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Extinción y renacimiento de las rosas o escritos para el fin del mundo


Primera Parte

¿Será la rosa?
¿Será el trámite de la sombra debajo de los pétalos?
¿Será la rosa
o será la espinísima ferocidad de a diario?
–Angelamaría Dávila

black-and-white-spiral-rose-petals-james-bo-insognaLa flor, y entre ellas la rosa, son las metáforas más difíciles porque son palabras con una historia extensa de usos y manoseos varios, en todos los medios. La rosa es símbolo erótico. Más precisamente representa el órgano sexual femenino y con ello y por metonimia representa a la mujer, a la primavera que es época de fecundidad, incluso la fugacidad de la vida, puesto que se marchitan en poco tiempo como nuestra juventud, lozanía, nuestras vidas. Representa el deseo. El locus amoenus está lleno de flores. Las mujeres huelen a flor, entre la flor de sus labios guardan las perlas de la boca, hasta que la rosa suda y la cosa deja de ser fresca e inocente, según las imagenes más manidas y fáciles, que a ningún buen poeta se le ocurriría usar, ni citar, a menos que sea con distancia paródica. Pero cuando el lenguaje era nuevo y la rosa no había sido nombrada todavía, ni a nadie se le había ocurrido fijarse en la sonrisa de una mujer para hacerla objeto del deseo, recurrir a las imágenes que descarto puede haber sido notable.

La literatura de la modernidad se ha ocupado con insistencia en imaginarse la posibilidad del borrón y cuenta nueva, como si pidiera una segunda oportunidad para hacer esta vez las cosas bien a partir de olvidarnos de todo y volver a la inocencia de los orígenes. Hay que tener oficio para volver sobre la rosa y hacer algo con ella en términos poéticos. Gertrude Stein quiso quitarle las capas de sucio—significaciones varias—a la palabra repitiéndola “A rose is a rose is a rose is a rose”.  Ángela María Dávila volvió la flor una pregunta en su poema “¿Será la rosa?”, tal vez el más citado de su obra, con el que cierra su magistral poemario titulado Animal fiero y tierno, una exploración del hecho de que somos polvo en el universo, llevada por las pregunta sobre la dificultad de la solidaridad entre estas partículas que hemos sido, que somos, que seremos. El poema sorprende porque sucita la inquietud en quien lee, ¿qué es lo que pregunta?  Entonces hay que volver sobre los versos que nos dicen una y otra vez ¿será la rosa?, puesto que las respuestas no se dan facilmente. Ofrece altarnativas a la rosa tan ligada a un género: la espinísima ferocidad de a diario. No se culpe a Eva. Vicente Huidobro, por su parte, luego de la caída de todo, de la destrucción de todo en su Altazor deja limpio el planeta, la poesía, la palabra, para dejar que nazca nuevamente algo; un árbol. Porque la primavera florece después del invierno. ¿Se puede, entonces, en ese borrón y cuenta nueva sacudir el lenguaje de su carga de prejuicios, incluso los ligados a los géneros y la sexualidad?  Es una pregunta como otras igual de urgentes. Van juntas.

El fin de un ciclo, no porque estuviéramos recientemente pendientes de un calendario pre-colombino, sino porque hace rato que las señales están ahí (la caída del bloque soviético y luego la crisis mundial del capitalismo, con el resurgimiento de movimientos sociales a través de todo el mundo) es el tema de mucha de la literatura que estuve leyendo durante el receso de invierno y lo más interesante es que en el proceso de reapropiación de la palabra esta escritura asume la naturalidad de vivir fuera de ciertos prejuicios heredados.

El poeta Xavier Varcárcel me lo advirtió un día que me lo encontré en la calle Loíza:  “Tienes que leer estos poemarios juntos”.  Yo como soy desobediente –por no seguir recetas es que los bizcochos me quedan mal—le hice caso a medias. Leí lo que me sugería y leí más, amplié la muestra y me adentré en un universo de textos mayor que pretende reescribir todo desde cero, desde el “hágase” del génesis. Más grande podría ser la muestra. Es que el espacio no me lo permitirá y además, es que la oferta es tanta en este momento que hay que recortar arbitrariamente para poder mirar con detenimiento.  Recuerde quien lee que estoy hablando de los que tienen oficio para entregarse a lo difícil; reconcer que la palabra hay que pulirla y que no se puede dar tregua a ninguna camisa de fuerza que resulte en cliché. Son poetas que se enfrentan al hecho de que cuando termina un ciclo hay que volver a inventarse las metáforas porque el mito nos estructura síquicamente, socialmente; sin narrativas ordenantes no se existe, no se es.  Pero para rejuvenecer el lengueje hay que recordar la palabra de los orígenes. Trazo un camino, me dejo guiar por los virgilios que son Mara Pastor y su poemario titulado Poemas para fomentar el turismo (la secta de los perros 2012), Moisés Agosto Rosario con Plagas del deseo (Terranova 2012, cuentos), Guillerom Rebollo Gil y Sospechar de la euforia (la secta de los perros 2012), Nicole Cecilia Delgado con El eco de las formas (Erizo 2012), Xavier Varcárcel quien publicó Restos de lumbre y despedida (Erizo 2012), y finalmente, David Caleb Acevedo con Empírea, Saga de la nueva ciudad (Erizo 2011).

Poemas para fomentar el turismo. Mara Pastor. La mirada del viajero ha formado discursivamente las Américas. Los primeros viajeros occidentales marcaron un modo de mirar. Más tarde, con el apogeo de la ciencia, la mirada enciclopedista volvió a mirar el mundo y catalogarlo como un supermercado lleno de mercancías susceptibles a la explotación para la construcción del bienestar moderno. Más recientemente el turismo se ha masificado. Si antes sólo ciertas clases sociales podían darse el lujo de ver lugares más allá de la tierra natal, hoy día gran parte de la población se tira sus viajecitos, aunque sea a Orlando.  Richard Rosa estudió cómo en la primera mitad del siglo XX la isla se quiso desarrollar a partir de la venta de modos de vida simples, pobladores auténticos, paisajes prístinos, todo lo cual desaparecería si de hecho el plan de desarrollo hubiera tenido éxito.1Se documentaron en la literatura y la pintura modos de vida que desaparecerían: una planchadora con plancha de hierro sobre el fogón, un jíbaro “auténtico” ofrece su racimo de plátanos, Tembandumba de la Quimbamba baila en la playa y un turista con pantalones cortos y camisa hawaina les toma una foto para documentar su encuentro con lo “primitivo” al regreso. Emilio S. Belaval escribió uno de los libros de cuentos más hermosos que se haya publicado en la isla, parodiando la campaña a favor del turismo que se publicaba en el semanario Puerto Rico Ilustrado, titulando su libro que narra historias de pobreza, Cuentos para fomentar el turismo.  Ahora, Mara Pastor, consciente de todo este contexto, invierte la mirada y en su libro es la poeta puertorriqueña quien viaja y toma fotos que envía de vuelta al lugar de origen en tarjetas postales, como bien nota Nicole Cecilia Delgado en el prólogo que acompaña el libro. El libro está dedicado “A los 300, 000 puertorriqueños que emigraron del 2005 al 2009”. Seguimos con las preguntas. ¿Quiénes son los que vuelan? El poemario responde:

Los que vuelan
(aves de rapiña, los pilotos, los turistas, las moscas,
algunos globos, algunas balas perdidas en el aire,
algunos en jaulas que vuelan pero no lo saben)
tienen un avión por dentro
lleno de japonesas y yo sentadas en la misma fila
hablando como en una rama.

Los que vuelan llevan en el aliento un pájaro.

A Pastor le gustan las imágenes surrealistas. Parte, como arriba, y como hacen también otros de los escritores que comento, Varcárcel por ejemplo, de la enumeración. Es que vivimos vidas fragmentadas en las que se juntan cosas sin que nos demos cuenta.  A veces para decir basta retratar con la palabra la relación de la mano con la cuchara, la de la mano con la puerta, la de la mano en la carretera sobre el volante o fuera de la ventana del carro, la de la mano con el sexo (cito indirectamente a Benjamin en La obra de arte en la época de la reproducción técnica). El punto, según la voz poética, es que los aviones tienen sed y también los parques y los conciertos y los muertos de sed.  En otra parte se encuentra un nido, aunque la sed no se vaya.  Mi lectura no es impuesta. La voz poética confiesa:

Afuera del pájaro
digo los nombres y la lengua vuela. (19-21)

El caso es que el poemario se dispone a nombrar, a mostrar a través de la palabra, como si fuera un[a] viajante que muestra las fotografías al llegar a casa.  Entonces el viaje es por el mundo:  Egipto, Marruecos, Ciudad de México, Madrid, Ann Arbor, Londres, Japón.  Pero en esos lugares del mundo los hombres se miran como en un espejo:

Cuentas que un solo hombre
triste en una tienda
de artesanía turística
que supo que eras hijo
de otro hombre triste en otra tienda
de artesanía turística
 
te regaló tu nombre
escrito en egipcio sobre un papiro
el día de tu cumpleaños.  (23)

Este hombre se convierte en el padre nuestro, porque  “la arena hace lo mismo en todas partes”.  La arena o el mercado global, porque con el curso del tiempo hay flores que se extinguen, como muestra este poema que copio completo porque me gustó mucho, puesto que vuelve sobre la rosa:

Flor numérica

Ciento setenta y tres de cada mil mujeres
se llamaban Rosa en Alabama

en el mil novecientos cincuenta y cinco.

Una de ellas se sentó en un autobús
que nos llevó a todas a un futuro de posiciones
 
y museos pero con una idea de justicia
que rondaba las costuras de la automovilística.
 
(Hubo Rosas que no contaron en el censo
porque recién habían cruzado la frontera
o habían germinado).
 
Una niña que nació por cesárea y no lactó
fue la última en llamarse Rosa
en el mil novecientos ochenta y nueve.

Ese mismo año dejaron de nacer Rosanas.

En la década del ochenta se extinguieron las Rosario.

En el mil novecientos noventa ninguna niña se llamó Rosemary.

En el dos mil cinco, una de cada mil mujeres
en todos los Estados Unidos se llamó Rosa.
 
Hay residuos del Big Bang en las rosas,
residuos de radiación, hay menos abejas
en el planeta polinizándolas, hay menos Rosas.  (61-62)

¿Qué es lo que extraña la voz poética?  ¿La entereza de Rosa Parks o que las niñas se llamen Rosa?  Es una pregunta existencial, como aclaran la alusión al Big Bang y el peligro de extinción de las flores, si se extinguieran las abejas que polinizan. Muere un modo de vida y con él muere la vida.  Podría seguir pero me quedan cinco libros que comentar.

Plagas del deseo, de Moisés Agosto Rosario, también es un libro de viaje.  También comienza con identificaciones.  Las plagas del deseo somos nosotros.  Somos la plaga que infesta el planeta.  Éste texto, sin embargo, es un libro de cuentos.  Se intercalan cuentos que cuentan las calamidades que provocamos en Puerto Rico, intercaladas con otras ambientadas en distintas partes del mundo, aunque lo que allá pasa podría haber pasado acá y vice versa.  De ese modo el libro da cuenta otra vez de la ciudadanía mundial de todos nosotros. El primer cuento es en Puerto Rico y el viaje lo da una persona trabajadora, de clase media, al lugar de los tecatos que piden en la calle.  Es un viaje a la vez corto y largo; un cuento montado sobre imágenes especulares. ¿Cómo termina alguien en la calle? ¿Es esa persona muy distinta a mí? Ese tipo de pregunta es lo que enfrenta este libro, que a fin de cuentas habla del deseo. Ese mismo deseo que a la vez que nos salva de la miseria, también nos mata con sus plagas. Se refiere al SIDA, pero no solamente a la enfermedad. Dos de los cuentos suceden en África, dos pasan en Colombia y, por ejemplo en el primero de éstos, se cuentan los trabajos que se ingenian las personas para sobrevivir, que van de vender favores sexuales en “El barranco de Miraflores”, frase que da título al cuento, a vender por las playas cosas, robar artículos para revenderlos, trabajo doméstico, vivir de apuestas o matar gente. Es Colombia aunque por allá se sobreviva como acá; seguimos con las identificaciones. También se cuentan pequeños actos de solidaridad tronchados por la violencia, o solidaridades no necesariamente aceptadas por la norma.  Así sucede con “La esposa del pastor”, quien, en algún lugar de África, no puede seguir una promesa de celibato que hace su marido y termina de amante de la hermana que él le envía para convencerla de que vuelva a casa. A veces el viaje fuera de casa es fuera de lo que hemos sido hasta ahora. Hay también cuentos que suceden en Holanda, y Detroit, no importa dónde se ubiquen los hechos, se trata de personas que conversan, se usan, se apoyan, copulan, se matan. Los cuentos tienen epígrafes de literatura de distintas partes del mundo: Saramago, Jelinek, Piglia. El narrador se apropia de todo porque todo le pertenece: los paisajes, las miserias, los libros.

 

Sospechar de la euforia. Guillermo Rebollo Gil. Otra vez el lenguaje del rito y el mito.  Abro el libro y me encuentro con el epígrafe de Amiri Baraka “Possibly only the fire is real.” El fuego [¿ritual?] como origen de la verdad. La mayoría de los poemas están titulados en inglés, aunque los poemas abandonan el spanglish que eficientemente utilizó este poeta en sus libros anteriores. El libro se inspira en la más reciente huelga universitaria y documenta la protesta. Propone, como los otros libros que comento aquí, rescatar la palabra que parece que se escapa si se la dejamos a los medios y las instituciones. El lenguaje de la historia se recupera para el instante que es aquí, como también puede ser en otra parte. Así lo sugiere el siguiente poema:

Yes I am in Your Dilemma Again

presiento que la historia nos absorverá mientras
la gente más hermosa que conozco camina en
círculos sostenidos por sonoridades a lo largo y
ancho de la calle han repartido un mapa mimo
para dejar caer su ruido en caso de correr voy
contando compañeros como cerditos dedo a
dedo o como ovejas para dormir y si alguno no
aparece manos enemigas han trazado otro lugar
en su imaginación cada estudiante que cae son
dos mimos pequeñitos que me cualgan de las
cuencas de los ojos e intuyo perímetros de
sentimientos estrategias de conservación (que no
le toquen ni un pelo en el cuartel) presiento que
la historia nos abandonará mientras cuento
solidaridades con los dedos la gente más
hermosa se sostienen sonoramente quieren
quemar el lugar

Parece una guerra cuando habla de que hay que contar los presentes para ver si alguno ha sido atrapado por el enemigo.  Si el tema es la libertad, entoces las reglas ortográficas y la puntuación sobran.  Otra vez el fuego que produce la solidaridad.  Pero esta protesta es un juego de niños también.  El borrón y cuenta nueva a que aludo en mi introducción y que utilizo para describir una preocupación de la poesía moderna, está en ese niño que, como el lugar otro, es pureza.  El primer poema del libro que se titula como el libro, cuenta de un niño que se abraza al Libro de Manuel de Julio Cortázar como quien se abraza a un peluche para dormir, en un campamento, el campamento que hicieron los estudiantes dentro del recinto, o el que hicieron los que ocuparon Wall Street.  El libro es también un debate con los años setenta, sus figuras que hoy miran y juzgan a las generaciones más jóvenes, a veces desde el sarcasmo y la desilusión de la batalla perdida que no pueden permitir ganar a otros.  Al menos eso veo (no sé si me proyecto) en más de un poema, por ejemplo en “Nada personal en Guatemala”.

cómo evidenciar un milagro,
el fiscal que levante el cuerpo
y lo ponga a andar.  traigo mis panes y mis peces
de recompensa,
mátenme (es mentira)
si qué diablos se me ha perdido a mí en Gautemala,
peor, ayer perdí las llaves de la guagua
en un juego de cartas,
y estoy a pie, mi cantante,
de seguro no fue nada personal (es mentira),
como “la flor de mi país es la magia,”
al menos eso pienso decirle a mis hijos
para que le cantes, y para usted,
traigo mis tablas de multipilcación
aprendiads, sólo que no compensan,
ni de milagro, que me lo hayan partido
como un estúpido pan,
mi comandante, mátame,
no es nada persoanl, peor,
he perdido la magia.

La voz poética vuelve sobre el lenguaje que implora por la magia, el milagro, la multiplicación de los panes y los peces, aunque los tiempos en los que “la historia nos absorverá” requieren una dosis de cinismo. Así, el poema que cierra el libro se titula “Toma una carta y vete por la vida” y comienza diciendo: “yo no tengo bronca con el mundo”…  “si la tarea hoy es una lista de cosas” (las listas), “por las cuales no estaría dispuesto a matar” (la protesta hoy no se quiere violenta), “una goma me da para borrar este mundo” (por eso la escritura), pero se va por la vida como quien juega con una rayuela, como la canción del Silvio “Si me levanto temprano…  y te digo voy a monte… “  el héroe que se va a la guerra, como la canción de la resistencia italiana “Bella chao”.  Sólo que esta vez la partida se ve como un juego, consciente de que no somos capaces de mover las estrellas en el cosmos.  (61)

Continuará

  1. Richard Rosa. “Business as Pleasure:  Culture, Tourism and Nation in Puerto Rico’s 1930s”, publicado en Nepantla. []

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  • Johan Figueroa-González

    Añado: Como feminista caribeña, puertorriqueña y negra Angelamaría, en su deseo de difundir el conocimiento, señalaba constantemente a las masas como los propulsores de su propia educación “hembra con cría que sabe hablar a veces y que quisiera ser un mejor animal. Animal colectivo que agarra de los otros la tristeza…” Es la rosa el medio de cortejo y a su vez el mismo pensamiento, las cavilaciones y hasta un pretexto para hablar de si misma y de sus preocupaciones.