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La densidad política de una poética


Reseña de Hi-Density Politics. Un poemario de Urayoán Noel

El pensador marxista, Raymond Williams, publicó en 1973 un libro titulado The Country and the City, en el que argumenta, a partir de un análisis minucioso de la literatura inglesa desde el siglo XVI, que siempre en la escritura se representa el campo como un lugar idealizado—allí se encuentra lo auténtico y lo puro– a salvo de la corrupción de las ciudades. Su argumentación comienza ofreciendo ejemplos de Virgilio y su idealización de lo bucólico, para de ahí llegar a su objeto de estudio. Saltamos a la literatura española del llamado Siglo de Oro y recordamos la literatura de “menosprecio de corte y alabanza de aldea”. Así podemos seguir este ejercicio hasta llegar a tiempos contemporáneos. Según Néstor García Canclini, en Culturas híbridas, la modernidad supone un proyecto emancipador, un proyecto expansivo, un proyecto renovador y un proyecto democratizador. Las contradicciones de la modernidad como proyecto se centran, entonces, en que es imposible llevar a cabo de forma exitosa estas cuatro facetas. O sea, se expande la modernidad usualmente de formas anti-democráticas; si se renueva continuamente todo, se termina explotando la naturaleza y a las personas; y así. Tal vez por eso en la literatura se tiende a idealizar el campo como guardián de lo que se entiende como “valores auténticos” en todas las épocas, incluso más allá de los románticos. Ya decía Luis Lloréns Torres, en versos que gran parte de los puertorriqueños conocen:

Ay, si estuviera en mis manos/
borrar mis triunfos mayores,/
y a mi bohío de Collores/
volver en la jaca baya/
por el sendero entre mayas
arropás de cundiamores.

Pero lo que argumenta Williams es que estas representaciones tienden a borrar desigualdades y condiciones de pobreza y explotación que también existen en los espacios rurales. En otras palabras, esa voz poética no tenía que salir del “Valle de Collores” para encontrar “la envidia, la calumnia, la insidia, el odio de los mortales”, puesto que el campo estaba lleno de eso y más.

Comienzo esta reflexión citando al poeta modernista porque Noel lo ha hecho suyo; es su referente privilegiado, digamos. Tal vez porque su proyecto ha sido en parte descontextualizar al jíbaro, al sacarlo del campo y meterlo a interactuar en el mundo que va del fin de siglo a las primeras décadas de este nuevo milenio. No se trata de las populares décimas de “Un jíbaro fue a San Juan, /y tanta fue su desgracia / que se metió en la farmacia, / creyéndola un restaurán”, en las que el jíbaro siempre queda mal parao (“allí pidio café con pan/ y un poquito de agua fría / cuando vino el policía / lo amenazó con la macana / y entonces de buena gana / el público se reía”, versión popular). Aquí el jíbaro provoca risa por su inocencia o falta de códigos para entender cómo funcionar en la ciudad. En esta versión popular el jíbaro se muestra como arcaico, personaje fuera del tiempo que no se da cuenta de sus faltas o sus carencias. Balada de otro tiempo, de José Luis González—escritor que rompe explícitamente con la nostalgia pasatista–, ofrece una magnífica representación de este otro jíbaro fechado. Un jíbaro ha bajado a la costa de Guayama en busca de una venganza de honor, que González también propone como fechada. Allí se encuentra con el espacio cañero. Lo que ve son obreros negros y mulatos a los que no entiende. La descripción de su llegada parece la de una pesadilla, puesto que el ambiente se vuelve amenazante por su falta de códigos para entenderlo. Entra a un cafetín donde están discutiendo dos poetas, Luis Palés Matos y José de Diego Padró, creo, cuando uno le dice al otro:

–¿Te fijaste?

–¿En qué? –pregunta el otro, propenso como es a la distracción ocasional.

–El jíbaro que acaba de entrar. Míralo allí, en el mostrador.

–¿Qué tiene? –y vuelve ligeramente la cabeza en la dirección indicada.

–Parece salido de un verso de Lloréns. Con machete y todo. A lo mejor dejó el caballo en la acera.

La oración siguiente que aparece en la novela es el fluir de conciencia del jíbaro al que se refieren los dos poetas urbanos. Ahí González marca la parodia, puesto que es cierto. El jíbaro que parece anacrónico, al menos a uno de los dos letrados de cafetín que discuten sobre identidad cultural, de hecho dejó el caballo amarrado afuera y además está preocupado por él.

El caballo es lo que le preocupaba, y por eso no reparó en la mueca del dependiente cuando le preguntó qué deseaba y él pidió un vaso de agua. Pero tenía razón el negro: aquí no se podía entrar con un caballo. Se lo dejó encargado, en las afueras, a unos desconocidos que prometieron cuidárselo por un par de días… (126-127)

Hoy en día es posible ver a un joven pidiendo por la ventanilla de un servi-carro de McDonalds montado en un caballo (lo he visto). Los feminicidios causados por el “código de honor” que se niega a morir, el mesianismo de los tiempos que corren, también muestran que el tiempo pasado sobrevive en el presente más de lo que quisiéramos. Entonces, el jíbaro de Urayoán Noel más bien se viste con guayabera y pava, pero toca música electrónica, además de componer poesía que acompaña a veces con su banda-performance llamada “Objet petit a”: el inalcanzable objeto del deseo. Así Noel nos recuerda que “quisiéramos ser jíbaros” pero ese sueño de regreso al pasado rural es inalcanzable. La decontextualización que practica es radical, puesto que demuestra que el regreso a un lugar que nunca existió es imposible, mientras que el presente tecnológico y urbanizado tampoco se deja construir como objeto del deseo. Su primer libro se tituló Las flores del mall, citando al modernista francés Baudelaire, pero desde la parodia o reescritura que da cuenta de que el flanneur o paseante contemporáneo ha abandonado las ciudades por el shopping mall, y en medio de una reflexión sobre la urbe suburbiada o tardomoderna, aparecen las estupendas décimas siguientes:

Cuando salí de Llorens
fue en una guagüita AMA,
no sé bien cómo se llama
pero no es Mercedes Benz-
Goodbye drugs and violence
dije en mi inglés con barrera,
por fin me largo pa’ fuera
del terruño malparío,
pal carajo el caserío!
no nací pa la trinchera!

El viaje a Estados Unidos no es entonces un viaje a la pérdida de identidad; a ser objeto de destrucción por parte de la máquina como en el teatro de René Marqués. Allá también se produce cultura dedesde la resistencia, puesto que el centro no está exento de la colonialidad que se vive en la periferia. Se trata de un poemario de autor (Ediciones Alamala) que salió en el año 2000; un libro objeto impreso y fotocopiado, encuadernado con un plástico traslúcido, anaranjado y de púas, como la piel de la guanábana, y cocido con tres tornillos con tuercas, para comunicar el mensaje industrial, dentro de cuyas tapas se contiene la trasposición de las décimas a la zona metropolitana contemporánea. Su segundo libro se tituló Kool Logic/La lógica kool, y en él aparecen décimas que están escritas dos veces (más que traducidas) y funcionan igual, tanto en inglés como en español. Dan cuenta de una realidad que la teoría académica muchas veces es incapaz de manejar. Para aprovechar el cue e ilustrar, cito de las que titula “En los suburbios lejanos” o “In the Faraway Suburbs”.

Puerto Rico
En Guaynabo y en Toa Baja
el profesor y el teórico
juegan al póker retórico
con la identidad baraja
y se jalan otra paja
para impresionar decanos;
y los buenos ciudadanos
trabajan para el gobierno
pegando loseta y cuerno
en los suburbios lejanos.

Puerto Rico
In Guaynabo and Toa Baja
The theorists and professors
Are playing rhetorical poker
With their identity cards,
They are shooting wads of wisdom
To impress the senile deans;
Meanwhile, the good citizens
Are all working for the government,
Cheating on taxes and spouses
Down the faraway suburbs.

Habla de Nueva York y de California, de los especiales y “La lógica kool” que es “identidad holograma”, “quince minutos de fama”, ”el sol sifilítico” y “el pabellón sombrío/ de la era del vacío”, la lógica cultural del capitalismo tardío, dice, citando el título del filósofo marxista Frederic Jameson. Y así, en décimas en inglés y español, desde un lugar descentralizado que no importa dónde se ubique interactúa con condiciones similares, habla en lenguaje nativo tecnológico de la cultura del consumo. Este proyecto continúa en su siguiente libro Borigkén, cuyo título me recuerda los de los poemarios de Tato Laviera, que necesitan un lector biligüe para ser descifrados, como AmeRícan, con la ere fuerte y el acento que marcan que hay otro tiepo de americano, lejos del rubio de ojos claros que se impuso en su cultura mediática de los cincuenta; como “Enclave”, que se refiere a la clave de la salsa y al término sociológico que denomina un lugar donde una cultura migrante se asienta. Esa multiplicidad de interlocutores muestra que la escritura de Noel es honestamente bilingüe, puesto que es hijo de estadounidense y puertorriqueña, criado y educado en Puerto Rico y luego migrado para los niuyores. Sus poemas dialogan tanto con la “Beat generation” o William Carlos Williams como con la tradición más académica o populachera boricua (eso ya lo vio, mi querido lector) o la canónica hispanoamericana, como se ve el tono existencialista que logra en “Residencia en la quiebra”, clara parodia de “Residencia en la tierra”, de Pablo Neruda:

Andemos pues al bordel del andamio
Sufragando los gastos del aliento
La ruta panorámica
El intento de entrar a la cantera
De la pulsión perdida:
Como ungüentos en lo hondo de la herida
Dentro de un contador siempre sin cuento.

Este última libro que menciono lo publicó Callejón y viene acompañado con un disco en el cual están sus “performances musicalizados” con títulos tan espectaculares como “Manco Munidades” y “Borigken me llama”.

Lector, téngame paciencia por favor, que esta introducción tan larga es para que se entienda lo que voy a decir sobre su publicación más reciente hasta ayer (me informa que acaba de recibir el paquete con el libro más reciente después de ayer Los días porosos, así que hablamos del penúltimo); la que se titula Hi-Density Politics. Todo esto que vengo comentando en este artículo, la parodia de la tradición literaria boricua, desde la oralidad, lo funk, el spanglish y el buen uso de las tradiciones de vanguardia en inglés, español o francés, se encuentran en este poemario densificados. De momento me parece que lo que propone es un Hi-density poetics, y me doy cuenta de que no, que dice politics y pienso que la intención es que se confundan. Como todo escritor de vanguardia, sugiere que la poética es política y vice-versa. El poemario comienza con una nota que explica que varios de los versos fueron compuestos en “Blackberry”, que algunos se pensaron como performances, que traduce libremente otros poetas como Osvaldo Lamborghini y Pablo de Rokha y que se traduce libremente a sí mismo. Ya desde esa nota nos hace pensar que todo acto de comunicación es un acto de traducción, y al asumir esto, construye un poemario que se quiere global, puesto que radicaliza ese no-lugar desde el que escribe su experiencia que es traducible a tantos espacios del mundo contemporáneo. Dice Juan Duchesne en el ensayo “El mundo será Tlön” publicado en su libro titulado Ciudadano insano, que aunque hoy día nadie quiere ser el “poeta nacional”, tampoco se acontentaría un escritor que se respete con el apelativo de “poeta global” o “de la globalización”. ¿Esto sería porque el poeta nacional celebra la nación y el global celebraría la globalización? El caso es que digo que Noel logra un poemario global en el sentido de que su escritura está descentrada de academias, territorios, incluso leguajes. En él hay una trasncripción de ciertas oraturas urbanas, además de lenguajes que se reconocen como nativos mediáticos. ¿Es la era de la comunicación la era de la multiplicación de lenguajes? Así, es un poemario difícil porque centrarse críticamente en el afuera de todo logra una comunicación “otra”; tal vez desde el goce, que según Roland Barthes es imposible para la literatura, por lo que propone como alternativa “el placer del texto”. Busca el poemario localizar la palabra como objeto de placer (está hecho de citas que el erudito reconoce) y de goce (Lacan—debería leerse de manera erótica, no por la mente sinó por los sentidos y dejar que lo que está fuera del símbolo—del mundo de la cultura—diga en sus propios términos). Tiene cuatro partes: Un saludo; dos sobre lo urbano y una conclusión sobre sus lenguajes: Hi then, city, polis, y tics (lenguas).

Son en su mayoría poemas para ser leídos en voz alta. Fungen como diccionario, en cierta medida, puesto que van explicando los sentidos de los vocablos desde un procedimiento de asociación libre. En ese sentido reconstruyen la experiencia contemporánea desde sus símbolos (sus palabras) y sonidos, creando lo que se llama soundscapes o paisajes auditivos. A veces la densidad se vuelve metafísica:

hidden city

I was assembled of billions of clouds, weel enough to see my emblem has no rendering, is the thunder of summer.

*

My word is worm-eaten and my heart is full of metaphysical cypresses, cities, moths, laments and great commotions, when the personality howls, brimming with eclipses.

*

I am a composite of elsewheres, since somewhere is an amulet, is ambulance, in a city without preambles—no sonar is this skylight zone, only the Morse code of frozen dial-ups, of dilated masses, in nodal mode, roamign, form sotrefront to beachfront, nowhere’s elsewhere where to? Stop. (25)

En la sección titulada POLIS empiezan a aparecer los poemas más performáticos, que me sucitaron la reflexión de que son poemas verdaderamente polifónicos, llenos de múltiples voces incluso de forma explícita, puesto que algunos de ellos tienen instrucciones para ser leídos y ellas implican grupos de lectores que colaboran para obtener un resultado. Así, el poema titulado “scenes form an apocalipsync” es un texto para coro + soliloquio. Tiene instrucciones incluso para las risas y los aplausos. Este Aleph de palabras llega a volverse agobiante, hasta que el poemario alcanza pausas, en la playa Caña Gorda en Guánica, el 20 de diciembre de 2008; En la playa Tamarindo, al día siguiente. Los poemas están marcados por las horas, pero en ellas los pensamientos son libres de divagar en sincronía con la naturaleza:

guánica

Caña Gorda Beach 12/20/2008

1:42 pm
thought no more
than cloud

fence maybe

but still an opening

3:44 pm

temperatura
condición actual

sway

prior thought
was green too

does not erase

the marking
the scenery (82)

Hasta que logra desconectarse, a la 1:06, en la Playa Tamarindo:

the power’s almost out my
apparatus

it appears I’m back to script now
back to viced scrawl

the surplus is what scares me

the promise of unwritting
led me here

a leaden one
as with all promises

the sea (88)

El poemario sigue en este camino. Luego de la pausa marina ofrece algunos “Slogans para el final del mundo”, y en ellos, otra vez encuentra, a las 2:20 de la tarde, el deseo de “bailar de nuevo, / entre tanta gente / en la claridad del sol que arde / aún” (100). Lo que se desea es la desconección que permite liberar al cuerpo. Entonces, no necesariamente el campo, sino la naturaleza despoblada; la soledad en ella, es lo que permite que nos comuniquemos otra vez con sus ritmos que son los nuestros y los de la poesía.

La película “Tiempos Modernos” de Charlie Chaplin, termina rescatando el arte como medio de preservar lo humano. Esta pareja de personajes que se han encontrado por casualidad y terminan solidarizándose, encuentra al final de su lucha con la modernidad que los pone a trabajar en una línea de ensamblaje, los encarcela, los macanea, los mata de hambre, que el mejor modo para sobrevivir es cantar y bailar. Se toman de las manos y caminan juntos hacia la luz del sol. La poética altamente densa de Noel propone algo similar. La desconección de los sentidos. Un apagón total. Rebut, si se quiere. Cuando vuelva a subir el sistema, la conección estará hecha a través del cuerpo que se expone al sol y baila. Este poemario parece un hallazgo. Habrá que ver qué propone en Los días porosos. El título anuncia sudor y huecos para mirar entre el tumulto, el cemento, el ruido.