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Un periodismo en entredicho


Tom Scott

Quisiera hablar de periodismo literario. Comentaba el otro día con José Manuel Fajardo, el colega español que forma parte del comité organizador del Festival de la Palabra, que echaba de menos el tema del periodismo literario en ese evento. Me prometió que lo abordarían en el futuro. Guardo para entonces este viejo gusto por un tema supeditado en mi país a una triste realidad que opaca cualquier posibilidad de hablar de lo mejor de nuestro periodismo sin mover y hasta bajar la cabeza con pesadumbre. El nuestro es un periodismo en entredicho.

Me consuela un poco que José Manuel sufre la misma aflicción en España. Ambos sabemos que nuestro oficio está en entredicho a nivel mundial. Pero a mí me duele el mío.

Cuando se debate si una muñeca es periodista y cuando un diario nacional no disimula ni un chin chin para manipular el oficio, hablar de periodismo literario a lo Gabriel García Marquez, Mario Vargas Llosa, Mayra Montero, Mari Mari Narváez y Luis Rafael Sánchez, sin apechar los males del periodismo cotidiano, sería vivir en Lalalandia. Y a veces vivimos.

Optamos por ampararnos en la gesta de colegas que lo hacen bien para evitar señalar a los que lo hacen mal. Salimos corriendo todos los años a premiar a los mejorcitos y celebrar el oficio como si con eso tapásemos el cielo con la mano. Triste que hacer algo bien hecho es un evento para celebrar en vez de la norma.

Pero no. El grueso del periodismo que se hace en Puerto Rico en estos momentos es malo como paja. Aún siendo todo lo diverso y disparejo que es, el saldo es mediocre como mucho. Aún con sus bolsillos de profesionalismo consistente e inamovible, la mayoría de los periodistas son chapuceros, ignorantes e inmerecedores de la distinción de ser cronistas de su pueblo.

He sido activista del periodismo puertorriqueño por más de cuarenta años. Lo he defendido con uñas y dientes. He tratado de vivir a la altura de mis mejores maestros. He señalado nuestros desaciertos con discreción y mesura para no ofender a los que lo siguen haciendo bien a pesar de todo. Los que lo lamentamos entre nosotros y nos callamos ante los demás. ¿Y de qué nos ha servido? Cada día estamos peor. Pues entonces a decirlo, dale: estamos permitiendo un periodismo de mierda hecho por periodistas de mierda.

Lo que nos lleva a la gran interrogante. ¿Quiénes son periodistas? Esa es la pregunta. ¿Quieren la respuesta? Cualquiera, si seguimos las definiciones acomodaticias que varían como los valores en unas sociedades que se especializan en ajustarlo todo a su decadencia. Muy pocos, si somos rigurosos en el principio de que se trata de una persona educada y bien informada con una profunda honestidad intelectual que dedica su vida al compromiso de buscar y divulgar información fidedigna a sus congéneres. Porque el periodismo no es otra cosa que un compromiso con el derecho a la información. Todo tipo de información, pesada, liviana, política, cultural, deportiva, científica, estadística, polémica, sencilla y complicada. Periodista es el que se dedica a buscarla y divulgarla con honestidad.

Limitándonos solamente a la parte donde decimos una persona educada y bien informada con una profunda honestidad intelectual, es que la puerca entorcha el rabo. Eso descarta a la inmensa mayoría de los que hoy hacen periodismo en este y en todos los países que conocemos. Lo que no quiere decir que no insistamos en la definición primaria. Lo que no quiere decir que la desvirtuemos hasta llegar a definiciones corruptas y aceptarlas como buenas y hasta discutirlas como si fueran buenas. Nuestra conformidad con la corrupción nos ha costado el país.

Ahora bien, si nos adherimos a la definición rigurosa, entonces tendremos que admitir que periodistas hay muy pocos. Charlatanes un montón.

Para darles un ejemplo de cómo nos ha gustado por años jugar con la definición de este oficio tan sencillo, permítanme decirles que la deontología profesional –ese conjunto de principios, reglas y reglamentos que se supone rijan una profesión– y que para el periodismo empezó con algo tan genérico como “el respeto a la verdad”, ha sido motivo de las peloteras más grandes desde que en 1690 a un dueño de periódico de nombre Benjamin Harris se le ocurrió publicar en Boston la declaración de los principios que se proponía seguir en su diario Publick Occurrences Both Forreign and Domestic. Tan sencillos como 1. Veracidad, 2. Tener fuentes de información, 3. No difundir falsos rumores y, 4. Corregir errores.

Algunos le hicieron caso y otros no, por supuesto. Los pioneros de la prensa amarillista y la prensa ideológica embustera -que no son lo mismo ni se escriben igual-, no le hicieron ninguno. Los políticos comenzaron a publicar sus “verdades” mintiendo sobre sus opositores en sendas gacetas que hasta el sol de hoy pasan por periódicos. Nuestra debacle periodística actual tiene el mejor ejemplo de prensa ideológica embustera en el periódico El Vocero. Prensa ideológica embustera, que no es lo mismo que prensa ideológica honesta que busca adelantar sus ideas sin tener que mentir premeditadamente o adornar la verdad hasta desaparecerla.

La prensa amarilla o amarillista es otra cosa. Surgió a fines del siglo 19 en Estados Unidos como competencia a los grandes consorcios periodísticos económicamente establecidos. Se trataba -y trata- de una prensa sensacionalista con titulares escandalosos y mucha gráfica sobre crímenes, política y adulterios, para provocar el morbo de la gente. La diferencia entre la prensa amarillista y la ideológica embustera es que la primera lo que busca sinceramente es vender periódicos –o programas de televisión, o de radio o medios en las redes sociales– y la segunda lo que busca es influir la opinión pública a favor de su ideología mintiendo sin escrúpulo alguno. A veces se cruzan, pero por lo regular son distinguibles.

Me dirán que la verdad de unos no es la de otros. Falso. He ahí otro concepto que acomodamos y le otorgamos apellidos de todo tipo para ajustarlo a intereses particulares. Podemos discurrir sobre la verdad hasta cansarnos. Pero ustedes saben a lo que nos referimos cuando hablamos de la verdad en relación con el periodismo. Hablamos de hechos, hablamos de historia, hablamos de evidencia. No estamos hablando de filosofía o teología, de verdades absolutas versus verdades relativas, ni de verdades subjetivas versus verdades objetivas. Estamos hablando de la verdad que no está en el medio de dos puntos.

Por ejemplo, Puerto Rico es una colonia. Podrá usted inventarse lo que guste para negarlo. Podrá usted escuchar con atención a todos los que esbozan teorías para desmentirlo. Pero si usted es una persona meridianamente culta en ciencias políticas, sabe muy bien lo que es una colonia. Se es o no se es colonia. No hay puntos medios.

Entonces, ¿qué hace un periodista cuando José Alfredo Hernández Mayoral asegura que Puerto Rico tiene un pacto con Estados Unidos que nos saca de la categoría de colonia? Pues sencillamente dice o escribe que José Alfredo Hernández Mayoral insiste en negar que Puerto Rico es una colonia contra toda evidencia histórica y pretende que le acepten su tesis como verdad. Y ya. José Alfredo le va a llamar periodista subjetivo. Y quizás hasta logre que su medio publique la noticia bajo un titular que diga: Puerto Rico tiene pacto con Estados Unidos y bien chiquito debajo dice Hernández Mayoral. Pero eso es problema de la publicación. El periodista se va a su casa y duerme tranquilo esa noche porque defendió la verdad. El día que Estados Unidos anuncie que saca a Puerto Rico de la cláusula territorial, entonces el periodista va donde José Alfredo y le pregunta: ¿Y hasta ayer, qué éramos?

Esto que les traigo es una desviación necesaria hacia la publicación porque, precisamente, la discusión de este oficio siempre nos lleva a las diferencias entre los trabajadores del periodismo y los dueños de los medios de comunicación.

Para algunos esta diferencia es la excusa perfecta para justificar un periodismo mediocre. Echarle la culpa al medio libera al individuo que pone en entredicho sus principios y reputación por un salario necesario. Yo no creo. Quizás si lo creyera sería directora de un periódico nacional en lugar de cocinera en un restaurant para ganarme la vida mientras escribo cosas como esta sin ponerle precio.

Volviendo al tema de las definiciones y los códigos, todo cambió cuando se decidió considerar periodistas profesionales a los propietarios de diarios o periódicos, revistas, semanarios, anuarios y agencias noticiosas aunque no supieran escribir ni su nombre. De ahí en adelante comenzó la pelotera de que les hablo y cuyas mejores expresiones se dan en el Siglo 20 cuando empezamos a tener más códigos de ética periodística a nivel mundial que medios de comunicación decentes. Ahora hay más códigos que nunca para violar.

Para 1979, cuando la UNESCO por fin se da cuenta de que el periodismo ya no existe como oficio de intelectuales honestos, sino que la información estaba controlada por grandes empresas de comunicación que arrimaban la sardina a su sartén, ya estábamos esencialmente fastidiados. El oficio de provecho social que era el periodismo ya se había convertido en un oficio de provecho personal. La UNESCO produjo su propia visión deontológica en el Informe MacBride de 1980, una radiografía del periodismo de la época acompañada de un manual de deberes y derechos del periodista. Otro para  burlar.

Hay muchos temas aledaños al tema que nos ocupa, como el de la libertad de prensa y la colegiación obligatoria de periodistas. Hurgar en ellos nos tomaría y toma libros enteros. Baste decir que no creo mucho en ninguna de las dos cosas: la libertad de prensa es la libertad de publicar y esa ha estado limitada a los que pueden… hasta ahora. La internet nos abre unas nuevas posibilidades que todavía no están muy claras porque siempre existen unas reglas de competencia y niveles de tecnología que propician la mejor divulgación de unos sobre otros. Prefiero pues, seguir defendiendo la libertad de expresión y el derecho a la información.

En cuanto a la colegiación obligatoria, siempre he tenido sentimientos encontrados entre las ventajas gremiales versus el elitismo de un oficio que era mucho más eficiente cuando lo ejercían los que tenían los recursos intelectuales para hacerlo, no los que reciben un diploma aunque sea por salir de ellos en las escuelas de comunicación. Escuelas de comunicación a las que muchos acuden con una formación tarada y sin otra vocación que no sea la de verse en un noticiero de televisión.

He ahí uno de los elementos más sobresalientes del periodismo que tenemos: periodistas mal preparados que en lugar de cultivarse intelectualmente lo que buscan es que se les avale como miembros de lo que consideran una elite privilegiada en el país y pretenden ejercer un oficio que ni siquiera saben de qué se trata. Lo triste es que lo consiguen.

Siempre acabo convenciéndome de que la colegiación obligatoria no nos garantiza un mejor periodismo. Lo que persigue es proteger una profesión remunerada y estandarizar alguno de los códigos de deontología profesional que les mencioné anteriormente. Eso no es malo del todo. Por lo que, aunque no la defiendo, tampoco la objetaría de plano. Más bien dejaría siempre clara mi posición.

Quisiera entrar en tantos temas que abundan a mi percepción y la de muchos de que el periodismo en Puerto Rico atraviesa uno de sus peores momentos. El derecho al honor y la dignidad, el derecho a la intimidad, la explotación de la miseria humana, el sensacionalismo de lo peor de todos nosotros, el lucro disfrazado de periodismo, la credibilidad. Imposible abarcarlos todos en esta ocasión.

Pero no quiero cerrar este escrito sin mencionar cuatro factores imprescindibles a esta discusión:

(1) La ignorancia rampante en el país. No podemos aspirar a un periodismo de excelencia como norma cuando nuestra sociedad carece de los criterios necesarios para exigirle rigor, compromiso y responsabilidad a los medios de comunicación y a los periodistas.

(2) La renuencia a criticarnos y denunciarnos nosotros mismos. Estamos pasando demasiadas veces con ficha. La labor de las organizaciones que nos representan es también una de autocrítica y de denuncia. El resultado de la ausencia de denuncias necesarias ha sido que todos seamos cómplices de la mediocridad.

(3) La confusión entre periodismo y entretenimiento. Es inaceptable que haya periodistas que no saben o no quieren tirar la raya entre ambas cosas. No solamente para poder distinguir entre un programa de chismes y la crónica, sino también entre el periodista y el animador. La base en los tres casos es la noticia, pero el rigor y el compromiso con la verdad no. La base es la noticia, pero la seriedad y la sensatez no.

La base es la noticia, pero las líneas del respeto, el honor y la dignidad no. En el periodismo esas líneas deben ser tersas y distinguibles. En el entretenimiento y la animación se juega con ellas como juega con ellas el protagonista del chiste o el chisme del momento. Un político que no respeta, por lo regular no es respetado a la hora de burlarse de él.

La base es la noticia, pero el sarcasmo, la broma de doble sentido, y la burla no. En el periodismo no es aceptable, en el entretenimiento y la animación es norma. Es más, es útil del taller de trabajo. Y que quede claro que quien escribe es también escritora de sátira política. Sé la diferencia.

(4) La neutralidad aséptica como excusa a la ignorancia. Los periodistas saben que la objetividad no existe. Que el periodista lo que tiene que ser es honesto. Recurrir a posiciones de neutralidad, objetividad e imparcialidad es una hipocresía que lo que verdaderamente esconde es ignorancia o indiferencia. Un periodista ignorante o indiferente no es ni llegará nunca a ser un buen periodista. Como dice Pascual Serrano, periodista autor de Contra la neutralidad, “el problema es que estamos creando un profesional que ya no sabe incorporar principios y valores éticos y culturales a su trabajo”.

Peor aún, creer que el periodista cumple con su misión citando a todas las partes sin investigar ni valorar el contenido, es peligroso. Con ese “balance” puede estar siendo cómplice de alguien que quiere encubrir su crimen. Puede estar incluso ayudando a exonerar a un culpable.

He escuchado más de una vez de boca de un periodista un “yo sé que Fulano está mintiendo”. Si el periodista tiene prueba de que alguien está mintiendo, le hace un mal servicio a la verdad que busca divulgando la mentira. No he dicho si intuye que está mintiendo. He dicho si tiene prueba de que está mintiendo.

He escuchado a más de un político mentir impunemente en entrevistas y conferencias sin que nadie lo desmienta, o porque los periodistas desconocen que está mintiendo (ignorancia) o porque les importa poco que mienta (indiferencia) y se amparan en la cacareada “imparcialidad”. En ambos casos el periodista no se merece el título.

El panorama no es halagador. Estamos viviendo una temporada infame para el periodismo puertorriqueño. Pero tampoco me voy sin advertir que nuestro periodismo tiene una historia gloriosa de la que presumir. Estamos en uno de nuestros peores momentos, pero los ha habido antes también. Hubo una época en que periodistas recibían sin escrúpulo un salario adicional de partidos políticos y se jactaban de ello. Hoy puede que lo reciban, pero no se jactan.

En todas sus épocas el periodismo puertorriqueño ha contado con periodistas excelentes que lo sostienen y mantienen la semilla viva. Siempre la excelencia es minoría, pero existe. Siempre los magníficos sobresalen. Esos puede que hoy no me agradezcan lo que escribo porque sienten la misma vergüenza ajena que yo siento. Pero esos también son los que nos van a sacar del hoyo. Porque el periodismo puertorriqueño siempre se pare a sí mismo.

Después de todo, no pedimos mucho. No pedimos un periodismo grandioso, colosal y extraordinario todos los días todos los días. Aspiramos sencillamente a lo básico: un periodismo informado, honesto y sensible para un mejor país.

  • mogwaipr

    El problema estriba en que desafortunadamente una prensa imparcial e inteligente no llega al lumpen que es el mercado meta de los poderes económicos que gobiernan, de manera que si la audiencia a la cual se quiere adoctrinar es bruta, entonces ¿cómo vas a tirarle perlas a los cerdos?
    La opinión pública de la clase instruida no determina elecciones. Somos casi el épsilon en una función matemática… completamente descartables.

  • Paladion

    Sra. Wilda Rodríguez, permítame felicitarle, ha escrito usted un artículo sumamente estimulante y clásico en su género.  No pudiera estar mejor escrito.  Con vuestra venia desearía, sumarle a su discurso una breve observación personal.  De entrada le advierto que no soy periodista ni nada que se le parezca, apenas soy un médico retirado únicamente versado en redactar historiales clínicos, aunque sí considero que me asiste el derecho democrático a expresar mis opiniones personales cuantas veces me viniere en ganas, incluso criticar lo que considere criticable en el ambiente político, económico etc., a sabiendas de que estoy fuera de mi charco, y de que lo hago convencido de que pudiere estar equivocado y de que debo además admitir mis errores.  

    En apoyo a dicho aserto le avanzo el siguiente episodio, referido a varias críticas que en el pasado reciente saliesen de mi pluma respecto de la actitud asumida entonces por la clase intelectual y periodista de mi país (República Dominicana), la cual parecía vendida hasta la coronilla al hábito inveterado de escribir a lo  “natural” cueste lo que cueste.   Naturalidad que parecía salida de la campiña inculta, olvidando ciertas  reglas del rico vocabulario y sintaxis cervantina, y, además asumiendo una postura totalmente afectada, no espontánea, aunque sí pedante en extremo y paradógicamente “anti-natural”.  

    Felizmente, el modismo parece haber caído en desuso.  Confío en que esta intervención nuestra, un tanto extemporánea, encaje en la temática vuestra.

  • Para una sociedad que considera que leer es un castigo, o un martirio insufrible que impone la escuela, no es de extrañar que los nunca-más que-practicantes eternos que componen su prensa sean igual de tarados que su audiencia. Sí, sueno pedante, pero la realidad de nuestra prensa y “el pueblo que sirven” es la que usted expone con escalpelo singular y que yo apoyo con martillo burdo. 

    Necesitamos más como usted, con la honestidad intelectual y rigidez ética para alzar el Cuarto Poder a eso mismo: poder. Me parece que hay varios más de su talla entre nosotros, pero separados no pueden lograr lo que podrían hacer juntos. Quizás esa es la tarea inmediata: unir los cualificados y mostrar con acciones y palabras el tipo de prensa que nos merecemos.

    Gracias por expresarse y por seguir haciéndolo.

  • Fatima Seda

    Pocas veces se puede medir el calibre de un escritor, pero en este ensayo se puede. ¿Cuál es el calibre de los rifles AK-47? Sólo dos cosas puedo añadir, como exilada del periodismo en Puerto Rico, que no me atrevo a llamar puertorriqueño. Estudié periodismo en la Universidad de Syracuse. Cuando regresé graduada, quizás habíamos tres personas con título oficial de periodista en Puerto Rico. Durante más de treinta años me dediqué a escribir para la prensa. Fui periodista de calle, jefa de redacción y editora. Fui empleada y creé empleos para otros. También pude practicar el delicado oficio del periodismo en otros países. En todos se ha dado y se está dando el fenómeno que describe Wilda Rodríguez. ¿Qué podemos hacer? 

    Lo que siempre ha hecho por instinto el público al que se ofende con la pobreza de lo que se escribe, ignorar al supuesto periodista de plano. Por otro lado, se puede escribir al editor, al jefe de redacción, advirtiéndole que se le sale el refajo. Esas cartas tienen un impacto terrible. Si bien el editor y el jefe de redacción no publicarán un aviso advirtiendo que les vieron la costura, por tu tiempo mejorarán su producto, no hay duda de eso. 

    El periodismo es cíclico y va con el ritmo de las olas sociales. Cuando exijamos que se hable y se publique de la crisis en España, por poner un ejemplo, y que se reserven las aventuras de los que pretenden bailar a cinco minutos de risa al final del medio, lo harán. Publican basura porque vende. Los medios publican para vender, porque cuesta publicar. Es tristísimo decirlo, pero es otra verdad. 

    Compremos entonces lo que tenga calidad. Hagamosle claro a los medios lo que queremos. No nos alejemos, acerquémonos, mejor aún, asediemos a los medios corruptos y no les demos tregua. Se puede.

    Uno de los principios cardinales del periodismo serio es la libertad. Los colegios, los gremios, los clubes, todos se tornan amiguistas y nepotistas, todos. Los mejores periodistas están realengos, se acercan lo menos posible a las salas de redacción, le pasan desapercibidos a los directores, a los editores. Sólo así sobreviven. La SDX, la fraternidad estadounidense compuesta por hombres y mujeres en el periodismo, publicó hace casi un siglo el canon de etica de esta profesión. Lo busco y se los envío. Es muy simple, quizás podemos enviarle una copia a quienes fundan y auto celebran instituciones de libertad periodística.

  • JOSE RIVERA-AVILES

    Quizás en vez de cocinar debería fundar una escuela de verdadero periodismo. Dale pensamiento, plis. A propósito, `urgar` es `hurgar`.

  • Rafael Rivera

    Ya no existe el verdadero periodidmo, en nuinguna parte de elo mundo, todo lo controlan o los partidos politicos o el gobierno totalitario o simplemente el gobierno. Ya la gente se ha dado cuenta y es por eso que fallecen la prensa, el periodismo y los llamados periodista.

  • En estos pagos todos/as– periodistas incluidos–, han sido complices de la destruccion no solo del billete: bancos, hipotecarias, tasadores, en colaboracion con ingenieros, arquitectos todos/as con un legado de cajones tipo lego de concreto el peor material imaginable por su caracteristica de absorver calor e irradiarlo en la noche como el UNICO, para vivienda/comercio i demas.   La ruina de la isla lograda en solo 6 decadas, no requiere mucho analisis no voy a decirs/escribir empirico o teorico, sino la tendencia cultural predominante de llamar macho al perro solo un poco despues de observar sus partes pubendas.

    Como boton una muestra.  El ridiculo articulo de postes destruidos, inclinados, corroidos listos para caerse en cualquier momento que el diario de los Rangel acaba de publicar…Ahora es que luego de seis decadas alguien los vio, considero que es un ‘issue’?

    El otro asunto, que sea caro poner de modo subterraneo el tendido electrico i algo dificil su manejo es la unica razon para no hacerlo? O es realmente la falta de talento intelectual?  I como entonces cuando imbecil existe habla de sustentatibilidad…

    Acaso alguien ha visto la increible dificultad de darle mantenimiento a los quijostescos aeolicos i las fotovoltaicas?  Hay que ser bien mamao para no ver lo complejo en la simpleza i viceversa. Por eso predico un nuevo registro i lectura de nuestra asquerosa, ruidosa, contaminada i soberepoblada isla donde su triste gente ‘se muere i morira de nada;!   

  • Vsrubenx

    Me es obligatorio resaltar que en la columna se olvidó incluir El Nuevo Día como prensa ideológica y amarillista.

  • Natalí González

    Estoy de
    acuerdo con la última frase de que la mayoría de los periodistas aspiramos a un
    periodismo informado, honesto y sensible, pero creo que, además, hay que
    aspirar a un periodismo de oportunidades. Hay algo que no me ha gustado nunca
    del gremio periodístico de Puerto Rico, (aunque sé que hay muchas excepciones):
    el amiguismo y el favoritismo rampante entre los propios periodistas, algo que
    también ocurre en otros sectores y que ha contribuido a la convenida decadencia
    de la sociedad puertorriqueña.

     

    Yo he sido
    una privilegiada dentro del ámbito del periodismo en Puerto Rico. Mis padres
    fueron periodistas en su momento y mi padre, concretamente, lo sigue siendo a
    media jornada. Ello no solo me ha permitido conocer a otros periodistas sino
    que me facilitó la entrada a trabajar en un periódico. Por un tiempo, tuve la
    dicha de empezar a labrarme una carrera en una profesión que me apasionaba (si
    he sido buena periodista o no, tendrán que preguntárselo a otros). Al final acabé
    por dejarlo y ahora me dedico a otra cosa. Pero ello no implicó que no me
    sintiese indignada al ver cómo otros de mis compañeros de la universidad veían
    sus aspiraciones periodísticas truncarse porque no eran hijos de ni conocían a
    nadie que pudiera abrirles aunque fuese una ventana al increíble mundo de la
    prensa.

    Y algunos eran excelentes, al menos desde mi punto de vista, pero veían
    sus artículos rechazados o peor aún no recibían respuesta alguna porque eran
    unos desconocidos. Esto ocurría especialmente entre ex compañeros míos que venían
    de clases bajas o de pueblos de la isla. Yo traté de ayudar algunos en lo que
    pude y mis gestiones, lamentablemente, no siempre fueron fructíferas.

    Como he dicho previamente me parece que un periodismo que aspire a ser informado, honesto y sensible debe aspirar, sobre todo,  a ser un periodismo de oportunidades,
    pues otra cosa que me causa tristeza es ver que también escasean los
    periodistas con discapacidad.

     

  • Cuqui Lugo

    Simple y llanamente, ese periodismo al que aspiras y aspiramos quienes nos respetamos como personas, no tiene cabida en esta sociedad. En una sociedad en la que se pretende respirar democracia poniendo como ejemplo a la nación en la que se repite hasta el cansancio como, un viejo “slogan”, que dice ser  “el paladín de la democracia” cuando es todo lo contrario, es muestra fehaciente de que algo anda muy mal por lo desinformado. Si existe un pueblo ignorante y totalmente desubicado de su realidad y lo que esta representa como nación, sobre lo que es un periodismo honesto, sencillo y promotor e informador de la verdad, ese es el pueblo norteamericano. Si existe un pueblo mucho más desubicado e ignorante que el pueblo de los Estados Unidos, ese es el pueblo de Puerto Rico; colonizado por colonizados que dicen ser libres.  ¡Qué jodida locura!

    ¡No existe posibilidad alguna de ese periodismo en esta sociedad! Para lograr ese tipo de periodismo en una sociedad como la nuestra el periodista debe ser un guerrillero urbano sin educación formal, con elevada inteligencia, de principios y valores humanos  e inspirado en el ideario de una verdad comprometida con la verdad como única razón de su existencia. Por eso, quienes dan el grado no están ni podrán ser parte de ese periodismo. No puede haber un periodismo profesional, honesto, competente en una nación como la nuestra porque es algo que va en contra de los principios que rigen esta sociedad; porque las propias escuelas y empresas de periodismo así no lo permiten. Por todo lo contrario, son los responsables de ese periodismo cínico sirviendo así al interés del poder.  

    Te felicito por tu honestidad, por tu genuino y claro verbo, y por que . 

  • José Felipe González Pabón

    Tal vez los periodistas debieran estar cobijados bajo una política similar a la libertad de Cátedra y Autonomía Universitaria y Permanencia. Podrían trabajar para la empresa privada o gubernamental, recibir un salario y asignaciones de historias a cubrir pero sin temor de que les fuercen a renunciar por diferencias con sus superiores y/o la línea editorial del periódico o medio. Su ejecutoria sería evaluada por una Comisión independiente de periodistas sin ataduras a ningún periódico o partido. No es esa la utopía deseada: total y absoluta independencia de criterio y de posibles represalias de parte del patrono? O quizás es que el mundo del periodismo es como el resto del mundo para todos los mortales que trabajan: Un mundo en el cual todo el tiempo hay que estar barajando las exigencias del dilema inevitable del soy yo o complazco a los demás. O a lo mejor la solución está en que los periodistas trabajen y sean pagados por un consorcio u ocupación que no guarde relación con los medios y que tenga la función de vender las historias a los medios y que estos decidan si desean o no comprarlas. No es algo similar a eso lo que el Centro de Periodismo Investigativo hace en su modo de operar? . Quizás no es simplemente un asunto de verticalidad y entereza ética sino de impedir que el medio elija como quiere cubrir la noticia y de que no tenga ingerencia en la edición del contenido de la noticia. Los patronos(editores de periódicos serían exclusivamente compradores de la producción noticiosa de cualquier tema y el organismo independiente que emplea periodistas viviría de los honorarios recibidos de los medios). No sería deseable abrir la discusión y debate a esa posibilidad o posibilidades similares?

    • José Felipe González Pabón

      Debe decir: injerencia.

  • Mariecel Maldonado

    Excelente articulo, Wilda.  Como no recordar César Andreu Iglesias y hasta a  Severo Colbergcon sus educativas y esclarecedoras columnas?  Fueron parte de mi formación cuando los leía en el Imparcial de entonces.  También a Ramón Arbona y otros que ya no están con nosotros pero que nos siguen aleccionando con sus análisis agudos y perdurables.

  • Llevo años criticando los medios periodísticos desde la perspectiva de un consumidor. Este escrito resume lo que siento. Muy bueno. 

    En especial me gustó la parte que señala el elitismo. Algunos periodistas creen que por tener un título de una universidad son mejores que otros y que los ciudadanos comunes y corrientes pero con deseo de compartir la verdad no pueden hacerlo también. Creen que solo ellos pueden ser periodistas y nadie más porque al periodista lo hace un diploma.

    Desde hoy este ensayo pasa a ser uno de mi colección de favoritos.

    Adelante y éxito. 

  • Tommysandsgolf Tf

    Creo que hubo uno muy bueno, para los años 70 de nombre Manuel Mendez Ballester. Su Hijo tambien escribia. No recuerdo de momento el nombre de otro que tenia una columna de viajes y ponia a soñar al lector, muy buenos. De acuerdo.

  • Excelente

  • Castrodad Drjose

    Me encantaria una discusion sobre los duenos de medios y el corporacionismo. En principio estos ‘periodistas/inversionistas’ adquieren medios de prensa como una manera de proteger sus inversiones en otras corporaciones. Preguntense si los duenos de periodicos de aqui generan grandes tajadas de dinero como inverssionistas en corporaciones ajenas al periodismo. Por ello, insisto en que la pensa ya no es una herramienta de la Democracia sino del Capitalismo. Las noticias son el producto de venta como es la pasta de dientes para Procter and Gamble. De ahi el sensacionalismo, le mercadeo, el protagonismo y la mediocridad.
    Gracias Wilda, como siempre, tremenda.

    • Marioramosmendez

      Excelente observación. Saludos.

  • Luis Fernando (Peri) Coss

    Mi querida Wilda:
    UN DIARIO AMABLE pasó sin pena ni gloria entre la prensa puertorriqueña. Ni radio ni prensa escrita ni digital prestaron atención ni cumplieron su función de informar el estreno de este documental en el 2009. El Nuevo Día censuró el proyecto de investigación al punto que doblegó la voluntad de terceros, impidiendo su exhibición en distintas partes de Puerto Rico. Ahora cobra vigencia para El Vocero y ocupa su portada durante un día completo.  Plato de segunda mesa, digamos. Pero en honor a la verdad, la pieza sería parte de nuestro acervo crítico-cultural si nos imponemos estos nuevos niveles de crítica y auto-crítica que sugieres. Es a eso a lo que me he dedicado en los últimos años, así como tantos otros colegas.

    En su presentación, a propósito de su primer aniversario decíamos lo siguiente sobre UN DIARIO AMABLE:
    Pocas semanas después del estreno de UN DIARIO AMABLE fue despedido Mauricio Gallardo, entonces director de El Nuevo Día.
    Gallardo representaba lo peor de las estrategias corporativas, es
    decir, aquellas medidas que comprometen al periodismo contemporáneo con
    la codicia y las rutinas del mercado en menoscabo de los intereses de la
    gente y sus esperanzas más nobles. Sí, el colonialismo gran corporativo
    sufrió un duró revés.

    UN DIARIO AMABLE reivindicó a los
    periodistas en un sentido muy importante. Por primera vez, desde un
    lugar tan influyente como la televisión, se emplazó al poder empresarial
    que existe detrás de la prensa y se le responsabilizó por su
    decadencia.

    Además, mucha gente abrió los ojos al
    problema del control monopólico de los medios, a la problemática de la
    banalización, al potencial que tienen las nuevas tecnologías para el
    desarrollo de un nuevo periodismo.

    Gracias Wilda por ser y estar!!!! [Vea la pieza aquí]
    http://www.80grados.net/un-diario-amable-el-documental/

  • Pedro Cot

    Magnifico articulo.  Quisiera saber que dias sale publicada la columna de Doña Wilda Rodriguez en el Nuevo Dia.  Ojeo el periodico diariamente y no la he notado.  Si este articulo es una muestra de  su intelecto y capacidad quiero leer las proximas columna.  Felicito a a 80 grados por tener personas de este calibre en su ‘staff’.

  • Marioramosmendez

    Desde niño he oído todas éstas quejas sobre el periodismo en Puerto Rico. Todas son ciertas. Sin embargo, lo más triste es tener como principal periódico a una gruesa gacetilla multidisciplinaria e ideológicamente y paralelamente uniforme que, a su vez, promueve en Puerto Rico “los hábitos enloquecidos de consumo”.

    • Ivonne Acosta Lespier

       Peor, mucho peor, es que haya un periódico que se anuncia como ejemplo de la libertad de expresión y de prensa (con nuestro dinero) y se publica de gratis gracias a la ayuda del Gobierno para el cual sirve de “vocero”.

      • Carlos

        Peor, mucho peor, mucho mucho peor, es tener un periodico dictando politica publica, solo para satisfacer los intereses particulares de un grupo empresarial, que no fue elegido por el pueblo y que a su vez, tienen contratos millonarios con elgobierno de Puerto Rico. Esto debe denunciarse a “primera hora” del “nuevo dia” que comienza manana.

  • Benjamín Torres Gotay

    Gracias Wilda por poner el dedo en una llaga dolorosa y supurante, de manera justa y honesta. Todo, todo, todo lo que dices lo veo a diario. Pero también veo a otros que, contra la embestida de la mediocridad, la superficialidad, la ignorancia, el oportunismo y el faranduleo, dan la batalla por un mejor periodismo que, a fin de cuentas, y sin ir más, es también un mejor país. A esos últimos son los que recordaremos después. Los primeros se apagan solitos. De hecho, ya se están apagando. Un abrazo. 

    • “…siempre he tenido sentimientos encontrados entre las ventajas gremiales versus el elitismo de un oficio que era mucho más eficiente cuando lo ejercían los que tenían los recursos intelectuales para hacerlo” [Los que tú llamas “los otros”…] Chúpate esa…

    • Manuel Domenech

      Gracias, Benjamín, por tus excelentes columnas en El Nuevo Día. Eres ejemplo de todo lo bueno que dice Wilda.

    • Carlos

      El Nuevo Dia y Primera Hora son la bandera de la prensa amarillista en Puerto Rico. Mas aun cuando sus propietarios son duenos de otros negocios externos al periodismo, lo cual compromete grandemente su linea editorial. Pero bueno, la gente ve solo lo que le conviene y rara vez aceptan ver los hechos evidentes, mas aun, si son empleados de esos periodicos. A esos periodistas se les nota la costura y pierden credibilidad solitos.

  • Claudio Raúl Cruz Núñez

    Saludos Wilda.

    Hace tiempo que se necesitaba alguien del medio que dijera la verdad sobre este periodismo de pacotilla que se practica en P.R.  Basura de noticias, mediocres con micrófono.  Gente que no lee, no se ilustra.  Escuelas de comunicación graduando infelices, que no saben acentuar y les incomoda leer 25 páginas.  También tenemos a los periodistas anclas, anclas de qué, monigotes que no saben meterle mano a un político arrogante y “malcriao” como el presidente del Senado.  Por otro lado tenemos a una Carmen Jové que le da un trato de reyezuelo a este personaje, pero no sin antes arrastrarse, someterse al silencio por no incomodar al infame.  Otros haciendo anuncios de firmas comerciales. ¿Cómo es posible?

    Gracias por abrir las puertas de la cloaca.

  • Excelente artículo, pero no debería generalizar. Por ejemplo en Colombia hay periodistas inmensos, más allá de García Márquez y no son pocos. Son gente que reúne todas las características que describe magistralmente en su escrito. Lamentablemente en Puerto Rico la realidad es otra.  No debemos dejar que la mentalidad insular nos haga pensar que Puerto Rico es un reflejo de América Latina. Hay que mirar más allá. México, Argentina, Uruguay, España están llenos de grandes periodistas que dan cátedra.

  • Angel

    Esto para mi es una clase de periodismo. Directa y sencilla. Mas no puedo pedir,solo darles las gracias,Adelante!

  • LillianC

    Wilda, te felicito por este artículo sobre el periodismo actual en Puerto Rico, escrito con toda la autoridad que te concede el haber aprendido desde muy temprano en tu carrera a distinguir entre el periodismo de excelencia y el de pacotilla, el periodismo responsable y valiente y el acomodaticio capaz de venderse al mejor postor. Eres un orgullo para tu país, tu profesión y tus maestros. CMC no hubiera esperado menos de tí.

  • Wilda, mi pueblo se muere y esta vez no es de nada como dijo Palés, es de excesos.  Excesos en demasía.  No son los periodistas los únicos que van detrás de lo fácil, de lo vanal o de lo inconsecuente; son los abogados, los ingenieros y los banqueros; los del punto y los del residencial, los de la urbanización cerrada pasando por los de Puerto Nuevo  y los de Baranquitas. Mi gente, andamos dando tumbos de aquí pa allá y de allá para acá sin brújula interna que nos guíe. Estamos en el la-la-land, o en vail-colorado sindrome o en la nota dependiendo de nuestro poder adquisitivo o del estatus simbol que nos motive.  Pero debemos apostar a que saldremos de esto porque entre la burundanga que vivimos, todavía hay espacios de cordura y voces que apelan a nuestra consciencia.  La tuya es una, adelante.  

  • Sandra Rodríguez Cotto

    !Bravo! o mejor dicho, brava. Ya es hora de la autocrítica.

  • Manuel Domenech

    Hace varios años, más específicamente entre las décadas de 1970 al 1980, buscaba entre las páginas amarillentas de La Democracia y la Correspondencia de Puerto Rico noticias sobre el tema Iglesia y Estado en las primeras tres décadas del siglo XX. No podía dejar de leer otras noticias no tan clericales, especialmente escritas en un estilo que motivaba la lectura como si fuera un escrito de García Márquez en sus años de periodista (Cuando era feliz e indocumentado). Recuerdo una que fotocopié en aquel papel de espanto que a los pocos meses se borraba porque era sensitivo a la luz. ¿Luz en Puerto Rico?, ¡qué va! La memoria es a veces como ese papel, pero el relato me caló tanto que aun lo recuerdo. A pesar de haber perdido la fotocopia y haber olvidado el año, el autor de la noticia y el periódico donde salió, no la olvido.  
    Un norteamericano tuvo la genial idea de traer búfalos a Puerto Rico para cruzarlo con el ganado cimarrón nuestro. Y digo genial porque con los criterios actuales era un hombre de avanzada. Era para producir carne. El barco que trajo los animales atracó en el viejo San Juan que no era en ese momento el viejo San Juan, sino San Juan, ciudad habitada con gente común y corriente, con tiendas con un comercio pujante donde había de todo. Era una tarde, eso sí recuerdo. Las bestias salieron del barco y al olfatear el Caribe, el olor a mar, a especias, a mujeres y hombres de otro hablar y olor se revolcaron y escaparon por los adoquines de San Juan. Corrían despavoridas, pero más despavoridos corrían las mujeres y hombres, las mujeres agarrándose las faldas y unos policías sudorosos con uniformes de lana disparándole a los animales que seguían más enfurecidos por las calles. Los comercios cerraban. Recuerdo que un señor leía plácidamente el periódico en la la Plaza de Colón y cuando lo baja tiene frente así una de esas bestias que lo miraba. El hombre se trepó en la estatua del Almirante. 
    Regresó la policía con balas blindadas que lograron su propósito. No hubo protesta de la Sociedad de Animales porque me imagino que no la había. Me quedé pensando en esa historia y me imaginé que aquella plena nuestra que dicen que vieron al diablo como un animal de yarda y media de rabo tuvo algo de verdad. 
    Si alguien encuentra la noticia, por favor, envíenla a 80 grados.

  • Luis Rivera Pagán

    El día que en
    Puerto Rico se dedica al periodista es el 31 de julio, en recordación al
    natalicio de César Andreu Iglesias. Si algo caracterizó a César Andreu Iglesias
    fue su aguda e inteligente escritura crítica. Nunca se ocultó cómodamente bajo
    el escudo de la alegada “neutralidad” u “objetividad”. Con mucho dominio literario de la
    escritura, no temía usar su pluma para defender lo que consideraba meritorio y
    criticar lo que estimaba censurable. Además de llevarle una ofrenda floral a su
    nicho, los periodistas puertorriqueños deben recordar, celebrar y
    emular su práctica periodística.

  • Sandrrcandela

    Me pareció buenisimo! Yo no soy periodista ni escritora pero ya habia advertido algo de lo escrito

  • Julio V. Núñez

    Gracias por esto Wilda. ¡Cátedra!

  • Ivonne Acosta Lespier

    Muy bueno y estoy de acuerdo contigo.
    Se te quedó el asunto de los “periodistas” que hacen pausas para ellos mismos leer anuncios comerciales de diversos productos. Para mí eso es totalmente inaceptable en un periodista que quiera que se le respete.
    En cuanto a las entrevistas, pienso que otra razón por la cual algunos dejan pasar lo que dicen sus entrevistados aunque sea mentira (aparte de no haber hecho la investigación necesaria como señalas) es sencillamente la cobardía.

  • @pizarrojesus

    Excelente!

  • Manolo Coss

    Ah Wilda! me recuerdas la leyenda romana que narra que Julio César montaba un esclavo en su carroza durante los fastuosos desfiles que le organizaban. La misión del sirviente era recordarle que no era un Dios.

    Esta es una advertencia importante, una provocación necesaria y puntual. sabes que hemos discutido estos temas hasta cerrar la S de Las Tías, así que gracias por la invitación, ¡que se arme el debate!

    • Wilda Rodriguez

      Ay, Manolete. Creo que es hora de que la ASPPRO auspicie este debate. ¿Te acuerdas de los talleres de instrospección?

      • Delia Rivera

        Saludos. Creo que el debate es urgente porque si mala es la mediocridad, peor es la complicidad cuando se avala lo que a sabiendas se sabe que lo que se vende como periodismo no es lo que necesita el país para crecer. La falta de recursos intelectuales que tocaste es clave y la falta de orgullo y dignidad profesional también. Hay muchos reporteras y reporteros que se llaman periodistas porque trabajan en  algún medio poderoso, pero si se les pregunta sobre un ángulo distinto del mismo tema que cubren no saben. Tampoco tienen el hábito de lectura. No se leen ni ellos mismos por eso cometen los mismos errores, aunque día tras día se les edite. Así, la falta de vocabulario, los disparates, el desconocimiento histórico que impide preguntas inteligentes y la falta de profundidad abunda, sólo por decir lo más básico. Repiten sin cuestionar y se convierten en voceros del entrevistado. La pobreza intelectual, por un lado, y la aparente ignorancia de lo que realmente es el periodismo y su función en la sociedad, contribuyen a que estemos hundiéndonos en la livianidad y el conformismo. Escribir light y colorido, esa es la consigna. La máxima es el entretenimiento, como dice Vargas Llosa en La civilización del espectáculo.  Pero a las empresas periodísticas les encanta este tipo de profesional, porque el ignorante no cuestiona, no critica, es manipulable y así le sirve bien a sus intereses, que no necesariamente es fortalecer el juicio crítico y la capacidad de discernimiento. La introspección es vital por el periodismo y por el país.