contienen la misma proporción de estudiantes full-time, first-time, y debe ser matizada y contextualizada con otros datos, muchos de ellos disponibles en el mismo sistema, IPEDS.
Por ejemplo, según los datos del National Center for Education Statistics, en el caso de los estudiantes del cohorte de 2012-13 que se matricularon en universidades privadas for-profit en Puerto Rico, solo el 31% es full-time, first-time, FTFT. De modo que las cifras comúnmente citadas de “tasas de graduación” para ese cohorte están basadas en menos de una tercera parte de los estudiantes que se matriculan en estas instituciones. Esto contrasta, por ejemplo, con el caso del sistema UPR, donde los estudiantes FTFT representaron el 82% de la población estudiantil durante el mismo periodo.
Las implicaciones que tiene la proporción de FTFTs en cada institución o recinto (público, privado non-profit y privado for-profit) son importantes a la hora de interpretar lo que significan sus tasas de graduación. Tomemos por ejemplo los datos más recientes (disponibles en esta herramienta del National Center for Education Statistics) de nuestro pueblo, Mayagüez[1]: la universidad privada for-profit más grande del área reporta una tasa de graduación (67%) más alta que la de la universidad pública local (46%) y que la non-profit local de mayor tamaño (31%). Pero esa cifra, 67%, que reporta la for-profit, está calculada usando solamente el 9% de la población estudiantil, porque el resto (la mayoría) no cae dentro de la categoría de FTFT. En contraste, el cálculo de la pública incluye el 90% de sus estudiantes, y el de la privada non-profit, 82%. Y aun limitándonos al grupo de FTFTs, hay otros indicadores que debemos usar a la hora de interpretar tasas de graduación y ponerlas en contexto. En nuestro ejemplo, a modo de ilustración, la tasa de retención de FTFTs en la for-profit de referencia es mucho más baja que las otras dos (pública y non-profit) en la misma ciudad: solamente el 35% de los estudiantes que inician estudios por primera vez y a tiempo completo en ella (FTFT) regresan en su segundo año. En contraste, la tasa de retención de FTFTs en la universidad pública local es de 92%, y en la privada non-profit 72%. Otro indicador importante disponible en IPEDS es el “loan default rate”, el porcentaje de ex alumnos de la institución que no ganan lo suficiente para poder prestar el pago mensual de sus préstamos estudiantiles. Y de nuevo, los números de las tres instituciones son muy distintos: la for-profit tiene una tasa de “default” de 19.4%. En contraste, la pública local tiene un loan default rate de sólo 4.4%, y la privada non-profit, 12.9%.
Debido a los distintos perfiles de estudiantes y los distintos tipos de grados post-secundarios que existen en la oferta de educación terciaria en Puerto Rico (desde certificados hasta doctorados) es difícil comparar con precisión cuán bien le sirve cada tipo de institución a todos sus estudiantes. Pero podemos usar los datos disponibles para hacer aproximaciones y buscar patrones significativos. Por ejemplo, llevamos a cabo el siguiente ejercicio: al examinar el cohorte 2012-13, incorporando todos los perfiles de estudiantes, (full-time, first-time; full-time, non-first time; part-time, first-time; y part-time, non-first-time), encontramos que el 53.7% de los estudiantes del sistema público obtuvieron un grado en 6 años o menos, frente a un 39% en el caso de las instituciones sin fines de lucro y 45.4% en el caso de las instituciones for-profit. De los grados otorgados, el 77% fueron bachilleratos en las instituciones públicas, 60% en el caso de las non-profit, y 8% en el caso de las for-profit.[2]
Al comparar estos datos con los del cohorte 2009-10, no encontramos evidencia de un “cierre en la brecha” entre las públicas y privadas, con o sin fines de lucro. En términos más generales, el 54% del cohorte de 2012-13 a nivel de toda la isla no logró terminar un grado dentro de 8 años. De estos que comenzaron estudios pero no completaron un grado, el 87% estaba matriculado en instituciones privadas; 44% en instituciones privadas sin fines de lucro y 43% en instituciones privadas con fines de lucro.
En otras palabras, perdemos en el camino un poco más de la mitad de los estudiantes que deciden aspirar a un grado universitario, y la mayor parte de esa pérdida proviene del sector privado, con y sin fines de lucro. Estos estudiantes retornan al mercado laboral sin grado y en muchos casos sumamente endeudados. La diferencia en “loan default rates” en los tres ejemplos que presentamos arriba (donde la proporción de estudiantes que no lograban pagar sus préstamos en la privada for-profit es más de cuatro veces la de la pública) es consistente con los hallazgos de estudios en Estados Unidos que demuestran que las for-profit tienden a dejar a sus estudiantes con menos grados y más deuda impagable que sus contrapartes pública y privada non-profit. Este análisis se puede matizar y profundizar usando diferentes estrategias. Por ejemplo, se pueden contrastar las tasas de graduación por tipo de grado al que aspiraba el o la estudiante (certificados, asociados, bachilleratos, o estudios graduados). Ese ejercicio, mucho más amplio, requiere por supuesto examinar y comparar programas e instituciones individuales, y exige mucho más tiempo que el que tenemos disponible nosotros, los autores. No obstante, mirando los datos, emergen ciertos patrones, e incluso ciertas conclusiones inevitables: el sistema público gradúa proporcionalmente más estudiantes, con menos deudas. Esta conclusión es importante, sobre todo en el contexto de lo que se observa en la matrícula de las universidades for-profit en Puerto Rico, algunas de las cuales parecen estar anunciándose de manera particularmente agresiva al tiempo que la UPR, y el país en general, pierde población. Según los datos del National Center for Education Statistics, entre 2013 y 2020 la matrícula total de las universidades puertorriqueñas disminuyó: 49,461 estudiantes menos, una reducción del 20%. Esto sin duda debido a la situación demográfica de la isla. Sin embargo, las universidades privadas for-profit han sido las menos afectadas por estos cambios poblacionales, con una reducción de solo 7% en su matrícula total. Lo que contrasta con la reducción de 15% en las universidades públicas y un 27% en las privadas sin fines de lucro.
Las universidades for-profit no solo han sufrido mucho menos el impacto de la disminución en la matrícula de estudiantes post-secundarios a nivel isla, sino que fueron el único sector con un aumento en la matrícula de estudiantes a nivel graduado durante este período. Entre 2013 y 2020, la matrícula de estudiantes a nivel graduado en las universidades públicas disminuyó un 5%. En el caso de las universidades privadas sin fines de lucro la disminución fue de un 0.4%. Sin embargo, en el caso de las universidades for-profit, el número de estudiantes a nivel graduado aumentó en un 180%. Las universidades for-profit representaban solo el 4% de toda la matrícula a nivel graduado en Puerto Rico en 2013. En 2020 esta cifra había aumentado a un 10%.
Todo lo anterior tiene enormes implicaciones para el desarrollo económico.
Decir que la educación es clave para el desarrollo, recuperación y bienestar económico se ha vuelto casi una perogrullada repetida por diferentes sectores. Sin embargo, rara vez se elabora sobre el cómo.
Por un lado, estudios han encontrado que el nivel de educación y destrezas de una población es una variable más importante para el crecimiento económico que incluso el capital físico disponible en una economía. La educación se relaciona con aumentos en la productividad, que a su vez es uno de los indicadores principales que evidencian un proceso de desarrollo exitoso. Por otro lado, se ha encontrado que la innovación es crítica para el desarrollo económico, y las universidades públicas típicamente juegan un rol medular en promoverla de forma exitosa. Los países más exitosos son aquellos que han logrado diseñar políticas industriales, comerciales y tecnológicas dirigidas a fortalecer empresas locales en industrias estratégicas para el desarrollo económico a largo plazo; y nuevamente, las universidades públicas juegan un rol central en la formación de profesionales y/o investigaciones afines. Muchos estudios demuestran, además, que aquellas naciones que priorizan la reducción de la pobreza y la desigualdad suelen crecer y desarrollar sus economías de forma más rápida y sostenida. Las universidades públicas promueven la movilidad social, y por tanto la reducción de la pobreza y la desigualdad. De esta forma también contribuyen directamente al desarrollo económico. Finalmente, no cabe duda que reducir el número de estudiantes que no logran terminar su carrera, y retornan al mercado laboral sin grado y ahogados en deudas, beneficiaría la economía.
Dado lo anterior, al unir su experiencia y contribución en investigación e innovación, sus relativamente altas tasas de graduación, y los estudios que han documentado su rol en la economía local, queda claro que la UPR es uno de los recursos claves para el desarrollo económico de la isla. Fortalecer la UPR, su presupuesto, la proporción de nuestros estudiantes que estudian en ella, y los vínculos entre sus programas e investigación con las necesidades e industrias estratégicas para la isla, debe concebirse como una de nuestras principales estrategias de desarrollo económico. Curiosamente, como hemos visto, el gobierno de Puerto Rico se mueve en la dirección contraria a lo que sugieren la literatura y evidencia económica. ¿Cómo entender esta contradicción?
Sin duda la explicación es compleja y multifactorial, pero nos parece importante señalar que en nuestra conversación nacional en Puerto Rico sobre universidad, recuperación y economía, no se habla lo suficiente del rol de nuestro «top 1%» criollo, es decir, el pequeño círculo de los puertorriqueños más ricos de la isla. Este pequeño grupo de personas y familias, además de disfrutar un estilo de vida bastante distante y distinto al resto de nosotros, tienen un peso desproporcionado sobre la toma de decisiones y el rumbo mismo del país, a través de sus empresas e inversiones, sus amigos y posiciones en el gobierno, y sus nombramientos en todo tipo de juntas, organizaciones y comités. No hay que rebuscar mucho para notar que este pequeño grupo está compuesto mayormente de hombres blancos que de niños y adolescentes asistieron a las mismas dos o tres escuelas privadas más caras y prestigiosas de San Juan y Guaynabo. De más está decir que ellos no estudiaron en la UPR, y sus hijos tampoco lo harán: ellos estudian en universidades fuera de la isla. Por tanto, no nos debe sorprender que estos sectores poderosos no compartan el amor y aprecio que tiene el resto del país por la UPR; y esto se refleja en los recortes y el desprecio con el que se ha tratado la universidad pública durante los últimos 5 años.
No hay que minimizar el rol que nosotros mismos, desde la UPR, hemos jugado históricamente en esta situación, cultivando cierta imagen de “selectividad”, y, al escribir estas líneas, lo hacemos con la conciencia plena de que si el país decide invertir y apostar por su universidad pública, le toca a la universidad pública hacer lo mismo: invertir y apostar por su país. Eso podría requerir cierto cambio cultural. Es decir, que nos toca aceptar que muchos de nuestros estudiantes necesitan apoyos académicos para convertir en realidad su potencial y que proveer esos apoyos (y exigir los fondos para hacerlo bien) es parte de nuestra misión. Hay tela para cortar, y es tema aparte, pero sepan, lectores, que no lo estamos ignorando, y que pueden escribirnos con sus preguntas, información y preocupaciones sobre este y cualquier otro asunto. Creemos firmemente que la Universidad y el país se necesitan, y que la inversión debe darse en ambas direcciones.
Rescatar y fortalecer la UPR es condición necesaria para cambiar la trayectoria económica y social de Puerto Rico. Pero parecería que algunos miembros de nuestro 1% criollo, han decidido tratar la educación universitaria del mismo modo en que lo han hecho con tantos otros servicios y bienes públicos, como las escuelas, el ambiente natural, y la distribución de energía. Nos parece que el ataque a la UPR es otra instancia más de la lucha de clases que se da a diario en Puerto Rico y que el motor de esa lucha es la transferencia de nuestros recursos públicos a manos privadas. En este contexto, no nos debe sorprender que, con el pretexto de la quiebra, se le haya recortado el presupuesto a la Universidad de Puerto Rico en un exorbitante 48% en apenas 5 años, y que simultáneamente presenciemos un crecimiento significativo en el sector de universidades privadas for profit, así como en la narrativa sobre su “importancia” y “relevancia”.
De ese sector for profit de la educación superior, su crecimiento, y sus características, estaremos hablando el mes próximo, en nuestra tercera entrega de esta serie.
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Además de las fuentes en los enlaces del texto, aquí hay algunas lecturas recomendadas sobre los temas discutidos arriba: La primera parte de esta serie “Universidad y país”, publicada en la edición de marzo de 80grados, y los siguientes recursos sobre sobre educación superior pública, sociedad y economía en Puerto Rico: Alameda y González-Martínez, 2017; Brusi y Godreau, 2021; Reyes, 2021;Santiago-Bartolomei, 2021. Sobre educación superior privada non-profit y for-profit en Estados Unidos: Cottom, 2018; Shireman, 2020; The Education Trust, 2010 y 2019.
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Esta segunda parte fue una colaboración a tres manos junto a:
Ricardo R. Fuentes-Ramírez es Catedrático Auxiliar del Departamento de Economía de la Universidad de Puerto Rico-Recinto Universitario de Mayagüez y miembro de la Junta de Directores de la Asociación de Economistas de Puerto Rico. Obtuvo su PhD en Economía en la Universidad de Massachusetts-Amherst con especialización en Economía Política, Desarrollo Económico, y Sistemas Económicos Comparados. Sus áreas de investigación incluyen políticas de desarrollo y cooperativas de trabajo asociado.
Rima Brusi es antropóloga cultural, escritora, educadora y profesora universitaria. Tuitea como @RimaBrusi y bloguea en http://parpadeando.net. Sus intereses de investigación académica y alcance comunitario se enfocan en la desigualdad social, la educación, y la construcción de biografías y lugares. Su trabajo creativo, principalmente ensayo, comentario y narrativa, surge de la observación curiosa de cosas, eventos y personajes cotidianos. Rima vive con su esposo José, con quien comparte cinco hijos y dos nietos.
Vibeke L. Betances Lacourt es profesora dentro del sistema UPR. Sus intereses de investigación se relacionan con la literacidad crítica y la lectura como herramienta ciudadana. Además, estudia la música popular, la literatura puertorriqueña, las teorías descoloniales y los asuntos de género. Ha publicado sus trabajos en diversas revistas académicas y en distintos congresos en Estados Unidos y América Latina.
[1] Para este ejemplo, utilizamos la institución o recinto de mayor tamaño en cada categoría en el mismo pueblo, y ellas son: National University College University (privada for-profit); Universidad de Puerto Rico-Mayagüez (pública) y Pontificia Universidad Católica-Mayagüez (privada non-profit).
[2] Tradicionalmente, las for-profits se han concentrado en la oferta de grados de 1-2 años, como certificados y grados asociados. Esto parece estar cambiando, y algunas for-profits como NUC están anunciando vigorosamente nuevos programas de bachillerato y graduados, con slogans tales como “Haz tu maestría en un año!”
