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Pecadillo

922851_10152866789085624_1912669373_nMire mi hermano, dice Saudi Rivera tarde a tarde en su programa. Pues, mire mi hermano, y escuche y siéntese un ratito a meditar fuera de las letras del libro sagrado que carga y que quiere enseñarle y leerle y empujarle a todo el mundo. Siéntese afuera de “la palabra” un ratito, a ver si sus palabras – las suyas – están llenas de la bondad que predica.

El reverendo William Fernandez, presidente de la Frape, va en sus palabras del esto al eso. Dice que”esto [PS-238] es una de las primeras leyes que van a aprobar y va a llegar un momento en que… se nos prohiba decir que eso es pecado”. Eso, dice, dice “eso”. Y dice más – llama a esto y a eso, a lo que son y a lo que él cree que representan, “ideologías de moda”.

Mire, mi hermano. Se estaba hablando de condenar el discrimen por orientación sexual e identidad de género, pero de lo que hablaban los líderes religiosos era de sexo, carne, acrobacias y querencias que tienen que pintar como siniestras porque el negocio del reclutamiento religioso depende de eso, y el discrimen está en su centro. Usted llámele a “eso” pecado, pecadón, pecadillo, la palabra escogida sólo será una bocanada de humo que se lanza para irritar. Y la irritación está en el que define, no en los definidos. O trate de achacarle a Martin Luther King una “ideología de moda”.

Los deseos de reproductividad a toda costa de la religión (y del gobierno) tienen que ver además con la monetarización de los esfuerzos de ambos. Lee Edelman ha escrito que “las nociones de preservar alguna clase de futuro para nuestra especie valorizan el sexo reproductivo y heterogenital, mientras subordina al sexo queer a nada más que ‘acrobacias sin significado’. Esto… hace que se necesite demostrar violencia en contra de la homosexualidad”. Ese el espectro de la retórica asfixiante que asumen muchos.

Así que, parafraseando al citable Thomas Rivera Schatz, “si se querían salvar del inferno, oponerse a este proyecto no es el camino”. Fue otro pecadillo de intromisión de las iglesias en el gobierno de un país que las contiene (y las mima y las premia muchas veces), pero del que no son las únicas integrantes. Mire mi hermano, no.