A pesar de los escándalos que provocaron su renuncia como gobernador del estado de Nueva York tras la pandemia, Cuomo parecía el favorito al gozar de reconocimiento universal en una carrera poblada por casi desconocidos. Si a esto se le añade el arsenal de endosos de las vacas sagradas demócratas como Bill Clinton, James Clyburn y el exalcalde Michael Bloomberg, la redención de Cuomo parecía un hecho consumado. Tanto así que logró convertirse en el mayor recaudador de la contienda al asegurar el apoyo de un PAC financiado por la industria de bienes raíces, inversionistas trumpistas como Bill Ackman y de plataformas como Door Dash, que invirtió sobre $25 millones de dólares en pautas publicitarias a favor de su candidatura.
La sacudida que propició la campaña de Zohran Mamdani al establishment y a todos los pronósticos que anticipaban una elección cerrada tendrá consecuencias duraderas dentro y fuera de la metrópolis neoyorquina. Al ganar en tres de los cinco condados, algunos con un margen amplio, Mamdani ha logrado articular una gran coalición multirracial y multiclase que parecía escapársele al progresismo electoral en EE. UU. hasta este momento.
Desde que Bernie Sanders hizo su entrada disruptora al Partido Demócrata en la campaña presidencial de 2016, así como las subsiguientes candidaturas progresistas de Alexandria Ocasio Cortés y otros miembros del “squad”, la percepción de los analistas convencionales era que el movimiento insurgente era un fenómeno estrictamente letrado y joven. En otras palabras, que apelaba a electores blancos con estudios universitarios, miembros del precariato urbano milenial cuyos estándares de vida se erosionaron durante el doble cantazo de la crisis financiera y de la pandemia, y que se identificaban con un mensaje a favor de la ampliación del estado benefactor y la reducción de la brecha de desigualdad económica.
La hipótesis principal que animaba la campaña de Mamdani es que el mensaje progresista, cuando se traduce a propuestas concretas y mercadeables, tendría una resonancia más amplia con comunidades trabajadoras e inmigrantes que no solo aspiran a sobrevivir, sino también a prosperar en una ciudad cuyos costos les imposibilitan permanecer. Fue así como reivindicaciones como la congelación de los precios de alquiler, los autobuses públicos gratuitos y el establecimiento de supermercados municipales se convirtieron en combustible para una astuta campaña de redes salpicada con humor y una sensibilidad estética que viralizó al casi desconocido asambleísta estatal. Lo transformó en un fenómeno cultural capaz de cerrar la brecha con Cuomo.
En uno de sus primeros videos en TikTok, Mamdani entrevistaba a transeúntes trabajadores en Queens después de la sorpresiva avanzada electoral de Trump en noviembre. Hablando con estos nuevos electores “trumpistas” que, en su mayoría, eran migrantes, Mamdani notaba lo desalineado que parecía el discurso dominante demócrata frente a las preocupaciones económicas de estas comunidades, cuya frustración con el alto costo de vida llegaba al punto de darles el voto al único candidato que entendían que abordaba el tema. Esto, a pesar de sus políticas migratorias y discurso xenófobo. Esa fue la pista que Mamdani detectó al principio de su campaña y que ahora identifica como la clave de su éxito: un mensaje centrado en atajar la crisis material de costos de vida con políticas concretas y accesibles podría servir como norte para una oposición nacional demócrata completamente a la deriva incluso antes de la elección de Trump y que, además, desde entonces se ha mostrado totalmente incapaz de conectar con y movilizar a electores trabajadores y migrantes.
La victoria de Mamdani muestra que, a pesar de las cruzadas anticomunistas que lanzan la derecha y los medios tradicionales en contra de propuestas de corte progresista, la realidad es que resultan extremadamente populares entre amplios sectores del electorado. Su enfoque agresivo y disciplinado en soluciones accesibles en lo material, lo resguardaron del campo minado de issues culturales en el que la derecha prefiere combatir. Así pues, logró expandir su atractivo entre sectores culturalmente conservadores, pero económicamente precarios.
Aunque todavía está por verse la tabulación final de los resultados y los contornos de la elección general en noviembre para la que se rumora que Cuomo está considerando una remontada como candidato independiente —y para la que el incumbente abatido, Eric Adams, ya figura en la papeleta—, lo cierto es que el éxito primarista de Mamdani vaticina dentro del Partido Demócrata una ola de insurgencias progresistas para las elecciones de término medio del 2026. Esto representaría un momento de inflexión interesante para el establishment demócrata. Ahora deberán decidir si navegan la ola de entusiasmo populista para las elecciones generales del 2028 o si aplastan la revuelta interna como lo hicieron en el 2020 y 2024, lo que ocasionó que su base se quebrara y se desinflara el entusiasmo que ahora necesitan desesperadamente.
